Keblinger

Keblinger

CU - Riesgos al descubierto.

| sábado, 23 de abril de 2011
Cheap universe.
Diclaimer: Solo lo que no conozcan es mío xD

Summary: Bella es una chica millonaria, pudorosa y sujeta a las reglas. En su aniversario número 3 ella descubrirá que su actual novio: Edward Cullen le era infiel, después de esto Bella descubrirá un alter ego transgresor que vive dentro de ella y todo para vengarse.


Riesgos al descubierto.
Bpov.




Tratando de no hacer ruido alguno, acomode las almohadas para que pareciese que seguía allí, dormida. Saque de mi mesita de noche una linterna y me coloque mis pantuflas rosas, abrí la puerta y me asegure de que Alice siguiera en su lugar. Mire a ambos lados y me adentre a la oscuridad del pasillo de la segunda planta. Con cuidado, baje las escaleras y tratando de no tropezarme o algo así llegue a la cocina, y luego por la puerta trasera Salí al jardín.

Todo estaba silencioso.

No había ruido alguno y la casita de empleados donde dormían algunos de ellos solo tenía una luz encendida. Damon se duchaba, eso era perfecto. Solo tenía que rogar para que la puerta de su habitación no tuviese pestillo.

Tome el pomo de la puerta y con el corazón en la mano me metí a su habitación, todo estaba oscuro y solo se escuchaba el agua caer del baño. Tome una gran bocanada de aire y le puse seguro a la habitación, me retire las pantuflas y me acosté en su cama.

Ojala y no sea esto un error.

Pasaron varios minutos antes de que el agua dejara de caer, la puerta del baño estaba entre abierta y desde allí podía ver su anatomía distorsionada por el vidrio del baño. El chico, desde mi perspectiva, no estaba tan mal.

Volví a tomar aire y note como el sacaba una mano para tomar la toalla que estaba a un lado, la envolvió en su cintura y salió. Mi corazón latía a mil por hora pero creo, solo creo que hacia lo correcto.

Su reloj marcaba las dos y cuatro minutos de la mañana. La luz del baño se apago y él se asomo por la puerta. Con voz sumamente ronca y enojada hablo. – ¿Tu qué haces aquí?

Ok, Que excelente pregunta ¿Yo que hago aquí? De nuevo tome aire y suspire tratando de ser lo más natural posible. Mordí mi labio porque en la oscuridad se veía mucho más sexy, las gotas de agua resbalando desde su cabeza hasta perderse entre sus caderas resbalando por su abdomen y oh, Dios. Yo tengo que provocarlo, no él a mí.

Concéntrate Bella.

Lo mire a los ojos que solo emanaban pura confusión y tratando de simular una voz sexy, le dije: – ¿Tu qué crees que hago aquí? – Se quedo callado, solo mirándome, trate de ser sexy jugando con la piel descubierta de mis pernas. Jugando suavemente con mi piel y mirándolo fijamente a sus ojos. – Y… ¿Entonces?
Estaba confundido, eso era obvio.

Negó levemente con la cabeza. – No sé, dime tú. ¿Que quieres?

Encendí la linterna y apunte la luz hasta su cara. Mordí mi labio, sus facciones eran perfectas y su cabello mojado era demasiado sexy. – Quiero jugar un rato. – Dije con voz inocente, o al menos así tenia que sonar.

Empecé a recorrer con la luz de la linterna todo su cuerpo, el apretó el agarre de su toalla cuando llegue a esa zona de su anatomía. Mordí mi labio.

– ¿Jugar conmigo o quieres que tu madre me saque a patadas?

Me encogí de hombros. – René no tiene porque enterarse.

Y era verdad, mi madre no tenia porque enterarse de esto, luego vería la manera de hacer que lo corrieran pero esto era un asunto personal, algo que debía de experimentar ya mismo si quería que Edward volviese conmigo… Tenía que aprender a hacer más atrevida o algo así.

El me sonrió y negó. – Mira niña, parece como si no conocieras a tu madre. Ella tiene un radar que lo detecta todo…

– Todo. – Repetí para interrumpirlo al momento que guiaba la luz hasta su miembro.

