Cheap universe.
Diclaimer: Solo lo que no conozcan es mío xD
Summari: Bella es una chica, millonaria, pudorosa y sujeta a las reglas. En su aniversario número 3 ella descubre que su actual novio: Edward Cullen le era infiel, después de esto Bella descubrirá un alter ego transgresor que vive dentro de ella y todo para vengarse.
¿Rendicion?
Bpov.
El tiempo para mí, ya no tenía importancia. Creo que llevaba días, horas, minutos, yo que sé cuánto tiempo; llorando en mi cama como la chica tonta y patética que era. Ya no sabía qué hacer con mi vida. Sin Edward todo era más complicado, toda mi niñez y mi adolescencia me han metido en la cabeza que yo sería la próxima señora Cullen, que yo me casaría con el guapísimo chico cabello cobrizo y jugador de polo, yo Isabella Swan, compartiría un lecho matrimonial con el supuestamente, hombre perfecto.
Bahh… Puras babosadas de todos. Ya no tenía nada, ya no era nadie, sin Edward Cullen me sentía sola y aunque tuviera el "Apoyo" de mis amigas, se que ellas ya habían hecho fiesta para celebrar el rompimiento repentino de ese maldito compromiso. Todas ya se debían imaginar sus futuras formas de lograr de que el entrara a sus camas, si es que ya no lo habían logrado antes.Con tan solo imaginarme a Edward besando a otra chica, con los mismos labios que lo hacía conmigo, simplemente me daban asco y rabia.
Todas las veces que me susurro al oído que me amaba, que era la única en su vida y que ya no podía esperar para poder volverme de él completamente, solo de él. Bueno todo eso era eso, puro embuste. Valla que sabia mentir.
Me había jurado no llorar mas pero me era inevitable, yo lo amaba aun y sé que el ya se había olvidado de mi, pero si soy una masoquista porque, solo mírenlo, él es perfecto o eso creía yo.
Extrañaba sus besos, sus caricias, extrañaba que me susurra al oído, que me regalara cosas, que me dijera al oído cuanto me amaba, que hiciera todo lo que yo quería pero extrañaba aun mas, sobre todo eso, extrañaba su olor. Tan varonil y exquisito, digno de un caballero como él.
Lo extrañaba…
Me lleve su fotografía a mi pecho, creo que estaba obsesionada con él o yo no sé. Lo único que sé es que lo quería conmigo y haría que se arrepintiera de haberme dejado una y otra vez. De eso estaba muy segura.
Suspire y cerré mis ojos, recordando mi infancia con aquel hombre, aquel que me regalo mi primer beso, aquel que compartió conmigo sus problemas, mis problemas. Aquel chico dulce y romántico que me apoyaba en todo, que me contaba todo.
Malditas sean todas las perras que se acostaron con él, que lo besaron, malditas todas. Me grite en mi cabeza.
¿Cómo pude ser tan ingenua? ¿Cómo pude pensar que Edward Cullen solo me amaría a mí? A la simplona de Isabella Swan… ¿Cómo fui tan tonta?
Apreté más la fotografía en mi pecho y deje que miles de lágrimas resbalaran por mis mejillas, como odiaba esto, como me dolía, pensar alguna vez que Edward solo fue para mí, que solo tuvo ojos para mí.
-¡ESTUPIDA! – Grite al mismo tiempo que lanzaba la fotografía de él hacia cualquier lugar de mi habitación. Me talle los ojos y seguí llorando. Creo que algún día, si seguía llorando así, quedaría sin lágrimas.
La puerta de mi recamara se abrió lentamente, limpie mis lagrimas y me oculte bajo las sabanas, me gire hacia la puerta y detrás de la tela de la colcha pude observar una cabeza morena que se asomaba por allí, rodee mis ojos y me tape la cara.
-¿Qué rayos quieres ahora? Dije que no quería hablar con nadie. ¡QUIERO ESTAR SOLA! – Le grite a una de las empleadas.
Con voz suave y nerviosa, me hablo. – Su padre me ha ordenado, que le diga que baje a cenar.
La joven chica asintió con la cabeza y cerró la puerta con sumo cuidado, me acurruque sobre mi cama y me quede allí en blanco, creo que ya había pensado mucho. Mi cabeza me dolía tanto que parecía como si en cualquier momento quisiese explotar. Podía sentir el ardor y la hinchazón de mi cara por tanto llorar y creo que me estaba quedando ronca, pero ya nada de eso me importaba.
