Cheap universe.
Diclaimer: Solo lo que no conozcan es mío xD
Summari: Bella es una chica, millonaria, pudorosa y sujeta a las reglas. En su aniversario número 3 ella descubre que su actual novio: Edward Cullen le era infiel, después de esto Bella descubrirá un alter ego transgresor que vive dentro de ella y todo para vengarse.
No seré yo esta noche.
Bpov.
Tenía el corazón en la mano, nunca me había escapado de mi casa así y menos para hacer este tipo de cosas.
Bueno, no desde la última vez y ya había pasado casi 2 semanas y media desde que hice esa locura pero muchas cosas en mi habían cambiado, junto con mi familia.
Acomode mis almohadas debajo de la colcha de la cama, para que si alguien por alguna extraña razón entraba a mi habitación, me encontrara aparentemente dormida.
Tome mi gran bolsa y cerré la puerta de mi habitación con sumo cuidado, tenía más que claro que lo que iba a ser estaba pero bien arriesgado pero ya nada de eso me importaba ¿Qué me podría pasar?
Baje las escalares tratando de hacer el menor ruido posible y salí por la puerta trasera de la casa, con cuidado y miedo trate de no despertar a los perros de seguridad y los dos grandes monos de seguridad que mi padre había contratado que para sí incompetencia estaban dormidos.
Más adelante les pondría la queja a mis padres pero por ahora simplemente me limite a salir lo antes posible de ahí.
Cuando ya estaba bastante lejos de mi casa como para que escucharan mis pasos, corrí en busca de un taxi mientras en una coleta acomodaba mi cabello.
Tome el taxi, porque esta vez, estoy segura que Edward Cullen estaría más al pendiente de mi y no podía tomar riesgos y que me viera con mi auto o uno de los de mi padre, no señor.
Le indique al conductor que me llevara al bar de la noche pasada y regañadientes me llevo, claro dejándole claro que pagaría por la carrera, así fuera el doble porque la verdad ese lugar si estaba bastante lejos de donde vivía.
Sin importarme que el conductor pudiese verme, despoje de mi cuerpo la blusa y los Jeans que vestía, para quedar en ropa interior. Saque de mi bolso, el vestido negro, mis pantimedias de mallas, las botas altas y la peluca y me las puse, coqueteando con el taxista que con tal espectáculo de stripper que le había dado, espero y no me cobrara tan cara la carrera como le deje en claro al principio, solo traía el dinero suficiente, tampoco es que allá traído conmigo la chequera ni la tarjeta platino de emergencias.
Pinte mi rostro y mis labios, me acomode la peluca y me mire en el espejo retrovisor del taxi, sin dejar de coquetearle, descaradamente al taxista.
Debo admitir que mi ego subió pero era la otra yo de nuevo, mi alter ego, yo pero diferente, la otra cara de mi moneda y valla que me gustaba lo que veía.
Cuando llegamos le pague al taxista lo que me pedía y se le cayó la cara al ver los billetes grandes que saque para el – Guarde el cambio. – Dije bajándome de su auto de trasporte.
Rocié en mi perfume y de nuevo estaba yo aquí, en la entrada de este bar para de nuevo seducir a Edward Cullen, a mi manera, claro.
Con mi vestido negro, bastante pegado a mi cuerpo , el cual delineaba perfectamente mis curvas que hasta ahora sé que tenia, con un ligero escote adelante, donde sencillamente se me podía el nacimiento de mis pechos, con unas botas de cuero fino que me quedaban por encima de las rodillas, mis pantimedias de mallas y con mis ojos ligeramente delineados y me boca completamente roja, entre por completo a ese bar; y claro me sentía incomoda porque era la segunda vez en toda mi vida que me vestía como una completa puta pero estoy segura que con un poco de alcohol se me bajaría.
Era otra yo, otra que a simple vista ni reconocerían, sencillamente porque Isabella Swan nunca se vestiría de esta forma tan jodidamente sensual y coqueta.
No serás tú esta noche. – Me dijo mi cabeza muy segura y trataría de hacerle caso lo más que pudiese
Baje las escaleras que me llevarían a la parte de la pista de baile. Muchos chicos se detenían a observarme, aunque estuvieran con sus parejas y si estuviera siendo la pudorosa Bella, me daría miedo y vergüenza pero no, ahora era otra persona y coquetamente le giñe un ojo a uno de los chicos que me observaba de manera muy poco Cortez.
Dedícate simplemente a buscarlo. Repitió mi mente y asentí con la cabeza, tal cual loca que habla sola.
