Keblinger

Keblinger

CU - Bipolaridad

| sábado, 21 de mayo de 2011
Bipolaridad.

Bpov.

No sé si quería morir o desaparecer, cualquiera de las dos opciones, en este momento eran perfectas. Justamente quería que las dos cosas me pasaran, en este preciso momento, en este preciso lugar. No importa cual fuese. Para mi estaba bien.

Pero no iba a pasar.

¡Ay Dios mío, apiádate por favor de mí!

Pero al escuchar mi nombre atreves de su voz, supe ahí que estaba acabada y que nada bueno ocurriría en este momento.

¿Como diablos iba yo, Isabella Swan, a explicar esto? Vestida de puta barata, con una peluca en mi mano y llegando a estas horas. Quizá la 1 de la mañana, no lo sé.

No la había. No había explicación alguna. No sabía mentir y mi corazón latía de una manera que ni yo misma se si eso podía ser posible.

De seguro sabría si miento, y eso no iba a ser para nada bueno.

¡Por Dios, es mi madre! No podía mentirle.

Lo único que podía hacer era enfrentarla porque no podía correr, ni hacer un drama, simplemente tendría que decir la verdad. Pero no podía, sé que no podía.

Me gire para ver su cara de confusión y su mirada recorrer con asco todo mi cuerpo.

– No es lo que tú piensas. – Y eso fue lo único que pude decir. Quise darme un golpe en la cabeza pero estaba rígida, me moría del miedo y me temblaban las piernas.

Okey, yo acepto que eso no fue lo más inteligente del mundo pero conozco a mi madre como la palma de mi mano y puedo jurar que sabía exactamente lo que ella pensaba en este preciso momento y no era lo mejor.

Mírate Isabella, estas vestida como una cualquiera, obviamente está pensando lo peor, tu eres lo peor.

Mi cabeza tenía toda la razón. YO ERA UNA PUTA.

Yo, su hija, su orgullo. Yo, su pequeña niña, linda y cariñosa, con valores y principios. Yo, Isabella Swan.

Quien iba a pensar que una Swan terminaría así como yo. Como... YO, SU MALDITA HIJA PROSTITUTA.

O eso iba a llegar algún día.

Suspire, esto no era sencillo y de seguro me matarían, Edward se enteraría y mi compromiso y mis sueños con él, se irían a la mierda.

No, eso no iba a suceder. Yo tenía que arreglar esto, yo iba a arreglar esto.

– Mama, te lo juro. No es lo que tú crees.

Su rostro no tenia palabras, estaba tan estupefacta y horrorizada. Sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas y empezó a acercarse a mí.

¡Santa mierda!

Por alguna razón mis ojos también empezaron a nublarse.

– ¿No es lo que yo creo? ¿ISABELLA, ya viste como estas vestida? Pareces una mujerzuela.

Cerré mis ojos. – Lo sé mama, pero no es lo que crees. Te juro que todo esto tiene una explicación.

Y una muy buena.

– Esto tiene que saberlo tu padre, yo...

–¡NO!

No, Charlie no podía saber esto. No, el no.

– No mama, te lo explicare.

– ¿Explicarme qué? ¡Mírate! – Con su mano recorrió todo mi cuerpo. – Tú no eres mi hija.

Hubo un silencio, y una lágrima resbalo por mi mejilla.

– Por eso estabas tan extraña. – susurro y se quedo en silencio. Mirándome a los ojos. – Espero que tu explicación sea muy buena, o si no, Charlie tendrá que saberlo.

Asentí con la cabeza y ella me guio al comedor sentándonos en la mesa. Mordí mi labio y empecé a llorar.

– Quizá fue mi culpa mama, quizá siempre lo supe. – ella frunció su ceño pero no dijo nada. Esto era tan difícil para mí. – Creo que lo de Edward y yo se volvió rutina y dejo de quererme mama. Te lo juro, yo no sé qué hacer sin él. Toda mi vida he sido su novia mama, no puedo dejarlo ir.

