Keblinger

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CU - PROLOGO

| viernes, 11 de marzo de 2011

Cheap universe.

Diclaimer: Los personajes son de Meyer, me base en la historia de Greta de la serie de MTV niñas mal y en la canción cheap universe de V for volumen.

Summary: Bella es una chica millonaria, pudorosa y sujeta a las reglas. En su aniversario número 3 ella descubrirá que su actual novio: Edward Cullen le es infiel, después de esto Bella descubrirá en ella un alter ego transgresor y todo para vengarse.


Prologo.

Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, el más hondo… el más injusto. Pasé mi vida amando a un hombre que siempre me tuvo pero a la larga yo nunca lo tuve y ahora que trato de olvidarlo no me deja hacerlo ya que nunca quise necesitarlo...porque nunca pude tenerlo.

¡Ja! Demasiado tarde para eso.

Bpov

Caminaba por las calles para llegar al instituto, no tenía mi auto conmigo por lo que debía irme caminando; me subí el chaleco para cubrirme de la lluvia que ya empezaba a caer. No aligere mi paso, la verdad me daba igual.

Mojarme o no mojarme, era lo mismo.

Siempre lo mismo, la misma rutina de cada día. Ya saben, ir al instituto, sentarme allí a escuchar las clases y luego regresar a casa para seguir estudiando. ¿Ilógico, no?

Cuando al fin llegue adentro, me dirigí a mi casillero para guardar mis cosas, me seque un poco por la lluvia y me quede viendo el pasillo que ahora estaba bastante lleno.
Suspire.

 – Mi último año. – Dije para mí misma mientras mordía de mi labio, saque mi libro de historia y cerré mi casillero con una gran fuerza, de esas que ni yo misma sabía que poseía.
Se podría decir que yo tenía todo en esta vida, pero ¿Por qué me sentía tan vacía? ¡Lo tenía todo! Estaban mis amigas, mis padres, dinero, poder y estaba Edward.

Oh, mi Edward.

Nuestra relación en si era perfecta, somos novios desde siempre y no me quejo, yo lo amo pero hay veces que siento que no está conmigo cuando más lo necesito ya que por lo general está ocupado siguiendo los pasos de su padre o algo. Mantenemos una relación casta, ya saben sin sexo, tampoco me quejo de eso porque la verdad así es mejor, él muchas veces me decía que prefería mantenerme, conservarme como la madre de sus hijos y su futura esposa. Y yo, le creo.

Ser castos era algo que nuestras familias siempre nos habían inculcado."Nada antes del matrimonio" Me recuerda a cada momento mi madre, y yo siempre le he hecho caso, además perder mi virginidad es algo que siempre me ha dado temor y es algo con lo que sueño de una manera… ¿Perfecta?. Sé que la perderé con Edward y hay veces que él ha querido tener relaciones conmigo pero siempre he dejado claro los límites y él como un buen caballero los ha respetado.

Mis padres son una familia muy adinerada y desde que tengo uso de razón estoy comprometida con Edward Cullen, un acuerdo mutuo entre ambas familias para conservar su dinero, debo admitir que al comienzo fue algo por conveniencia pero luego se volvió costumbre para finalmente ser amor.

Nunca le he contradicho en algo a mi padre y en este caso nunca lo hare, porque he estado enamorada de Edward desde que lo conocí aquella vez en esa cena de beneficencia a la que mi padre me obligo a ir y según Edward también se enamoro de mi desde ese día.

Fue amor a primera vista.

…Creo.

El es guapo, millonario, deportista y bastante distinguido y sin mencionar que es un buen novio, en cambio yo… Una chica sin gracia, impopular y para mí y muchas chicas del instituto no soy lo bastante guapa para Edward y que el algún día se aburrirá de mi, aunque yo sea millonaria tanto o más que él hay veces que creo que está conmigo por conveniencias sociales.

Si, díganme emo o algo así, pero es que perderlo no es un lujo que me pueda dar. Mis padres me dicen todo el tiempo que soy la chica de 17 años más guapa de todo este planeta y que si mi padre tuviera la edad de Edward me pediría en matrimonio, también dicen que Edward Cullen es el chico con mas suerte de todo Forks por tenerme a mí como su compañera sentimental pero aunque ellos quieran pintarme un mundo perfecto donde yo soy un princesa y Edward mi príncipe yo sé que no es así, porque yo no soy ni una princesa ni Edward es un príncipe. Vamos soy realista y yo lo veo así.

