Keblinger

Keblinger

Maldita tentación.- ¡EL!

| domingo, 12 de junio de 2011
Maldita tentación.

Summary: enamorarse no era una opción y menos cuando te enamoras de tu enemigo. Dos jóvenes rebeldes que deciden enamorarse a pesar de la oposición de sus padres. ExB, lemmons.

Diclaimer: Los personajes son de Meyer, la historia es mía. 
 
¡EL!
Bpov.

Esto no podía estar pasándome a mí. Si, tenía miedo. Miedo porque estaba desnuda frente al caballero más guapo que mis ojos habían visto alguna vez. Miedo porque tenía una de mis joyas más preciadas y solo mi santo Dios sabe si no era un ladrón.

Con mis manos temblorosas deje caer la toalla blanca que cubría mi desnudo cuerpo solo cuando el muchacho se dio media vuelta, deje sobre una roca mis pertenencias y me puse mi ropa interior, junto con el cortes,  tome mi vestido amarillo y me lo coloque, pero mis manos temblaban demasiado para poder cerrar mi vestido por detrás. Solo tenía una opción y era aquel muchacho guapo de ojos claros y cabello cobrizo.

Tome aire y un poco indecisa me acerque a él pasando por delante suyo, tenía mi guardapelo en sus manos y lo sujetaba con fuerza, por un momento temí de que fuera a romperlo pero sus manos se relajaron una vez que sintió que estaba a su lado. 

Me miro con el ceño fruncido.

- No puedo cerrar mi vestido. - Mordí mi labio inferior mirándolo a los ojos. - ¿Podría usted ayudarme?

Él lo pensó por un momento pero asintió con la cabeza. Suspire y tome mi cabello haciéndolo a un lado de mi hombro y dándome la vuelta.

El con sus manos recorrió un poco mi espalda y mi corazón latió fuertemente. Tomo los lazos y empezó a unirlos cada uno para cerrar el vestido.

Era tan ágil.


Me pregunte si ya tenía experiencia... Ya saben, con otras damas o no.

Cuando hubo terminado pasó el guardapelo por mi cuello, rozando sus dedos con mi piel. Lleve mis manos a la joya y cerré mis ojos, su tacto con mi piel enviaban millones de chispas a mi cuerpo que me hacían sentir cohibida y era extraño. Para ser sincera, nunca había estado a solas con un muchacho y menos con uno como él.

- Perfecto... - Susurro y con suma lentitud me giro para estar frente a frente el uno con el otro donde nos quedamos mirando por mucho, mucho tiempo. - Eres una Swan.

Fruncí el ceño y di un paso atrás tomando fuertemente el guardapelo con mi mano, el intento acercarse a mí pero una vez retrocedí otros cuantos pasos. Era su acento, la manera en como lo dijo, la manera en como pronuncio mi apellido... Fue eso lo que me atemorizo.

- No te hare daño... Lo juro. - Prometió.

No podía creerle. No a un hombre y menos a uno de estos lados del reino.  Eso, me lo repetía siempre mi padre.

No creer en ingleses.

Trague en seco. - ¿Como puedo confiar en ti?

El miedo en mi voz era obvio y rece en silencio para que no me hiciera daño. No quería que me sucediera algo malo y menos cuando estaba en desobediencia pero yo sabía a lo que me atenía desde el momento en que salí por la ventana de mi habitación y me bañaba desnuda por estas tierras. Yo lo sabía.

- Aun tienes mi pañuelo. - Me aseguro en un susurro. 

Lleve mi mano a la prenda y agarre lo que le pertenecía, el avanzo un paso pero no me moví de mi lugar. Algo impedía moverme.

- ¿Quien eres? - quise saber. - ¿Un guardia? ¿Un cazador? ¿Que eres...?

- No te hare daño y no soy nada de eso. - Se acerco mas, no me moví. - Confía en mí.

Lo mire a los ojos para comprobar que no mentía y en ellos vi suavidad y aunque no quisiera me sentía segura. Mi corazón o cualquier cosa sentían que no me pasaría nada, si estaba con él, nada me pasaría.
Mordí mi labio y cerré mis ojos cuando él me agarro suavemente por los hombros. -¿Confías en mi?

Asentí.