Tome aire y limpie mis lágrimas. Mi madre no era una mala mujer, eso solo que era demasiado estricta conmigo. Todos siempre querían algo de mí y ella era una de esas personas.

– Yo se que ustedes quieren que yo me case con el algún día pero... – Tome aire y Renee me tendió una servilleta que estaba encima del comedor para sorbarme la nariz. Trague en seco. –...Pero el ya no me quiere. Es como si todo lo que paso entre nosotros nunca hubiese existido. Y ya hay otras chicas en su vida madre y me duele, pensé que solo me quería a mí. Fui tan ingenua. – Renee tomo mi mano y la apretó levemente. – Por eso me invente é que si me visto como las chicas que a él le gustan, el podría quererme de nuevo.

Mi madre negó con la cabeza y levanto mi rostro con su mano. – Que tonta eres Isabella. Ese chico te adora es solo que...

– ¿QUE MAMA? Yo lo he visto. Con otras chicas. Es obvio que no me quiere nada. – gire mi rostro, lo que más odiaba era que me viesen llorar. – Quizá nunca me quiso nada.

– No digas eso.

– Es la verdad mama, el nunca me quiso nada.

Lagrimas caian por mis mejillas, decirle mi verdad a otra persona era tan difícil, tanto que me la hacía ver a mi misma. Darme cuenta que él nunca me quiso dolía demasiado porque... Porque Edward Cullen era mi vida y sin él estaba incompleta. Desde pequeña siempre estuvo a mi lado. Toda mi vida pensé que el robaría todas mis primeras experiencias como muchas veces el lo hizo, pero como si fuese un sueño al que me arrebataron se esfumo, quizá fue mi culpa, quizá yo lo aburrí, quizá nuestra castidad no era suficiente. Nunca pensé de verdad que regalarle mi virginidad era tan importante. Yo se la hubiera dado, eso no me importaba nada, yo daría mi vida por él, ¿pero ahora qué? Ya el no me quería nada y era obvio que era feliz con las otras chicas.

Renee se levanto de la silla y solo me abrazo, un gran gesto de su parte. Por lo general los lazos afectivos con mi madre eran cortos o simplemente nunca se deban. Suspire y cerré mis ojos llorando un rato mas mientras ella solo me daba palabras de apoyo. Esta vez no le importo que arruinara su costosa pijama de diseñador y se lo agradecí en silencio. Me aleje de ella y tome aire, vi el reloj de mi muñeca y limpie mis ojos.

– Supongo que ya es tarde. – Dije con un hilo de voz.

Su mano subió a mi mejilla y la acaricio un poco. – Ve a descansar hija, mañana tú y yo hablaremos un rato.

Asentí con la cabeza y ella me regalo una sonrisa cálida, dejo mi mejilla y amarro su bata alejándose del comedor para subir las escaleras.

Me recosté contra la pared y solo me quede allí. ¿Qué demonios había pasado? Al fin me había abierto a una persona y algo me decía, que aunque Renee había sido dulce y comprensiva, ella no era la persona indicada.

Suspire otra vez y con pesadez subí las escaleras. Cuando llegue a la seguridad de mi habitación pude ver como Alice dormía y la maldije por dentro. La muy tonta se había dormido y en un momento como este en donde yo necesitaba apoyo... ¡Mucho apoyo!

¡Genial!

Quite mis zapatos y me metí un rato a la tina para sacarme el olor a cigarrillo. Luego, me puse la pijama y me acosté a un lado de Alice, solo para pensar Que diablos había pasado allá abajo y qué diablos había pasado con Edward hace tan solo unas horas hasta que sin darme cuenta me había quedado dormida.

–Bella, Bella. – sentí como la cama se movía y lentamente abrí mis ojos para encontrar una hiperactiva Alice dando saltos en la cama.

La luz me quemaba y me iba a estallar la cabeza. Volví a cerrar los ojos. – Me duele mucho la cabeza...
– Como no, si anoche no llegaste cuando te dije.