Aun no veía a Edward Cullen por ningún lado, y eso me frustraba un poco pero esperaba que no me dejara plantada porque lo había citado en este bar y valla que me había tocado difícil para poder escaparme de mi casa a estas horas.
Con la amenaza que mi padre había recibido hace unas pocas semanas habían duplicado la seguridad de la casa y se me hacia mas difícil salir y menos ahora que mi padre me había puesto seguridad para las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
Valla molestia, en verdad eso de tener guardaespaldas todo el tiempo en la casa era bien molesto y agotador, no poder hacer nada en privado que no fuera ir al baño o estar un momento en mi habitación.
Odie a mi padre por ponerme un celador pero… ¡Qué más da! Si eso lo hace feliz. Antes solo había alguien que cuidaba la entrada de la casa pero ahora había como cinco hombres cuidando, Charlie era tan dramático.
Gracias a Dios aun no me pone uno personal… Si no ahí si morirá, odio eso de que me tengan que cuidar.
La música del lugar estaba bastante alta y me dirigí al mini bar para pedir algo de alcohol, pedí algo de vodka con vainilla, que es mi favorito y me lo tome de una, repitiendo el proceso dos veces más.
Dos chicas se sentaron a mi lado, reconocí sus voces por lo que con la peluca trate de cubrirme el rostro para que no me reconocieran, no pude evitar escuchar su conversación.
Sé que estaba mal escuchar conversaciones ajenas pero al minuto que escuche mi nombre no me importo.
-Pensé que cuando terminara con Bella, yo sería la siguiente. – Dijo Lauren.
Jessica se sentó a su lado. - ¿Y tú crees que yo no? – Dijo con tono molesto. – Una cerveza bien fría, por favor. – Le pidió Jessica al barman que enseguida fue a buscar la bebida que le pidieron. No pude evitar reír bajito ¡Ja! ¿Una cerveza? Rodé los ojos, era lo único que podían pagar. – Es que es increíble.
-Pero la chica misteriosa se nos adelanto. – Replico Lauren.
-Si, y es que ni por Bella se perdía esa fiesta. – El chico llego con sus bebidas y podía sentir las miradas de ellas clavadas en mí. – Edward no se perdería esa fiesta por nada en el mundo, mejor dicho, ni por qué le paguen. Le debe gustar mucho esa chica como para perdérsela y no es tan bonita. – Dijo poniendo cara de asco, estoy segura.
-¿Quién es esa chica misteriosa y de donde salió? – Pregunto Lauren restándole importancia a la situación. – Ahora es un peligro.
Estaba segura que hablaban de mi, tome la cerecita que repasaba en una de sus copas. - ¿Me permites? – Les pregunte, haciéndome la que no las conocía, haciéndome la ajena a todos sus comentarios estúpidos, ¿Quién lo diría? Y en la escuela hacen lo que yo les pida con tal de ser mis amigas. Ellas negaron con la cabeza perplejas al verme, al ver que yo era esa "misteriosa" de la que tanto hablaban y retire la cerecita, llevándomela de inmediato a la boca.
Empecé a recorrer todo el lugar para ver si podía en cualquier momento localizar a Edward, pero no estaba ¿Qué demonios? Me dejaría plantada.
Un chico se me acerco y me pidió que bailáramos, pero no estaba muy segura de eso por lo que preferí que me invitara a un trago, estuve muy pendiente en el momento en el que me sirvió el vaso, no quería que derramara algo en mi bebida y luego me violara. No señor.
Pregunto mi nombre y por un momento casi y le digo el mío verdadero pero me mordí la lengua y deje en claro que no daba mi nombre y ni besos a la primera copa, porque eso era lo que quería el chico, que era bastante guapo para ser sincera.
Aun no había pensado en un nombre para mi otro yo y cuando decidiera hablarle a Edward, no sabía que nombre decirle pero estaba segura que cualquiera se me ocurriría.
A mis espaldas, aunque el volumen de la música estaba bastante alto, pude escuchar la dulce voz de Edward pero como no, si yo podía escuchar la voz de él en cualquier lugar. Discutía con los amigos para que fuese a una fiesta en la playa pero él se negaba rotundamente. Sus amigos le afirmaban que la chica misteriosa, ósea yo no iba a venir nunca, y eso hizo que irracionalmente una sonrisa se dibujara en mi rostro.
Deje al chico con el que estaba y me dirigí a la tarima, directo a los tubos y de inmediato comencé a bailar con ellos, justo cuando Edward se iba, junto con otras chicas note como se encontraba con mi mirada y esa fue la que hizo que se quedara en shock en el momento en el que me vio.