– Todo. – Continúo él. – Y por si no lo sabías tengo prohibido el contacto contigo.

Me levante de la cama y camine hacia él. Lo deslumbre con la luz al ponerla contra su cara. Me encogí de hombros de manera inocente. – ¿Tienes miedo?

Giro su rostro. – No, miedo no tengo. Es que no quiero perder mi trabajo y eso es diferente a tener miedo.

Continúe jugando con la luz y tome su mano, me acerco a su rostro y cuando estuvimos a escasos centímetros, tantos que nuestras bocas se rozaban hable. – Pero… Si somos discretos, nadie tiene porque enterarse.

Cerré mis ojos y jugué con nuestra cercanía, el no movía ni un solo musculo y estaba muy tenso, nuestras respiraciones se chocaban y cuando pensé que era suficiente tortura y decidí besarlo de una buena vez, escuche un murmullo. Me separe de el de inmediato.

– Hay alguien afuera. – Susurre un tanto asustada.

Me pegue contra la pared y agudice mi oído para escuchar quien había hecho ese murmullo.

– Estamos tratando de averiguar quién está allí con Damon. – Susurro Victoria pero no tan bajo porque yo y Damon pudimos escucharla perfectamente.

Lo mire a él, tenía una sonrisa de diversión pegada en su cara, mientras que yo me estaba cagando de el miedo. No estaba en mis planes que alguien nos escuchara, descubriera o algo. Yo quería ser discreta y solo tener una experiencia para poder regresar con Edward. Cerré mis ojos y me pegue más contra la pared para ver si escuchaba algo más.

– Pero si aquí estamos todas. – Esa fue Alice.

Hubo silencio, mi corazón era lo único que ahora escuchaba que resonaba por mis oídos.

– Ósea que la que está allí adentro con Damon es…. – Lauren dejo la frase en el aire. Ya se habían dado cuenta que la que estaba allí adentro era yo. La santita de Isabella Swan.

– No… No, no, no. – Empezó a negar Victoria.

– Bella. – Dijo Alice con un chillido. Cerré mis ojos y una lágrima resbalo por mi mejilla. Me acurruque más contra la pared.

– Me parece que la que ahora tiene miedo eres tú. – Susurro Damon en mi oído. Me limpie la pequeña lagrima y sentí su cuerpo detrás pegado contra mí. Tal vez si había podido seducirlo así que una sonrisa de satisfacción recorrió mi rostro y me gire lentamente para encararlo.

Mordí mi labio y pegue mi rostro al suyo, tenía la boca entre abierta y los ojos cerrados. Lo empuje hasta hacerlo caer en la cama. Se apoyo en sus codos y me miro a los ojos.

– A mi nada me da miedo. – Asegure.

Lentamente me acomode sobre él, apoyándome con mis rodillas sobre la cama, justo encima de Damon. Podía apreciar su ya gran bulto sobre la toalla que era la única tela que lo cubría y su boca seguía entre abierta y el aun estaba mirándome a los ojos. Acomode mi cabello y lo coloque en uno de mis hombros, el calor de la habitación se estaba haciendo insoportable y nuestras respiraciones se volvían erráticas cada vez que pasaban los segundos.

– Me gustan las mujeres que no tienen miedo.

Bese su pecho desnudo, recorriendo con mi mano su espalda. El bulto en su entrepierna era bastante obvio así que levante mi rostro y lo mire, con mi mano llegue al nudo de su toalla y la abrí. Su anatomía era perfecta, su tamaño era adecuado aunque un poco más grande y no me quejo. Su mano cobro vida y empezó a masajear mi pierna de arriba abajo llegando hasta mi cintura y luego bajándola creando una fricción terriblemente insoportable. Acerque mi rostro al suyo pero no lo bese. Guie mi boca a su cuello y allí me entretuve un poco.

El jadeo.

Con mi lengua delinee su cuello y lo mordí varias veces, ganándome a la vez gruñidos de excitación de su parte. No estaba muy segura de hacer el trabajo bien pues era inexperta cuando hablamos de sexo pero por lo que veía en su rostro y por los sonidos que hacia creo que al menos lo estaba intentando y lo hacía bien.