Mis amigas me dicen que no escuche las malas lenguas porque estas solo me quieren hacer daño, pero ¿Cómo no hacerles caso si siempre decían cosas que podrían ser reales?

Negué con la cabeza para quitar cualquier pensamiento como ese y pensar en cosas mejores.

Alguien a mi espalda beso mi cuello.

Suspire. Era Edward.

Él como siempre dulce y lindo conmigo, hoy cumplíamos tres años de noviazgo y era perfecto. Debo admitir que desde que aceptamos nuestro noviazgo a los medios, hubo muchas habladurías sobre el tema. No me importan pero si me duelen, muchos chismes, acosos y malas lenguas sobre Edward y sobre mí pero yo confió plenamente en él y él en mí aunque yo soy más de esa clase de chicas… Ya saben, con clase.

Nunca he estado con otros hombres a solas y siempre muestro lo justo, lo que me había enseñado mi madre: Era una señorita y tenía que vestirme como una.
¿Saben lo que es ser la novia del chico más guapo y adinerado de Forks? ¿Del chico mas distinguido y futuro heredero de todas las empresas Cullen del país? ¿De aquel chico guapo, ojos verdes, pelo cobrizo y jugador de polo? Sí, yo era la envidia de todo este pueblo, me odian y me envidian, trataban de ponerme celosa pero yo no soy de esas chicas.

Me volví para ver a Edward y le regale una sonrisa, el me beso y musito sobre mis labios un: - Feliz aniversario.

Le sonreí - Mis padres harán una cena esta noche, están muy felices porque sigamos juntos y tienes que venir, ya mis padres invitaron a los tuyos y estará toda la familia reunida.
Puso mala cara y me robo otro beso. -Yo estaba pensando en algo mejor –Hizo un puchero todo sexy. - Pero bueno, hay estaré. ¿A qué hora?

-A las ocho en punto y no llegues tarde. Sabes que a mi padre le molesta. - Le dije dándole golpecitos a su pecho antes de irme a mi clase ya que el timbre había empezado a sonar.

-¡Hey! – Me llamo, yo me volví para verlo y el corrió hacia mí. – Te traje algo. – Detrás de su espalda saco una rosa y me la tendió, yo tome de la rosa con gusto y la olí.
Preciosa.

-Gracias.- Murmure y la volví a oler, el me robo otro beso y esta vez fue él quien se marcho, dejándome perpleja.

Este hombre me volvía loca.

Suspire. Tres largos años como novios oficiales eran importantes para mí y mi familia. Aunque estuviera comprometida con Edward desde pequeña, para las personas solo llevábamos tres años.

Muchas chicas me felicitaron por nuestro aniversario pero otras solo me decían esas frases sarcásticas que cada vez me daban más ganas de golpearlas lo mas que pudiera hasta dejarlas sin lengua o cualquier mierda que las impidiera hablar o en algún raro caso les impediría pensar pero mi padre me había dicho muchas veces que no debía rebajarme a sus niveles porque yo no valía eso, que yo valía mucho mas. Mi clase, mi estatus, mi dinero, mi posición social y todo eso no era para que una chica como yo se rebajara a tales niveles como todas las chicas vulgares de este instituto.

¿Porque no estaba en otro lugar o porque seguía en este pueblo con todo el dinero que reposaba sobre mi familia? Simplemente porque mi padre me amaba demasiado para enviarme a una ciudad mejor y perderse de mi juventud y todo eso, además la familia de Edward estaba aquí y estaban encantados conmigo y porque simplemente yo tenía que casarme con su hijo y hacerme responsable de las empresas de mi padre.

Todo este compromiso era tan egoísta, porque ambas familias, si se unían formarían un gran imperio. Pero a mí nunca me ha importado el dinero, para mí lo mejor de todo esto era estar con Edward.

Yo lo amaba y el a mí, o eso creía yo.

-¡Bella! – Dijo una voz chillona. - ¡Felicidades! 3 años de aniversario como novios no se cumplen todos los días. – Dijo abalanzándose sobre mí, abrazándome bien fuerte.

Torpe enana, tenía una fuerza que ni ella se imaginaba.