Nada.
Semanas, tres largas semanas habían pasado desde que Edward termino conmigo. Un momento doloroso en mi vida, que creo que nunca podría olvidar, sus palabras aun taladraban mi mente y las fotografías de su engaño no me dejaban Dormir.
Tres largas semanas habían pasado desde que me había disfrazado de otra mujer diferente a mí, de otra persona que jamás creí lograr ser, de mi alter ego, de mi otro maléfico y satánico yo.
Si… Porque eso nunca seria yo.
"Las cosas ya no van bien entre los dos y así las cosas para mí no funcionan, y… Es mejor terminarlo todo"
Tape mis oídos para dejar que esas palabras dejaran de repetirse en mi cabeza. No quería oírlas más, no quería escucharlas más, no quería recordarlas más.
Maldito universo barato, malditas palabras baratas, maldito seas Edward Cullen, maldito.
"Es mejor terminarlo todo, Es mejor terminarlo todo"
Ya no podía respirar, había llorado tanto que ya no podía respirar y no me importaba, por mi que ya el infierno me llevara… Aunque pensándolo bien, yo siempre he sido buena ¿Por qué tendría yo que ir al infierno? No, yo no me merecía ese lugar, en cambio otras personas si, Quizá Edward Cullen ya debería de estar allí pero no, no estaba ¿Por qué coños aun no estaba en ese lugar? ¿Dios, que carajos esperas para llevártelo?
Pero pensándolo mejor, este maldito universo barato ya era un infierno, uno donde las personas se comprometen por dinero, donde todos son unos malditos egoístas y mentirosos, uno donde me toco vivir a mí. De igual forma yo tenía la culpa al igual que todos, yo era una pinche estúpida que cayó, como muchas.
En un mundo donde ya no hay noción del tiempo, uno en el que se olvida hasta de respirar.
El sonido de la puerta al abrirse me saco de mis cavilaciones, esta vez no me volví para ver quién estaba detrás de la puerta. – Su padre insiste en que baje a cenar señorita Swan. – Dijo la muchacha con temor. Me volví hacia ella y vi como se sorprendió al verme el rostro, tal vez parecía un monstruo o yo que mierdas se. En sus ojos se le veía el miedo que tenia al ver que podía insultarla pero yo aquí era la desdichada ¿Porque hacer desdichado a los demás? No se lo merecía la pobre chica. Simplemente asentí con la cabeza y me levante de mi cama, estaba hecha un desastre, todas las sabanas revueltas y las almohadas en el piso.
Le ordene a la chica que se acercara y ella sin rechistar pero con temor lo hizo. Observo el porta retrato de Edward en el suelo, todo el cristal estaba roto y esparcido por la alfombra morada, ella se acerco para recogerlo pero negué con la cabeza ordenándole que lo dejara así. Luego yo decidiría que hacía con él, o quemar la foto o enmarcarla de nuevo.
Le pedí el favor de que me sacar otra ropa del armario, una falda y una blusa. Me metí en la regadera pero no me bañe el cabello, solo permanecí bajo el chorro de agua para relajarme un poco y olvidarme de mis estúpidos pensamientos, para olvidarme de Edward.
Me envolví en una toalla y Salí del cuarto de baño entrando a mi gran armario, la joven me acerco mi ropa interior y deje caer la toalla, ella se la puso al hombro y me ayudo con el broche del sujetador, luego me coloque la braga y después con su ayuda me acomode la falda de flores y la blusa azul mangas largas.
Después me senté en el tocador y ella empezó a jugar con mi cabello, haciéndome una coleta alta. Me coloque unas argollas pequeñas y un collar para adornar mi cuello desnudo.
-Señorita, si quiere que le sea sincera, el joven Edward no la merece.
Sonreí, sus intentos por hacerme sentir mejor eran honestos y se los agradecía. – Quizá sea yo quien no lo merezco.