Una de sus manos llego a uno de mis pechos. Cerré los ojos ante su contacto. Ningún hombre había tocado ese lugar prohibido antes y aunque toda mi vida siempre fantasee con que fuese Edward quien lo hiciese primero, el contacto de mi querido guardaespaldas no estaba tan mal. Con lentitud, una vez más, lleve mis manos a su dura y firme erección. Yo ya no actuaba por pensar si no por instinto y lo único que pude hacer fue apretarlo un poco, ambos gemimos ante lo que había hecho y aunque me asuste un poco no me detuve. El hizo su cabeza hacia atrás gozando de lo que yo, inexpertamente le hacía a su miembro y a pesar de que me estaba muriendo de la vergüenza, continúe jugando con su duro pene. Apreté poco a poco mi mano en la base de su longitud y un gruñido grave salió de su garganta. ¿Lo estaría haciendo bien? El asintió con la cabeza al notar que me había tensado con aquella actividad por lo que me alentó para que continuara. Su cara orgásmica era demasiado sexy, sus ojos cerrados ante mi contacto y perdido disfrutando de mis caricias, al menos me animo un poco.

Un tanto más segura lo hice varias veces y deslice mi mano por todo su extenso y grueso falo que cada vez crecía más. Baje y subí varias veces y al parecer le gustaba porque sus leves gemidos que se perdían en el unisonó me lo comprobaban. Lleve una mano a sus testículos y empecé a masajearlos un poco, con mis dedos jugué con ellos, apretándolos suavemente y dándole la misma atención a cada uno, dándoles un cálido masaje mientras que mi otra mano aun no dejaba de subir y bajar por su masculinidad.

–Oh si señorita. – Jadeo. – Siga así.

Mordí mi labio al escuchar su voz gruesa y ronca, sentía mis bragas totalmente mojadas ¿Eso acaso era normal? El llevo sus manos a mi blusa y la levanto un poco, lo ayude y me deshice de mi pijama. Ahora solo tenía mi sostén para cubrir la parte de arriba de mi cuerpo. Sus ojos tenían ese brillo único y de nuevo pase mi cabello hasta el otro hombro. Sus dedos hacían suaves masajes sobre mi ombligo dirigiéndose a mi espalda y abriendo el broche de mi sostén. Gemí y creo que lo hice fuerte porque el tapo mi boca con una de sus manos. De sus gruesas y masculinas manos de guardaespaldas.

Las discusiones de las chicas continuaron y podía escucharlas perfectamente. Damon susurraba cosas pero yo no le hacía casa. El se apodero de mi cuello y me abrazo. Respire de su aroma que era malditamente embriagador. Madera, lavanda y sudor. Si, ese era su maldito olor, demasiado masculino.

Aun mis pechos no estaban desnudos y con dificultad trate de deshacerme de mi sostén mientras él se entretenía con mi cuello, jadee y cerré más fuerte mis ojos al sentir su lengua hacer círculos contra mi oreja.

– Esto tiene que saberlo su madre. – La voz de Jessica me saco de mi burbuja. Empuje a Damon y mire hacia la puerta y luego lo mire a él de nuevo. Trague en seco y me baje de su regazo. El tapo de inmediato su desnudez con la toalla de nuevo. Con dificultad abroche mi sostén y busque mi blusa que estaba sobre su cabeza. El me la tendió y yo molesta la tome y me la puse enseguida.

Me baje de la cama y tome mis pantuflas al igual que la linterna. Con poca seguridad abrí la puerta y con la mirada en alto Salí de la habitación. La cara de las chicas era indescriptible pero no me detendría a explicarles o lo que sea que ellas quisieran. Solo quería ir a mi habitación y quedarme allí un buen rato, sin que nadie me preguntara que coños había hecho porque ni yo misma sabía.

Por poco perdía mi virginidad con un vulgar y sexy guardaespaldas.

Camine hasta mi habitación, con el paso normal. No escuchaba a ninguna de las chicas detrás de mí por lo que no me apure. Cuando llegue a mi habitación, tome la sabana y me tape de pies a cabezas tratando de que quizá, la cama me tragara o algo por el estilo.