– Gracias, Alice. –Dije con dificultad.

Ella me soltó y yo tome un respiro. -¿Qué te ha dado? –Pregunto ansiosa. Le mostré la rosa y ella ahogo un grito. - ¿Te regalo una rosa? – Pregunto, yo asentí con la cabeza y ella la olfateo. - ¡Bella, que tierno! Pero pudo regalarte algo mejor. ¿Un porche amarillo, quizá?

Fruncí el ceño y solté una carcajada. - ¿Quién te entiende ehh... Alice?

Ella se puso seria– Ponla en agua. – Señalo la rosa y se sentó en el asiento de mi lado. – Enserio Bella, este chico no me agrada. Es que… ¿Cómo te lo digo?– Se quedo callada por unos momentos pensando y murmurando cosas.

-¿No te agrada solo porque no me regalo un auto? Alice, no necesito mas autos… Además una flor esta mas que bien. Es tan Edward.

Y allí iba, otro suspiro por Edward.

Ella negó con la cabeza frenéticamente hasta que por fin hablo. – Es que ¿Lo sabes, no? Lo hemos hablado, él… Tiene esta fama no muy apetecible, Bella.
Voltee mis ojos. – ¡Ay no Alice! ¿Tu también? Es mi aniversario, no lo arruines.

-Lo siento Bella, yo me callo pero sigue sin agradarme…

Como toda la vida, pensé para mí.

Mordí mi labio y la mire. – Hoy, habrá una cena en mi casa por todo esto del aniversario y te quiero alli.

-¿Cómo no estaría en esta cena importante? – Dijo con un poco de sarcasmo en su voz.

Sonreí y me concentre en la clase de historia que hoy era sobre las épocas de independencia de este país.

¡Nada interesante!

Cuando llegue a casa, almorcé y me tome un baño de burbujas para relajarme. Dure aproximadamente una hora sobre la tina hasta que note que mis dedos empezaban a arrugarse y no quería parecer una uva pasa frente a Edward.

Me seque el cabello con una toalla que me envolví hacia arriba e hice lo mismo con mi cuerpo. Fui directo a mi habitación, me senté en la cama y desde donde estaba observe mi rostro atreves del espejo de mi tocador. Tenía que estar hermosa para él porqué hoy los padres de Edward tomarían mi mano para entregársela a su hijo y él tenía que estar presente igual que yo.

Me recosté en la cama, cerre los ojos y suspire porque oficialmente hoy iba a estar comprometida con Edward después de muchos años juntos y se suponía que yo no debía saber nada sobre el compromiso pero Renee no pudo aguantar el no decirme la sorpresa. Ella amaba a Edward y también era su sueño que yo me casara con él.

Salto sobre mi cama y abrí mis ojos y los volví a cerrar porque la luz choco abruptamente contra mi dejándome casi ciega.

Debí quedarme dormida.

Cuando me acostumbre a la luz vi la sonrisa picara de Alice contra mi rostro mientras saltaba sin control sobre mi cama. ¡Dios! Parecía una niña.

– ¡Enana! Casi me matas. – Dije llevándome una mano al corazón que latía como loco.

-Bella, no hay tiempo. – Miro su reloj. - ¡Oh por Dios! Solo tengo una hora para dejarte como una diosa.

No tuve tiempo de refutar porque Alice ya estaba haciendo de las suyas con mi rostro y cabello y al pasar unos minutos ya estaba lista. Mi cabello estaba recogido pero dejaba caer algunos rizos y mi rostro solo llevaba algo de rubor, y pestañina, un poco de brillo por aquí y por alla pero lo demás… Todo natural.

No sé cuánto tiempo me estuve mirando en el espejo porque yo lo sentí una eternidad.

– Como sé que le gusta a Edward. – Dijo Alice rompiendo con mi concentración.

-Natural. – Susurre yo terminando con la frase de Alice y mirando aun mi rostro. La mire a ella. –Gracias.

Ella sonrió y me levanto de la silla empujándome hacia mi armario. –Corre, tienes que colocarte el vestido.

Eso hice, lo tome y me metí a mi baño. Mi vestido era un strapless azul marino, bastante juvenil, que me llegaba por encima de las rodillas, haciéndome mostrar lo suficiente. 