Ella negó con la cabeza, le pedí que por favor no habláramos del tema y que se marchara. Ella se excuso por meterse en mis problemas y se retiro. Me coloque en los labios un poco de brillo y Salí de mi habitación. Recorrí el pasillo y baje con cuidado las escaleras, desde arriba podía ver el gran comedor, pensé que sería una cena familiar pero me equivocaba porque en ella estaban mi madre al lado derecho de mi padre, un par de hombres que también acompañaban la cena y sus respectivas esposas, hijas o hijos. Entre ellos estaba Carlisle, el padre de Edward.
Mierda, eso solo significaba una cosa.
Mi corazón empezó a latir con fuerza, mi respiración se acelero y me temblaron las piernas. No podía corroborar mi afirmación pero Edward era un hijo que siempre acudía con su padre a todas las cenas y eventos formales, a todos menos a la cena de nuestro compromiso.
Trague con dificultad y no muy decidida baje del todo las escaleras, me arregle un poco el cabello y alise un poco mas mi falda.
Tome asiento al lado izquierdo de mi padre, le di un beso y el hablo. – Casi que no llegas Bella.
Tomando mis cubiertos y acomodando mi servilleta sobre mi regazo, me excuse. – Lo siento, no tenía hambre y tampoco tenía informado que teníamos una cena de… - Lo mire por un momento antes de recorrer con mi vista a todos los invitados, baje la mirada al encontrarme con los grandes ojos verdes de Edward. – Negocios.
Mi padre empezó a reír y muchos de los otros hombres también, tomo mi mano y yo la aparte de inmediato, mire a mi madre que frunció el ceño.
Mierda, iba a hablar. No había nada peor que dejar que mi madre hiciera un comentario. – ¿Bella, has estado llorando? Estas algo hinchada cariño.
Sentí la mirado de todos sobre mí, baje mis manos y las coloque sobre mis piernas, mirándolas detenidamente, debía estar roja de la vergüenza porque ahora Edward debía estar imaginando que estaba llorando por él y que en tres semanas aun no lo había superado. – No, esta tarde había comido un postre de canela y sabes que soy alérgica así que por eso debo de estar hinchada es todo.
De nuevo todos empezaron a reírse, de mi estoy segura. Solo quería escapar y refugiarme en mi habitación como siempre hacia.
Todo en la mesa se volvieron discusiones sobre trabajo y familia, hay veces que sentía la fuerte mirada de Edward sobre mí pero cuando lo miraba por el rabillo del ojo podía observarlo coquetear con una de las hijas de uno de los socios de mi papa.
Imbécil.
Cuando trajeron la comida todo se volvió más ligero, entre risas y comentarios hablábamos todos, excepto yo.
-Tu hija es muy callada, señor Swan. ¿Cuál es su nombre? – Busque con la mirada al chico que había dicho aquello, mi padre tomo un poco de agua y me miro.
-Su nombre es Isabella Swan, la mejor flor de mi jardín. – El comentario de papa, hizo que ardiera en llamas, baje de nuevo mi mirada y sonreí. Charlie tomo mi mano y me obligo a alzar mi vista. - ¿No les parece?
- De eso no hay ni la menor duda. –Dijo de nuevo el chico. – Es mucho mejor que cualquier flor.
Nunca antes me habían dicho un cumplido, excepto Edward. Busque con la mirada al chico del coqueteo y le regale una sonrisa, el hizo lo mismo.
-Mi nombre es Alec, es un placer conocerte Isabella.
-Bella. –Lo corregí, mire de nuevo a Edward que ahora miraba al chico con cara de asco. – Todos me dicen Bella.
-Mmm… Veo que tu nombre no te hace nada de justicia.
-Para nada. –Dijo esta vez una voz seria y dura. Si, ese era Edward.
Respire con dificultad.
Mi padre empezó a reír de nuevo, pero Edward, Alec y yo estábamos serios. Iba a matar a mi padre después de esto. El sabia que estar con Edward me ponía mal y quería hacerme sufrir de eso estaba más que segura.
-Ohh, lo siento amigo, no sabía que ella y tu aun… -Dejo la palabra en el aire. Yo lo interrumpí.
-Terminamos hace mucho.
-La verdad nos dimos un tiempo. – Corrigió Edward.
-Un tiempo en el que la chica puede ver otras opciones. – contraataco Alec, Edward lo miraba con odio y él le devolvía la mirada. La tensión en la mesa se podía respirar. El padre de Edward carraspeo su garganta para que todos lo volteásemos a ver, al parecer funciono pero Edward y el chico no dejaban de mirarse aun.