¿Qué mierdas había hecho? ¿Estaba loca o qué? Con solo recordar la burrada que había hecho me daban ganas de gritar ¿En que estaba pensando? No quería perder mi virginidad con cualquiera, siempre había pensado que eso era algo sagrado, algo por lo que cualquier esposo espera de regalo en su noche de bodas o algo por el estilo.

Cualquier que fuese a hacer mi esposo, sea Edward o no. Con ese es con quien tengo que perder mi virginidad y punto.

Pero es que ¿De dónde había sacado el valor para comportarme de esa manera tan arrebatadora? Por lo general yo no soy así, para nada. Tal vez eso de creerme una chica de bar que baila puras canciones vulgares era algo muy distinto a ser una prostituta. Una de esas chicas que se acuesta con cualquiera que se le aparece en el camino.

No, Isabella Marie Swan no era así.

La puerta cerrarse y el sentir que alguien se acostaba a mi lado me hizo sacar de mis cavilaciones. Cerré los ojos fuertemente, esperando lo inevitable. Baje lentamente la sabana y solo abrí un ojo. Si, Alice me miraba con el ceño fruncido.

– ¿Y qué paso? – Solo pregunto en un susurro, mirándome.

Respire pesadamente y me senté. – Nada paso.

Se encogió de hombros y volteo los ojos. – Ok, eso pasara cuando tenga que pasar.

–No sé de qué me hablas.

– ¡De las necesidades Bella! – Dijo un poco enojada. –De las necesidades físicas.

Mi corazón empezó a latir a mil por segundo, negué con la cabeza y trague en seco. – Sigo sin entender, Alice.

–Bella, necesidades físicas… – Meneo levemente la cabeza tratando de darme a entender de qué clases de necesidades físicas hablaba.

–Yo no tengo ninguna necesidad. –Mentí.

–Bella, podrás engañarnos a todas pero a mí no por favor. – Se acostó en la cama y me dio la espalda. – Pensé que era tu mejor amiga. – Murmuro.

Suspire y cerré los ojos. Si, ella tenía razón. Era mi mejor amiga y tenía derecho a saberlo todo. – Nada de nada. Solo nos besamos y ya. Tú sabes que eres mi mejor amiga, te lo diría todo.

Se giro lentamente y enarco una ceja. – ¿Segura?

–Sabes que yo no miento Alice.

Asintió con la cabeza y me miro por unos cuantos minutos tratando de leer mi mente o algo así para averiguar si mentía o no. Era absurdo, yo no miento nunca y no lo hacía. Pienso que omitir no es mentir ¿O sí?

Me recosté en la cama, tome una almohada y la abrace cerrando mis ojos al instante y dejándome llevar por mi estúpida y traicionera conciencia que siempre me sacaba en cara mis estupideces y a veces resultaba ser peor que la misma Alice.

A la mañana siguiente todas desayunamos junto con mi madre en el comedor, mi padre había salido temprano para su despacho mientras que mi madre, como siempre se había quedado en casa, esperándome para desayunar. Los comentarios sarcásticos de las chicas no se hicieron esperar, yo solo estaba deseando ahora mismo que la mismísima tierra me tragara y me llevara de una buena vez de este universo barato.

–Yo dormí muy bien anoche. – Comento Jane mientras le untaba mermelada a su tostada. – Pero no sé, a lo mejor hay alguna que esta desvelada.

Lauren rio a lo bajo y continuo con el comentario de Jane pero esta vez mirándome a mí, baje mi rostro ante su penetrante mirada. – Es cierto, yo creo que alguna no durmió a noche…

–O tuvieron pesadillas. –Interrumpió Victoria.

Tome de mi vaso de jugo y me quede observando aquel líquido todo el tiempo mientras que mi cara se teñía de un leve color rojo, gracias a mi inoportuno sonrojo.

–Oh, hay muchas sonámbulas.

Todas rieron incluyendo a Alice y pude sentir la mirada de mi madre puesta en mí. Mordí mi labio y cerré mis ojos esperando algún comentario más.

–Yo me vi una película de Sonámbulos. – Comento de nuevo Jane, me golpeo levemente con el codo a un costado, llamando mi atención. – ¿Verdad, Bella? Así cabello negro, sexy y bastante musculoso.