– Deja de gritarme y déjame dormir. – la regañe y tape mi rostro con una almohada para no escuchar nada y seguir durmiendo.

Se quedo quieta un momento y luego solo escuche paz y tranquilidad.

– Bella, apúrate que hay escuela. – jalo mis sabanas y me encogí por el frio que había. – a ver, levántate.

Me senté en la cama y la mire rabiosa. – ¡ALICE ME DUELE LA CABEZA Y TE VAS A CALLAR ANTES DE QUE TE DE UNA PATADA EN TU CULO Y NO TE CUENTE NADA DE LO QUE PASO ANOCHE! – La amenace.

Me volví a recostar en la cama para luego ser jalada hasta la tina, maldiciéndola en voz alta por hacerme sufrir.

Mas nunca la dejaría dormir conmigo, lo juro.

No sé cómo me quito la pijama ni en qué momento llegue al baño, solo sé que ahora podía sentir la jodida agua helada contra mi piel y poco a poco ir despertándome.

Iba a decirle unas cuantas cositas que de seguro no le gustarían pero ella amablemente me tendió un vaso con agua y una aspirina para el dolor de cabeza.

Era tan jodidamente estúpida, Alice siempre está ahí cuando la necesito y la amo por eso carajo.

– No sé que haría sin ti Alice. – Murmure cerrando los ojos y recostándome en la tina para relajarme un poco.

– Lo sé, lo sé. – Dijo sin modestia y le voltee los ojos, ella solo sonrió. – me iré un rato y cuando regrese quiero verte lista, okey?

Solo asentí y hundí mi cabeza en el agua hasta que sentí que Alice había cerrado la puerta de mi habitación. Solo pensé...

Pensé en muchas cosas mientras estuve sola e intentaba relajar mi cuerpo para alejar el dolor. Sentía dolor en todas partes, físicamente y también, obviamente, por dentro.

Mi cabeza era un mar de preguntas, algunas con respuestas pero otras, por más que quisiera encontrarlas, no podía y me frustraba.

Bien, ¿como veré a mi madre y a Edward después de esto? Quizá, lo mejor sería que lo dejara por un rato, solo por uno muy corto.

¿Que quería seguir mi madre hablando conmigo? Y la más importante... ¡Edward! ¿Edward alguna vez se enteraría de esto?

Negué con la cabeza tratando de alejar rápidamente ese horrible pensamiento de mi cabeza. No podría imaginarme que haría cuando se enterara de esto.

Pero todo al final sale a luz, ¿no?

¿Se puedo asesinar a la propia conciencia de una persona? Bueno, porque eso quería hacer yo ahora mismo.

Termine de bañarme y seque mi cuerpo con una toalla mientras enredaba otra en mis cabellos.

Me vestí y baje a desayunar. Alice hablaba en voz baja con mi madre y Charlie, bueno el solo desayunaba. Sin decir una palabra me senté a comer y comí de los pancakes que estaban en mi plato, cuando termine subí a mi habitación por mis cosas para ir a la escuela y el abrigo.

Baje las escaleras y al final de ellas me esperaba Renee, tomo con fuerza mi brazo y me jalo.

– Te espero después de la escuela.

La mire por un par de minutos, no entendía su actitud tan brusca. Solté su agarre de mí y acomode mi chaleco.

–¿Para que? – Quise saber.

– tú y yo tenemos cosas aun que charlar.

Mordí mi labio y me aparte de ella, pensé que confiar en mi madre sería lo mejor pero como siempre, me había equivocado.

– ¡Ahh! Y Bella. – añadió mi madre, me gire molesta para saber que era lo que quería ahora. – No deberías comer tanto, ya sabes... No creo que Edward las quiera... Gordas. – Y dijo lo ultimo levantando una ceja. Sí, mi madre era una arpía con sangre fría.

La sangre se acumulo en mi mejilla y quise que la tierra me tragara pero no, eso nunca pasaría.
Mi padre se carcajeo a lo lejos y también Damon, no sé si Alice lo había escuchado porque ella ya estaba sentada en el asiento trasero esperando por mí.