Me iba a volver loca.
¿Qué coños quería Edward? No entendía nada. No entendía para nada su comportamiento y algo me decía que era mejor así.
-¿Y cuál es la gran noticia que tenias que darnos Charlie?
-Pues… He pensado seriamente y hace años que lo he estado cuestionando y pienso que es hora de hacerlo. Me lanzare para senador.
Creo que un clic se escucho en mi cabeza, había escuchado mal o algo porque esto era imposible. ¿Mi padre, político? Si, ya lo entendía todo, el coqueteo del chico, los celos de Edward mi papa y sus locuras con la política. Definitivamente esto era un sueño o más bien una terrible pesadilla.
Empecé a pellizcarme el brazo pero nada, no quería despertar, valla que era un sueño profundo. Comencé a darme pequeños golpecitos en la cara para salir de esta horrorosa ensoñación pero nada.
¡DESPIERTA YA DE UNA PUTA VEZ!
Todos en el comedor empezaron a aplaudir, ¿Que, todos se volvieron locos? ¿Yo, la hija de un político? Ni de muerta.
-Que buen chiste Charlie. – Dije sin pensarlo, al comienzo creí que era mejor para mí pero de nuevo había dicho las cosas en voz alta. Todos se quedaron callados. -¿Tu, político? Por favor, no me hagas reír. – Dije con ironía.
Charlie frunció el ceño. – Estoy hablando enserio Isabella.
Rodee los ojos. - ¿Serás otro de esos políticos corruptos que hay? Oh no, espera ya eres un corrupto.
Toda la cólera de mi padre se empezó a notar, mi madre ahogo un grito y Edward rio a lo bajo. Pude escucharlo. -¿Qué cosas dices Isabella? Respétame. – Exigió.
-Siempre le preguntas a mamá. Sobre qué piensa de tus decisiones, de tus negocios, de tu vida y de la mía. Bueno, es hora de que yo también valla opinando papa ¿No crees? También hago parte de esta familia. – El se quedo callado y lo vi apretar el mantel de la mesa con sus puños. Estaba enojado. – No quiero que seas político. Nunca tienes tiempo para mí y mis problemas. Como ya no me voy a casar con Edward quiero hacer con mi vida lo que se me da la gana.
-Vete a tu habitación. – Ordeno, no le hice caso.
-Me obligaste a bajar, aquí estoy y aquí me quedo.
Alzo su mano hacia mi dirección, iba a pegarme, mi madre ahogo otro grito. Charlie nunca me había tocado, ni me había regañado, tal vez si exigido pero ya me había cansado de ser una estúpida. Cerré mis ojos con fuerza esperando el golpe en mi mejilla, pero nada paso. – Ve a tu habitación ¡ya! – Dijo un poco más calmado, bajando su mano.
-¿IBAS A PEGARME? – Grite, enojada. No dejaría que me humillara y menos enfrente de Alec. -¿Te atreverías a pegarme, ehh Charlie?
Nervioso mi padre se levanto del asiento y me miro enojado, yo hice lo mismo y vi a todos los presentes observar aquella escena. – Bella por favor ve a tu habitación.
Tire la servilleta dorada que hacia juego con los manteles sobre mi plato vacio, aun no habían servido la comida. Rabiosa, retire la silla hacia atrás y Salí del comedor, pude escuchar a mi padre gritarme cosas como que no cenaría esta noche y que mañana tendríamos una plática muy seria. La verdad no me importo, cerré la puerta con fuerza y me adentre al jardín.
Me acerque a la fuente de agua y comencé, una vez más a llorar.
Los odiaba a todos. Era obvio que se divertían viéndome llorar pero no me importaba. Aun no sabía muy bien qué hacer con mi vida, pero estoy segura que tenía que comenzar desde algún sitio y ese era alejándome de mi familia.
Suspire llenando mis pulmones completamente, una, dos, tres veces.
Cerré mis ojos y deje que resbalaran por mis mejillas las lágrimas. Saboree algunas de ellas cuando entraban a mi boca. Eran tan saladas.
-Las flores no lloran. –Dijo el chico que ahora estaba a mi lado.
-Entonces no creo que sea una flor. – Reproche.
El se carcajeo un poco y me miro, yo solo podía ver la luna que se reflejaba sobre el agua de la fuente. -¿Siempre eres así?
