Keblinger

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| martes, 16 de octubre de 2012




Dulce inocencia - Cosas del destino.

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| jueves, 11 de octubre de 2012
Diclaimer: Los personajes son de Meyer y lo que NO conozcan, me pertenece.

Summary: Edward Cullen es uno de los hombres más adinerados de América y el Reino unido. Es orgulloso, egocéntrico y arrogante. Una noche conocerá a Bella Swan, una simple chica neoyorkina que volverá su perfecto mundo de cabezas.

Dulce inocencia.


Epov.

Era una noche bastante fría en Nueva York, decidí salir solo para calmar esta ansiedad que me estaba matando lentamente, así que me escape de la seguridad que ahora más que nunca permanecía a mi lado.

Eran alrededor de las 12 de la noche de un domingo por lo que supuse que la autopista estaría algo vacía y así fue.

Rece para que algún lugar estuviese abierto a estas horas.

No tarde mucho, tal vez unos 10 minutos desde mi departamento hasta una pequeña tienda cercana. Tome mi chaqueta y me adentre al lugar que estaba más frio de lo que pensé, la muchacha que estaba detrás del mostrador no dejaba de mirarme, definitivamente sabia quien era yo.

Decidí solo tomar lo que necesitaba y llegue a la zona donde estaban los cigarrillos y tome una caja, saque uno solo y con un encendedor lo encendí. Había un letrero que decía que estaba prohibido fumar en el lugar pero eso a mí no me importaba un carajo. De verdad necesitaba fumarme tan solo uno de esos cigarros.

Debo admitir que hace años deje mi adicción a estas cosas pero solo fumaba, al menos uno que otro cigarro cuando de veras lo necesitaba y por cómo me trato esta semana era urgente que me fumara al menos uno.

Dos corporaciones importantes fusionadas presentaban una gran amenaza para la mía, habían sido casi doce días de una gran carga llevada en mis hombros, una carga que además de preocupar a millones de empresarios mundiales también preocupaba al más importante para mí. Papeleos, transacciones, amenazas constantes que no solo preocupaban a mis familiares si no a los familiares de mis empresarios, alzas y decaídas en la bolsa de valores internacional por cada paso y decisión que tomaba con estas dos empresas importantes para al final darle de baja a ambas, haciéndome dueño y señor de lo que en realidad ha representado un gran reto para mí. Hasta ahora…

El humo que salía de mi boca me provocaba un alivio infinito, es como si todo el peso de mis hombros que estaba cargando y que poco a poco me consumía, se desprendiera y se elevara para nunca volver. Aspire del cigarro y de nuevo lo lleve a mi boca, cerrando mis ojos al hacer lo mismo un montón de veces más.

Escuche la puerta del lugar abrirse y luego cerrarse con una familiar campanilla sonar. Y abrí mis ojos de golpe y observe desde donde estaba a una chica de cabellos castaños, algo baja de estatura, entrar. 

Camino derecho hasta que la perdí de vista por las secciones de la pequeña tienda, mi curiosidad salió a flote y me pregunte qué haría una chica como ella en un lugar como este un domingo por la noche porque, en realidad, nadie sale tan tarde de su casa un domingo por la noche y mucho menos sabiendo lo peligroso que puede ser Nueva York.

Recorrí los mismos lugares que ella y la observe en como trataba de tomar una bolsa de pan de una estantería alta, me acerque a ella para ayudarla, después de todo no vendría mal ayudar a una simple y bajita chica. Lo tomaría como mi buena acción de la semana.

Tire el cigarro al suelo y lo pise para apagarlo por completo.

Ella maldecía por no poder alcanzar lo que tanto quería, yo reí bajito por sus fracasados intentos, así que me estire un poco y tome la bolsa de pan sin hacer esfuerzo alguno, tratando de ayudarla o algo así.

Los ángeles de verdad existen. Creo que Carlisle tiene razón.

La chica voltio y me miro, vaya que era hermosa, frunció el ceño y hablo molesta. – ¡Oiga! Yo llegue primero. – Me quito la bolsa de las manos con brusquedad. – Si me disculpas.

Se retiro dándome la espalda.

No sé porqué pero yo tenía una sonrisa de pendejo en el rostro. Me acerque a ella igualando su paso. – ¡Hey! Lo siento, solo trataba de ayudarte, yo solo venia por esto. – Le señale mi caja de cigarros y ella se sonrojo de inmediato. Me gusto ese gesto.

–Entonces gracias. – Murmuro y continúo caminando.

¿Acaso no sabía quién soy?

Se acerco a la caja y pago la bolsa de panes que llevaba en la mano.

Luego, yo hice lo mismo como un tonto, la chica del mostrador no dejaba de mirarme y para mi gusto era demasiado lenta. – Quédate con el cambio. – Dije exasperado dejándole sobre la mesa un billete de cincuenta dólares. ¿Qué? No tenía menos.