Suspire y camine, le avente mi bolso a Damon y sin decir nada, ni esperar que el me abriera la puerta, entre al auto. Claro, muy molesta.

El solo sonreía y maldita sea, se veía sexy sonriendo de esa forma, pero eso no me quitaba la bronca y la vergüenza que tenía en este momento.

¿Para que querría mi madre hablarme? Sí, eso me había dejado muy pensativa y por alguna razón tenía miedo de cualquier cosa.

Pero... ¿Miedo de que?

Suspire y cerré los ojos, podía escuchar que Alice me hablaba sobre un hermoso vestido que había visto hace unos días pero la verdad no tenia cabeza para pensar en esas cosas. Mi cabeza daba vueltas por todo lo que me pasaba pero por sobre todo, me daba vueltas por Edward, tenía miedo de verlo y de que él pudiera, ya saben, sospechar de quien soy.

Si, tenía mucho miedo.

Cuando llegamos a la escuela Alice desapareció porque tenía que ver algunas cosas del anuario o algo así, no me importaba.

Damon abrió la puerta y me tendió el bolso, aun sonreía y eso me enojo mucho mas, rodee los ojos y le arrebate el bolso de las manos, camine lo mas lejos de él pero como él era mi guardaespaldas él tenía que estar tras de mí todo el tiempo.

¡Genial!

– Me disculpara señorita pero para mí usted no está nada... Gorda.

Me detuve en seco y cerré mis ojos contando hasta diez en mi cabeza. – ¿Puedes esperarme hasta que terminen las clases? – dije con la voz más contenida y natural que, a pesar de mi enojo, pude sacar.

No espere respuesta alguna y continúe mi camino hasta mi casillero, digite la clave y saque algunos libros de mi mochila para guardarlos allí adentro pero cuando mire al interior, una florecita blanca colgaba del estante superior con una delicada cinta roja.

Era hermoso.

Puse con cuidado mis libros en mi casillero y tome la flor. Era pequeña, sencilla y... Perfecta.

Suspire.

La lleve a mi nariz y olí de ella.

Perfecta, perfecta, perfecta, un millón de veces perfecta.

Mire a todos los lados para ver si había alguien cerca pero no, no había nadie.

¿Quien podría haber sido?

Y... ¿Si solo era una broma como las que solían hacer aquí?

No, no podía ser una broma.

Tome aire y abrí de nuevo mi casillero por si encontraba una carta o algo del remitente pero no había nada.

Cerré mi casillero y a mi lado estaba el recostado contra otro de los casilleros. Lleve una mano a mi pecho porque para decir verdad su presencia era una sorpresa.

– Hola Bella.

– Edward, me asustaste.

Sonrió. – Oh vamos, antes amabas que lo hiciera.

Gire sobre mis talones y camine por el pasillo para mi próxima clase. Como el mismo había dicho 'Antes'. Mi corazón bombeaba con rapidez y no puedo mentir, mis piernas temblaban como gelatina. El me alcanzo y se mantuvo a mi paso.

– vamos Bella, no seas tan dura.

Okey, ¿como era que no quería que fuera tan dura cuando lo vi coqueteando con la perra de Victoria hace un día? Quise abofetearlo por ser tan descarado pero no quería armar un escándalo.

– ¿Dura? – dije siguiendo con su cínico juego. – ¿Porque tendría que ser dura contigo Edward?

Sonrió y me acorralo contra una pared, sus brazos estaban a ambos lados de mi rostro y me sentía... Me sentía pequeña e indefensa.

Rayos, por un momento pensé tener el control sobre mí, pero verlo así de cerca, con apenas tocarme y con sus intensos ojos verdes mirándome me hacían perder cualquier pista de autocontrol y orgullo que en algún momento pude tener.

– No sé, dímelo tu... – su aliento choco contra mi rostro y fue exquisito. Cerré mis ojos y trate de calmarme.