-¿Así como?
-Así de contestona y rebelde.
Lo mire por un momento, era guapo, con su cabello oscuro y sus ojos verdes, no tan verdes como los de Edward pero verdes. Tenía algunos músculos ceñidos, unas cuantas pecas que recorrían su cara y su acento. Ohh, su acento era lo mejor. Me encogí de hombros al ver que el aun esperaba mi respuesta. No sé cuánto tiempo me había quedado mirándolo detenidamente y para ser sincera creo que ya estaba babeando por el chico.
Desvié mi mirada, el me estaba poniendo nerviosa. – Ehh… No con frecuencia. – No dijo nada, tenia entendida que a los chicos de alta sociedad le gustaban las mujeres que seguían ordenes, las buenas esposas y todo eso. Las recatadas y con principios, sonaba medieval pero así era. ¿Lo abría decepcionado? Negué con la cabeza y trate de hacerle entender que yo no era así. – La verdad es que es primera vez que soy así.
-Lastima. Me gustan las chicas malas. – Sonrió pero yo no lo hice, ni lo mire. Yo no era una chica mala. – Es una broma. – Aclaro. Sonreí y me quede una vez más observando la luna. -¿Por qué lloras Bella?
Mierda, estaba llorando. Me lleve una mano hacia mis mejillas pero él lo impido. Levanto mi mentón y con un dedo comenzó a limpiar mi rostro. Me sonroje al instante y mordí mi labio, el era realmente un caballero. Quizá podríamos ser buenos amigos.
-Gracias. – Susurre. El me miraba con el ceño fruncido y se acerco un poco a mí. Cerré mis ojos y si iba a besarme pues que lo hiciera. No me negaría, el chico era bastante guapo como para negarle un beso.
Sus labios rozaban sobre los míos y justo cuando pensé que haría contacto con los míos en un beso, se escucho un carraspeo. El se alejo de mí y soltó mi rostro. Abrí mis ojos y busque al originador del carraspeo por entre la oscuridad.
-Bella. –Dijo serio.
Mi cuerpo tembló y mis piernas fallaron. – Edward.
-Los dejare solos. – Dijo Alec alejándose un poco. Lo detuve.
-No tienes porque hacerlo.
-Me gustaría hablar contigo Bella. – Edward miro a Alec con rabia y luego a mí de la misma manera. – A solas.
Solté a Alec y él me observo por un momento. – Te veré otro día Bella, fue un placer.
-El placer fue mío Alec. – Me despedí y me quede observando en como desaparecía entre los arbustos y la oscuridad, me gire hacia Edward que ahora tenía una sonrisa burlona en sus labios. - ¿Qué quieres Edward? – Le espete.
-Esa no es la forma de saludar a tu ex.
Arquee una ceja. Que descaro el de este chico. – ¿Ahh no? Dime como entonces.
-Así. – Se acerco y reposo su boca sobre la mía. Había extrañado eso, me tense un poco pero luego me relaje. Puse mis brazos sobre sus hombros agarrándolos con fuerza y abriendo mi boca para que un beso pasional se abriera entre los dos. No cerré mis ojos pero pude notar que Edward sí. Tenía ganas de llorar porque Edward me confundía y me volvía loca. Por segunda vez en la noche, mi cerebro reacciono ante la situación y coloque mis manos sobre el pecho de él y lo empuje para que se alejara. La boca me dolía por la pasión del beso y pude ver, ante la poca luz como los labios de Edward estaban ligeramente hinchados. Los lamio con descaro y detuvo su mirada en mi boca.
-No te entiendo Edward.
El sonrió a medio lado. Rayos, usaba esa sonrisa que volvía locas a todas en el club y en el instituto. – Me gusta cuando eres atrevida.
¿Atrevida?
Bien me había perdido de algo y no sé que era. El se acerco una vez mas y me beso de una manera más desesperada que antes. No tengo idea de lo que tramaba Cullen pero yo sé que no era nada bueno.
Gemí en su boca. – Las palabras que seducen traen problemas Edward.
Se alejo solo un poco de mi y delineo mis labios hinchados con su dedo. – Es por eso que me gustan Bella, porque traen problemas. – Dijo y se acerco para darme otro gran y delicioso beso.



0 comentarios:
Publicar un comentario