Apurado salí del lugar y cuando la alcance, ella estaba en la acera pidiendo un taxi con la mano y como esto es Nueva York, creo que iba a tardar un poco. Además ya era muy tarde.

Sonreí.

– ¿Eres muy poco cortés, sabes? – Le dije cuando ya estaba a su lado.

Se rasco la cabeza con frustración y se volvió para verme. – Si, gracias. – Dijo con ironía mientras intentaba aun, sin éxito alguno conseguir un taxi.

Reí por su tono de voz. – No quiero tu agradecimiento. –Insistí. Me miro enarcando una ceja y sentí que mi pecho se contraía mientras me regalaba una de esas miradas asesinas. – Quiero una disculpa.

Ella empezó a carcajearse y coloco una mano en su cintura, aún molesta. – Y según tú… ¿Por qué debería disculparme?

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| martes, 12 de junio de 2012

Todos los derechos reservados.

CU - El silencio siempre advierte los peores estallidos.

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| miércoles, 16 de mayo de 2012
Bpov.


Lo primero que vi cuando abri la puerta fue la cara de Alice.

- Tu madre va a matarte.

- ¡ISABELLA! - Esa era Renee.

Mire a Alice que solo estaba ahí, mirandome. Mi corazon latia deprisa, demasiado deprisa pero no le dije nada a ella.

- ¡BELLAAAAA! - De nuevo mi madre.

Camine a las escaleras pero cuando quise pisar el escalon, una mano me detuvo. Me gire. - ¿qué quieres?

- ¿Donde estabas?

Mire a Damon que estaba a sus espaldas.

Ese soplon.

- Por ahí - Simplemente conteste.

Mi madre arqueo una ceja. - ¿Por ahí?

Asenti con la cabeza y mire su agarre en mi mano que ya me estaba haciendo daño. - ¿Puedes soltarme? Gracias.

Ella lo hizo de inmediato.

- ¿Quien te trajo?

Me encogi de hombros. - alguien.

Ella abrio los ojos. Los abrio mucho. - ¿Alguien?

- mira mama, estoy bien. ¿Lo ves? - Ella me miro de arriba abajo. - Ahora, ¿Puedo ir a mi habitacion?

Me gire para seguir con mi camino a la habitacion. Cuando estuve por fin fuera de las escaleras mi mama hablo de nuevo: - Edward vino a verte esta tarde.

Me congele. Mis piernas flaquearon un poco pero no me movi.

- ¿No es cierto Damon? ¿Alice?

Mi corazon latia demasiado a prisa.

- A si es señora Swan.

Ese fue Damon, su voz era contenida, poco segura o ¿Enojada? Tome una gran bocanada de aire y cerré los ojos Esperando por la respuesta de Alice, una respuesta que jamás llego.

- Que bien mamá. - Simplemente dije con un hilo de voz y Corrí a mi habitación cerrando la puerta con fuerza para derrumbarme, una vez más, contra la pared.

---

El sábado por la mañana mi casa estaba hecha un caos, lo sabía porque podía escuchar a mi madre ladrar ordenes desde el jardín. Me asome a la ventana de mi habitación y vi a muchísimas personas colocando mesas, flores, un escenario, iluminación y cosas así.

Damon estaba sin camisa, lo observe por mucho tiempo, no sé cuánto. El era demasiado guapo y él lo sabía. Por un momento su mirada se encontró con la mía y abrí la boca. Me sonrió y me dijo hola con su mano, yo, mientras tanto, le fruncí el ceño por repelente y tape la ventana con las cortinas.

Me di la vuelta y algo llamo mi atención. Era un vestido, un vestido blanco, un vestido blanco y hermoso, un vestido corto pero que tapaba lo suficiente, un vestido que estaba perfectamente colgado sobre una silla, Sobre el vestido estaban unos zapatos, unos zapatos hermosos, plateados con brillos por todas partes y al lado de ellos estaba una cadenita, una cadena simple con solo una piedra. Lo observe por unos minutos tratando de descifrar el motivo por el que eso estuviese ahí y lo supe.

Ese no era el vestido que yo había elegido.

Alguien toco mi puerta, era la empleada.

-Buenos días señorita Swan.

-Buenos días. – La mire, ella entraba con el desayuno sobre sus brazos y lo dejo sobre mi tocador, antes de que se marchara la detuve. - ¿Sabes de esto? – Señale el vestido y todo lo que estaba a su lado.

Ella negó con la cabeza, negó con la cabeza de la forma en cómo lo hacen los demás cuando saben que deben ocultarme algo. Lo sabía…

-Si, si lo sabes y me lo vas a decir ahora mismo. – Ella volvió a negar con la cabeza, nerviosa. - ¡Es una orden!