Negué con la cabeza, pasando por mi garganta, débilmente, un poco de saliva. – nono, no sé.
Mi voz sonó apenas audible y me sentí patética, si, era patética.

– Eso pensé. – sentí como sonreía descaradamente y abrí mis ojos para darme cuenta que eso hacía.
– ¿Que planeas Edward? – Pregunte frunciendo mi ceño, confundida.

Se encogió de hombros. – Nada. – Me miro por un par de segundos mientras yo mordía mi labio. – ¿acaso no te das cuenta que todas se mueren por estar en tu lugar?

– ¿En mi lugar?

Asintió. – Si, en tu lugar.

Levante una ceja y el acomodo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. – ¿Y es que acaso ya 'Todas' no han estado en mi lugar?

Vi como por sus ojos pasaba algo de enojo para luego carcajearse sonoramente. – No sabes lo que dices Bella. – Dijo con la voz un poco contenida después de reír.

Sí, eso me asusto un poco. A lo lejos pude escuchar la campana de comienzo de clases pero Edward no se movió y yo menos la verdad quería averiguar que cosas pasaban por la mente de Edward porque ya, enserio, su bipolaridad me causaba jaqueca.

– Señorita ya su clase de literatura empezó. – Dijo Damon a mi lado. Edward sonrió una vez más para tomar con su mano mi mejilla un poco fuerte y acercar su boca con mi boca y regalarme un beso. Un beso rápido, fuerte y... Y muy extraño. Un beso que me dejo sin aliento y sin razón.

Suspire y el lamio sus labios después de separarse de mí, sin romper con nuestras miradas.

– Te veo al final de clases Bella.

Yo solo pude asentir sin hacer otra cosa, solo voltear mi cabeza y verlo caminar de esa manera única y sexy solo como la sabía hacerlo.

Damon solo me dio una mirada extraña a la que en realidad, no le preste atención. Después de que mi cuerpo saliera del shock en el que se encontraba me dirigí a mis clases. Alice me notaba extraña pero la verdad no quería decirle nada de lo que me había pasado, sé que me regañaría y lo que yo menos quería en este momento, era su inservible cantaleta.

Si, no lo podía negar, estaba feliz. Aunque esos trastornos de bipolaridad de Edward me resultaban demasiado extraños. Y si, no podía dejar de pensar en eso y tampoco en la flor.

Era extraño pero y ¿si quizá Edward había dejado la flor en mi casillero? El solía darme de esas mismas flores cuando éramos más jóvenes.

Y si, mi corazón anhelaba que fuese Edward el dueño de ese hermoso gesto.

Cuando las clases terminaron me dirigí al parqueadero y a lo lejos pude ver a Alec recostado contra su camioneta negra. Sonreí y camine hacia él para saludarlo.

– Hey. – Lo abrace. – ¿Que haces aquí?

Sonrió. – solo pasaba y venia saludarte. – De un momento a otro empezó a ponerse nervioso y lo mire extraño. – Oye, me preguntaba si tu, bueno... Abrieron un parque de diversiones cerca y yo quería saber si tu...


Deje de escucharlo cuando vi a Victoria de nuevo coquetear con Edward, mi Edward. Mi cuerpo se lleno de cólera y vi también como Alice me esperaba con Damon en el auto.

– ¿Y que dices? – Dijo Alec sacándome de mi distracción.

Espabile varias veces tratando de concentrarme en lo que tenía enfrente. – ¿Sobre que cosa?
– Sobre esta tarde, ahora...

Trague en seco y vi como Edward me miraba y sobresalía la vena de su frente. Bien, quizá 'Lola' no sería la única en hacerte entrar en razón, también podía hacerlo Isabella Swan.

Le sonreí a Edward cínicamente al mismo tiempo que le regalaba a Alec una mirada, mordí mi labio y le hice una seña a Alice de que claramente hoy no llegaría a casa o no por ahora.

Asentí con la cabeza. – ¿A donde era que querías llevarme?

El solo sonrió y me abrió la puerta de su auto para pasar quizá, la mejor tarde de mi vida.

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