Me puse unas zapatillas y mi pequeño dije de corazón que una vez Edward me regalo. Me rocié un poco de perfume y Alice estaba que lloraba porque según ella era la chica más hermosa y estaba orgullosa. Luego, deje que ella se arreglara y se puso unos tacones que solo Dios y ella saben cómo se usan y un vestido negro bastante formal.

El reloj marcaba las ocho en punto y Alice me obligo a bajar, ya en el comedor estaban mis padres, algunos amigos y los padres de Edward… pero él no estaba.

Mire mi reloj y ya eran las ocho y media. Nadie había tocado su comida y mis padres y los padres de Edward al igual que yo, empezaban a preocuparse.

–Querida ¿Estás segura que le avisaste a Edward? – Pregunto mi madre.

-Si lo hice madre. – Conteste bastante segura.

-El hábito se hace costumbre. – Murmuro mi padre bajito pero yo logre escucharlo, lo fulmine con la mirada. - ¿No le habrá pasado algo malo?

-¡No! – Dije de inmediato. – Debe ser que se le presento algún inconveniente.

Los padres de Edward empezaron e excusarse con mi padre por el comportamiento inaceptable de su hijo pero yo solo podía concentrarme en el teléfono que sonaba y sonaba pero él nunca contestaba.

-Solo lo esperaremos media hora más. – Dijo mi padre con cierto tono de impaciencia y molestia en su voz.

Y así lo hicimos. Cuarenta minutos después Alice se levanto de su silla pidiendo excusas y me obligo a ir con ella. Cuando llegamos a una habitación me sentó en un banco y me tendió su blackberry. No entendía lo que quería decir con eso pero de igual forma lo tome. - ¿Qué me quieres decir con esto?

Ella me miro con lastima y bajo su mirada, observando ahora el suelo. – Bella, Edward no llego nunca porque… - Trago en seco y con dificultad. – Mira el teléfono Bella, Edward no vino porque se estaba divirtiendo en una fiesta con otras chicas.

Negué con la cabeza sin creer o procesar en mi cerebro alguna palabra de la que ella me decía, mire el teléfono y habían varias fotos de el besándose con otras chicas y justo el día de nuestro aniversario, ¡de nuestro compromiso! Tape mi boca con una de mis manos, para ahogar un grito por haber visto todas esas imágenes asquerosas donde Edward les metía la lengua, prácticamente a todas esas zorras, besándolas de todas las maneras que en todos estos años el nunca, ¡Nunca! Me había besado a mí. Lagrimas que ya empezaban a caer de mis ojos me las fui quitando poco a poco, Alice trataba de tranquilizarme pero no podía, ya creo que había visto las mismas imágenes una y otra vez. Simplemente no podía creerlo.

Pero es que todo estaba ahí, siempre estuvo ahí. Las veces que me dejo plantada, el porqué no quería que lo acompañara a sus "Reuniones de amigos", porque no quiera que tomara su celular, todo estaba ahí. Todas las chicas tenían razón.
Edward Cullen siempre me fue infiel.

Pero no los culpo, ¿Quién estaría conmigo? ¿La chica buena de forks, sujeta a las reglas, pudorosa y buena hija, la chica virginal e intocable? Todos tenían razón, Edward se había aburrido de más de 3 años de castidad conmigo, era obvio que iría buscando otras que llenaran esas necesidades que yo nunca le pude dar, pero que pude haberle dado. Fui tan tonta, tan ingenua.

El poco maquillaje que tenía en mi rostro ya estaba todo corrido y seguramente me vería como un monstruo.

–Lo siento tanto Bella. –Dijo Alice. Yo me levante de donde estaba y me seque las lágrimas.

Salí de la habitación sin decir nada y me dirigí al comedor, todos estaban discutiendo de cosas sin importancia pero cuando me vieron a mí llorando todos se callaron. Mi madre se levanto de su asiento. –Bella, ¿Qué te paso?

Tome un gran respiro antes de hablar. –Pido disculpas pero me retiro. – Dije con voz ronca. Mi padre dijo algo y mi madre también, luego siguieron discutiendo pero esta vez yo era el tema central.

Subí las escaleras, con orgullo pero al abrir la puerta de mi dormitorio no puede evitar romper a llorar, me quede un buen momento llorando contra la puerta y luego me dirigí hacia mi pared donde tenía todas las cartas de amor, todas las fotos y todos los regalos que alguna vez Edward me dio y los destroce todos.