- Debes saber que no te hare daño. - Hablo de nuevo y temerosa abrí mis ojos. El me observaba, me estudiaba con su mirada pero nunca, desde que volví a ver esos ojos, tuve miedo.

¿Por qué?

- tienes que decirme... ¿Que haces aquí?

- Lo siento, yo... Este... La verdad es que yo... 

No podía pronunciar nada, no podía escuchar nada y pese que me desmayaría pero sin embargo el me tomo con fuerza y me obligo a sentarme en la grama, segundos después el se sentó a mi lado.

- No debes temerme... Quisiera saber tu nombre. ¿Cual es tu nombre joven Swan?

Sin mirarlo, dudando si decirle la verdad, conteste. - Me llamo Isabella Swan. - El sonrió, pude sentirlo y se recostó en la grama. Lo mire enojada cuando empezó a carcajearse. - ¿qué? ¿Que tiene de malo mi nombre?

- Oh, lo siento es solo que su nombre... Ya me habían hablado mucho de usted.

Frunció el ceño. ¿Podía ser eso cierto?

- ¿como es qué...? - Me recosté a su lado pero sostuve mi cabeza con mi mano mirándolo interesada.

El puso sus dos manos debajo de su cabeza y miro al cielo remojando sus labios para contestarme. - Bueno, ¿usted no lo sabía? Es la chica que todo caballero quiere conocer, es como una leyenda por estos lares.
- ¿está hablando usted en serio? Porque si es una broma yo...

- Es cierto Isabella. -  dijo muy serio, mirándome un poco divertido. - Dicen que eres muy hermosa... Veo que no se equivocaron.

Me sonrió. - ¿Usted cree?

El asintió lentamente. - Lo creo. Lástima que cuando llegue a mi casa nadie me creería eso de que he visto a la más joven y bella de los Swan....

Mi corazón se detuvo y me abalance sobre su cuerpo quedando encima de él, sobre su cintura. Si, era una posición para nada digna de una dama pero no me importo nada. Tape su boca con mi mano impidiendo que el continuase hablando. - No, no. Tú no puedes decirle a nadie que me has visto y menos por estos sitios.

Frunció el ceño. - ¿por qué no? - Pregunto una vez yo le retire la mano de su boca.

- Porque podrían matarme… Oh peor aún, se lo avisarían a mis padres y me llevarían a un convento de monjas. ¡No quiero ser una monja!

- No creo que puedan hacerte algo tan malo como matarte u obligarte a convertirte en una monja, además dices eso como si entregarle tu vida al señor fuese algo malo. – Me acuso.

-Claro que no lo es. – Me defendí. – Es solo que… No quiero, ¿Entiendes?

El asintió con la cabeza. – Tienes razón…Seria un desperdicio que una hermosa dama como usted se convirtiese en monja.

-Ahora eres tu quien dice que entregarle mi vida al señor fuese algo malo. –Lo acuse, usando las mismas palabras que el uso hace un rato.

Se carcajeo fuertemente mirándome divertido. – Pero Isabella eso es cierto…. Eres muy hermosa como para prohibirle a algún hombre que te observe.

Me sonroje.

-¿Enserio?

El asintió con la cabeza y yo mordí mi labio de nuevo.  – Es enserio.

Nos miramos por un largo tiempo, la verdad es que no se cuanto tiempo pero pude notar cuando empezó a oscurecer. Ya era tarde.

- Tengo que irme. – Le avise.

-¿Tan pronto?

Asentí pero no pude moverme, era cómodo estar así. Aunque solo lo conociera de unas horas.

- Confió en ti... – Murmure casi en un susurro haciéndole entender que por favor no le dijese a nadie que se había topado conmigo.

- ¿Lo haces? – Pregunto incrédulo.

Asentí en silencio, regalándole una de mis más sinceras sonrisas. - Lo hago.

Sonrió. - Entonces no se lo diré a nadie pero... Hay una condición.

- ¿Una condición? ¿Que condición?

Me tomo por la cintura y me giro para esta vez el quedar sobre mí. - Quiero verte de nuevo Isabella Swan...


SIGUIENTE CAPITULO...

0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Copyright © 2010 Mi universo barato Blogger Template by Dzignine