Podría jurar que todos los chicos de aquel bar se quedaban a observarme, dejando olvidadas a sus parejas y ganándome miles de mirada con lujuria y envidia mientras yo simplemente me dedicaba a dar vueltas en el tubo, ni una bailarina exótica y me sentía tan bien.
Los amigos que acompañaban a Edward saltaban y gritaba de la alegría al verme bailar, y se burlaban de la cara de Edward al verme allí bailar, me sentía prohibida.
Restregué mi trasero con el tubo, llegando hasta debajo de este y dando vueltas sin cesar, millones de chicos se me acercaron para pedirme bailar con ellos pero a todos les reste interés, mirando simplemente a Edward.
Para poner celoso a Edward, con mi mano acaricie el mentón de uno de los chicos que se encontraba debajo de la tarima y deje que acariciara mi pierna, simplemente el no dejaba de mirarme a mí y al chico con el que había coqueteado hace un rato y podía ver como tensaba su mandíbula por los celos, justo como siempre se ponía cuando estaba celoso.
El se acerco a mí un poco más, haciéndose los oídos sordos a las chicas que le suplicaba que se fuera con ellas. ¡Patéticas! Que él las rechazara me hizo sentir tan feliz porque ahora yo tenía control sobre él, aunque él no se hubiese dado cuenta.
De un momento a otro me sentí ligeramente mareada pero no deje de dar vueltas en el tubo, aunque mi peluca era corta, tuve que retirarme hilas de cabello que se me habían quedado en la boca que tenía ligeramente abierta.
Las nauseas y el mareo aun seguían allí, pero no podía detenerme porque él me deseaba y me quería justo ahora y esa sensación de deseo me gustaba.
De nuevo las imágenes de aquella noche inundaron mi mente, las de el día en que termino conmigo, cuando compre aquella lencería para él, cuando el chico de la tienda me reprocho el porqué las compraba, las múltiples formas en las que Edward coqueteaba con otras chicas en mi ausencia, las fotografías de su boca en la de las otras chicas, en sus infidelidades, en las veces que me había jurado amor eterno y en las miles de mentiras que me había dicho, en la rosa que me regalo y en las millones de veces que llore por él y ahora sentía odio y repugnancia por él y por mí misma.
Sentía que todo iba y trascurría en cámara lenta delante de mis ojos.
No me detuve por mucho tiempo, el despidió a sus amigos y se quedo allí, cruzándose de brazos y deleitándose con mi baile, con mi erótico baile.
De nuevo me sentía deseada, cerré mis ojos y me deje llevar por la música, acariciándome a mí misma, contemplándome y sintiendo que eran sus manos las que hacían un recorrido por mi piel.
Un chico diferente se me acerco y me ofreció una bebida, pero esta vez si necesitaba bastante alcohol como para calmarme, bajar mi calentura si no quería violar a Edward allí mismo y echar todo a perder.
Una vez Alice me dijo que tenía que hacerme la de desear y eso era lo que iba a hacer, iba a resultarle tan prohibida que le iba hasta doler.
Tome de apoco de mi bebida y Edward aun me observaba y me embriagaba, me confundía su mirada, me mareaba.
Tomo a uno de los grandulones de seguridad y le susurro algo en el oído sin dejar de romper su conexión visual conmigo.
El grandulón asintió con la cabeza y volvió a su puesto, mirándome y babeando peor con Edward en el momento en el que me miro.
Edward desapareció, subiendo las escaleras al segundo piso, me quede bailando, no quería hacerme tampoco la de rogar pero al parecer se había aburrido viéndome bailar. Eso hizo que mi enojo aumentara ¿Quién se creía él para irse así no más? No se pudo haber aburrido porque si era así juro que mataría a alguien.
Baje las escaleras sin dejar de sonreír, muchos aplaudieron por mi baile, cosa que me hizo sonrojar, muchos hombres hacían cola para hablarme pero el grandulón que hace un momento platicaba con Edward se me acerco y me susurro al oído. – Un chico lo espera en la zona V.I.P
Sonreí de manera picara y los latidos de mi corazón aumentaron. – Muchas gracias, ya subo. – Le susurre al oído al grandulón aquel.
El se marcho y fui al mini bar de nuevo para pagar mi cuenta y de paso tomar mi último trago, no sé como resultarían las cosas pero estaba demasiado nerviosa y si el alcohol había resultada para armarme de valor y subir y bailar como una stripper pues un poco más me dejaría hablar con él si que me hiciera pipi en las bragas.