Cada. Uno. De ellos.

Tome la rosa y una a una fui desprendiendo los pétalos, repitiéndome a mi misma cuanto lo odiaba ahora.

Era un maldito, Un mentiroso, un patán, un sinvergüenza, un estúpido, un… un imbécil, un todo.

Me senté de nuevo en el tocador y si alguna vez me vi hermosa, ya no lo era, parecía una momia, un zombi, era un asco, el maquillaje esparcido por todo mi rostro.

El dije seguía ahí y lleve mi mano sobre mi cuello, lo aprecie por un momento contemplando como mi rostro reflejaba el dolor de todo esto. ¡Lo odiaba tanto! Tome con fuerza la prenda sobre mi piel y lo arranque de mi cuello para luego lanzarlo hacia la puerta y soltar un sollozo que no pude reprimir.

Tome el blackberry y comencé a mirar de nuevo las imágenes.

La primera, el siendo besado por dos jodidas perras.

La segunda, el besando a una de esas perras.

Y así se iban las fotos, eran tan asquerosas. Avente el celular con todas mis fuerzas, partiéndose este en dos una vez impacto con la pared. Luego le compraría otro móvil a Alice, eso no me preocupaba ahora.

Abrí mi armario y empecé a desvestirme, visualice unas pijamas bastante cómodas al final de una gran pila de ropa y decidí tomarlas para vestirlas pero no querían salir de la gran pila, cuando pude tomarlas una bolsa con algo adentro se cayó frente a mis pies.
La tome y la lleve a mi cama.

Una peluca y lencería sexy, medias de mallas, un strapless de cuero con unos pequeños shorts y unas botas.

Mmmm… Recuerdo cuando Alice me obligo a comprar esto, pero nunca lo use, claro. Si Charlie o René me veían con uno de estos seguro y me mataban y es que simplemente esto no iba conmigo, me hacían ver como una zorra pero… Si a Edward le gustaban las zorras, una zorra era lo que iba a tener.

Mordí mi labio y me quede observando por un buen rato aquella bolsa con toda esa ropa, si es que a eso se le podía decir así. ¿Probármelo o no probármelo?

¡Al diablo todo! Al diablo mi estatus, mi clase social, mi honor, mis principios, mi todo. Decidida tome la bolsa y una a una me fui colocando las piezas de ropa. Me pare en frente de los cuatro espejos que estaban en las paredes de mi armario. Una puta, eso era yo ahora o eso era lo que parecía.

Tome un papel húmedo y me limpie el rostro hasta quedar totalmente natural, incline mi cabeza y tome la peluca que venía con aquel disfraz. Me dirigí a mi tocador y con un delineador negro, delinee mis parpados, peine mis pestañas y con sombra bien oscura maquille mis ojos. Me coloque las botas y la peluca para completar el disfraz, parecía a esas chicas de porno cassette pero… ¿Saben? Más bien era como una chica del show business porque al final de cuentas yo era... Una chica con clase.

Con rojo bien fuerte pinte mis labios y prácticamente estaba lista para mi venganza.

No más de esa niña buena, de esa chica tonta e ingenua, pudorosa y sujeta a las reglas. Nada de esa chica virginal y recatada, nada de esa chica tradicional y achampada a la antigua ¡No! Yo iba a cambiar o al menos iba a intentar hacerlo…. No soportaba más esta clase de humillaciones.

De nuevo me mire en el espejo y me había convertido en esa clase de personas que tanto he odiado, que tanta repugnancia me han causado, asco y desagrado, grima, saciedad, hastió, desapego... Me había convertido en una perra, en una vulgar y asquerosa perra.

Tome mis llaves y algo de dinero, me puse mi gabardina de channel sobre mi extravagante vestuario. Coloque almohadas sobre las sabanas y las arrope para que pareciese mi cuerpo dormido, apague las luces y con sumo cuidado Salí de la habitación. Cuando estuve lo suficientemente consciente de que en la planta baja no había nadie, baje al fin las escaleras, Salí por la puerta de atrás y tome uno de los autos.

Hoy de seguro seria una noche bastante interesante.

Este mundo está hecho para aquellos quienes no sienten en absoluto.

Este es un universo barato.

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