Ella no dijo nada, y eso hizo que me enojara más. Baje las escaleras a toda prisa, atravesando el comedor y dirigiéndome al jardín. Ensucie mis pies ya que estaba descalza, Damon me tapo la entrada.

-Hoy es una hermosa mañana ¿No lo cree señorita Swan?

Lo mire molesta. – No me molestes.

Estaba sudado, estaba casi hecho agua y eso lo hacía ver más guapo pero aun así seguía siendo irritante.

-Oh vamos, al menos salude.

Rodee los ojos. - ¿Dónde está mi madre?

El miro atreves de su hombro. – No le diré si al menos primero no me saluda.

-Hola. – Le respondí con Ironía. - ¿Mi madre?

El sonrió, cuanto odiaba que se saliera con la suya. -Allá atrás.

Camine por su lado para ir a donde estaba mi madre, estaba hablando con unos hombres que también estaban sudados y sin camisa…. ¡Que asco!

-Ni creas que me pondré ese vestido. – Escupí una vez la vi.

Estaba demasiado enojada con ella, no podía creer que se había atrevido a hacerme eso.

Ella se giro para verme. - ¿Disculpa?

-No es mi vestido, no me lo voy a poner.

Ella se acerco a mí. – Pero hija, ese vestido es precioso.

Cruce mis brazos sobre mi pecho. – Pero no más hermoso que el que yo misma escogí.

Mi madre hizo una mueca, una mueca que no supe leer. – Hija, vamos, lo escogimos tu padre y yo para ti.

-¡Pero yo ya había escogido mi vestido mama!

Renee suspiro e inclino la cabeza, su tono de voz cambio de repente. – Es ese vestido o nada, tú eliges… No quiero ser yo quien tenga que tomar la decisión de dejar a mi propia hija por fuera del evento.

Y en ese momento planee un millón de formas de matarla, la odiaba. Siempre lo hice, simplemente que ahora lo hacía más que ayer y que todos los días. Mordí mi lengua para no maldecirla, no enfrente de todas estas personas. Mi respiración se hizo pesada y la mire por unos momentos mientras que ella intentaba también mantener mi mirada.

Le regale una sonrisa irónica cuando me di cuenta que no importaba lo que yo opinara, yo nunca tendría importancia en esta familia.

-Bien. – Y me gire sobre mis talones para ir directo a cualquier lugar donde no estuviese ni escuchara la voz de mama.

A lo lejos vi como Damon hablaba con alguien o con alguienes… eran varias personas pero solo me percate de quienes eran cuando Damon se giro para verme y sonreírme.

Era un imbécil, pero él no era lo peor, lo peor era quienes lo acompañaban. Tome mucho aire antes de pasar por sus lados.

-¡Bella, Bellita! ¿No nos piensas saludar? – La horrible y chillona voz de Jane. Me gire hacia donde ella regalándole un 'Hola' mudo, me volví a girar para seguir con mi camino.

- Venimos a ayudar a tu madre. – Esa era la voz de Victoria. – Eso solo si lo quieres saber.

La mire, con una ceja levantada. – Gracias Victoria, gracias por el dato que a nadie le importa.

-¿Alguien se levanto con el pie izquierdo esta mañana? O ¿Solo te llego la menstruación?

Estúpida y patética. Esa era la manera en la que siempre quería verla.

-Ves a ayudar a Renee… O a Damon, ya que veo que es lo único que haces. Cuidado y te partes una uña, cariño. – Y me fui. No podía estar otro segundo ahí.

Mi diosa interior salto de alegría cuando escuche la risa de algunas personas. Estúpida y patética, esa era la forma en la que siempre quería verla…

Termine de arreglarme y tome una bocanada de aire, me había puesto el collar que me habían dejado al lado del vestido y los zapatos. Me mire por última vez en el espejo y me eche un poco de perfume, del perfume que sabía que le gustaba a Edward.

Baje las escaleras y fui a la planta baja, vi como todo estaba hermosamente iluminado, tenía que reconocer el gran trabajo de Renee, hoy todo estaba perfecto, solo esperaba que todo saliera perfecto.

-hija, que hermosa te ves.

Le sonreí a mi padre. – Gracias papa, tu también te ves muy guapo. – El me sonrió devuelta y me dio un beso en la mejilla, lo note inquieto. - ¿Nervioso?

El asintió con la cabeza sin dejar de sonreírme. –Mucho ¿Se nota?

Me encogí de hombros. – No, pero solo porque estas guapo.

-¿Entonces no soy guapo todo el tiempo?

Yo soy tuyo...

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| domingo, 29 de enero de 2012

RobstenSex

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Fuente: Tumblr. 
 

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