El chico con el que hablaba hace un rato se me acerco de nuevo para hablarme. -¿Segura que no eres bailarina de pool dance? – Pregunto el chico con cierta picardía en su voz.
Negué con la cabeza y le palmee el pecho. – No y ahora discúlpame que tengo otros asuntos que ocupar.
Me aleje del chico por segunda vez en toda la noche, pero cuando iba a subir las escaleras para llegar al V.I.P y al fin encontrarme con Edward, una chica se me adelanto.
Rubio, voluptuosa y bastante hermosa.
De nuevo mi corazón se detuvo, yo conocía a esa chica y con el simple hecho de que ella también subiera a la segunda planta revelo mucha de mis sospechas, dejando de lado la loca idea de hablar con Edward hoy, deje que la chica subiera.
Era tan triste comprobar eso, me oculte tras las escaleras y pocos minutos después ellos bajaron, ella enganchada de su brazo, ni una pareja de novios, platicando.
Busque mi bolso y me dirigí al baño dejándolos que hicieran ellos de las suyas, cerré la puerta con seguro y me quite la peluca, dejando soltar mi cabellera, lave mi rostro con agua hasta que ni una pisca de maquillaje quedara grabada en mi rostro, me cambie la ropa poniéndome de nuevo mis Jeans y mis camisetas y con la peluca en mi mano Salí del baño.
Los encontré platicando, sentados en el mini bar, sus bocas demasiado cerca y se susurraban cosas que hacían que la cara de ella hiciera una enorme "O" con la boca. ¿Qué cosas sucias le estaría diciendo?
Con el temor de que me descubrieran pase muy cerca de ellas, mezclándome con la multitud que había allí.
Logre salir de ese bar y aunque un poco triste no podía negar que estaba bastante feliz, al menos había hecho que el no creyera que era solo su imaginación.
Tome un taxi y le indique una dirección cerca de mi casa, en todo el trayecto no podía dejar de pensar en él y la chica y me llenaba de coraje solo de recordarlo.
Pero yo ya lo sabía, el era un imbécil, mujeriego que partió de nuevo mi corazón.
Le pague al conductor y camine, sin prisa por el parque, que ya estaba solo y si estuviera cuerda y sobria sabría que era peligroso pero no me importo.
Al llegar a casa, sin hacer el menor ruido posible, abrí las puertas de la casa entrando en ella, pero de un momento a otro la luz se encendió y salte del miedo, lleve mi bolso hacia atrás y lo deje caer ocultándolo entre las cortinas.
-¿Bella, que haces despierta a estas horas? – Pregunto Charlie con preocupación.
Espabile varias veces y divagué en mi mente para poder buscar una buena explicación. – Estaba en el jardín. – Explique pero que estúpida, ¿En el jardín? Eso ni yo misma me lo creería.
Renee frunció el ceño. - ¿Qué hacías allá vestida así? Hace un rato te vi en pijamas.
Tosí un poco y mi padre frunció el ceño. - ¿Estabas fumando? – Su pregunta sonó como una afirmación, me puse colorado y reí nerviosa. - ¿Qué hacías Bella?
Negué con la cabeza. – No fumo, Charlie. – Explique. – Solo tomaba aire. – Camine hacia ellos pero antes de hacerlo con el pie escondí mas el bolso detrás de las cortinas. – Pero ahora si me retiro a dormir. – Le di un ligero beso a mi padre en la frente y uno a mi medre en su mejilla y Salí del lugar, me recargue contra la pared tomando un poco de aire.
Los escuche hablar. - ¿Tu le crees? – Esa era mi madre.
-No. – Respondió mi padre serio y molesto al mismo tiempo, mañana enfrentaría su furia pero por ahora no me intereso escuchar mas, subí las escaleras y me encerré en mi cuarto, me cambie de ropas y me acosté en mi cama, saqué la fotografía de Edward y comencé a llorar.
Maldito cabrón, pensé mirando a la fotografía y me quede a observarla por un buen rato, extrañando esos labios que una vez me besaron.
Cuando ya estuve completamente segura que ya mis padres se habían retirado a sus habitaciones, Salí de la mía y busque mi bolsa en la planta baja.
La tome y saque la peluca de allí y la contemple un buen rato, llorando aun, recordando como Edward si quería al otro yo y a mí no.
Maldito cabrón. – Repetí de nuevo, pero esta vez en voz alta y me retire a mi habitación para así ya, poder dormir.
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