– ¿Me quieren decir de que están hablando? – Pregunto mi madre con una sonrisa en su cara, me miro a mi y yo baje una vez más mi rostro, hundiéndolo en mi comida. ¿Genial, que le diría ahora? – ¿Paso algo anoche? – Insistió.
Su mirada intensa me hizo sonrojarme más, recordar mi aventurita de ayer con Damon me hacía sentir tan avergonzada y no se lo iba a contar a mi madre, para nada. Trate de ocultar mi rostro con mi cabello y mordí mi labio otra vez y creo que demasiado fuerte porque ya empezaba a dolerme.

–Permiso. – Dijo esa voz aterciopelada a mis espaldas, esa voz que tanto reconocía y tanto amaba.
– ¿Edward? – Me voltee levemente para observarlo, con su traje negro completamente y con una camisa azul por dentro que lo hacían ver tan lindo y deseable. Emanando por cada poro de su cuerpo un toque de responsabilidad y encanto que no solo yo podía darme cuenta, si no mi madre y las chicas también porque todas, a excepción de Alice, claro. Babeaban.

–Que pena la interrupción. – Se disculpo y el, como siempre desde que terminamos, me ignoro por completo. – René. – Saludo a mi madre y se acerco a ella para tenderle su mano. Nunca me miro a mí, ni siquiera aunque lo tuviese allí tan cerca.

–Oh si Edward, estaba esperando por ti. – Mi madre se levanto y camino fuera del comedor. – Vamos al despacho, por favor.

El se giro y con asentamiento de cabeza saludo a todas y cuando nuestras miradas se encontraron su rostro no demostró ningún sentimiento, nada. Y eso me hizo sentir terriblemente mal.

Triste me reincorpore en la mesa y mire mi plato medio lleno aun. ¿Qué tendría que hablar Edward con mi madre? No entendía nada y… ¿Por qué me había tratado de ese modo? ¿Por qué me había ignorado por completo frente a todos?

– ¿Sera el karma, Bella? – Pregunto Jessica.

No la mire y me encogí de hombros. – ¿Qué querría Edward hablar con mi madre? – Murmure en voz alta.

–Tal vez fue a pedir tu mano en matrimonio.

Mi corazón se agito un poco y mire a Alice quien fue la que hizo aquel comentario. ¿Seria posible? ¿Seria verdad la posibilidad de que Edward fuese a pedir mi mano en matrimonio?

Sonreí.

–Y pensar que por poco le metes los cuernos. – Dijo Victoria un tanto molesta. – Y ¡zapp! De una se aparece.

– ¿No será que te puso un chip allí abajo? – Pregunto Jessica señalando debajo de la mesa refiriéndose a lo que todos sabemos. – ¿Se imaginan? Con camarita y todo.

Todas se rieron. ¿Acaso eso tenía algo de divertido? – ¿Pero cómo? ¿Estáticamente o que? Recuerda que esta nuevo y sin usar. – Dijo Victoria mirándome, respire hondo porque la verdad necesitaba de todo mi autocontrol para no arrancarle los ojos a esa perra malnacida. – Debe traer aun el plastiquito y todo.

–Ustedes no respetan nada. – Trate de defenderme pero ellas aun seguían burlándose de mí.

Alice me tomo la mano y les ordeno a todas a que se callaran. – Bella yo creo que Edward vino porque te extraña y quieren que vuelvan. – Chillo a lo último y no pude evitar sonreír ante esa posibilidad.
Victoria se carcajeo y entrecerró los ojos. – Soñar no cuesta nada Bella.

– ¡Victoria ya! – Le grite enojada y la mire, ella solo trataba de retarme con su mirada, gire mi rostro. – Si y dejen ya sus chistecitos porque aparte nos pueden oír.

– ¿Edward o Damon? – Grito Victoria con una sonrisita estúpida en su rostro, retándome de nuevo.

–Con Damon no paso nada. – Trate de explicar pero todas se echaron a reír como si yo estuviera mintiendo o algo.

–Claro que no paso nada. – Dijo Lauren. – Porque llegamos nosotras a arruinarte el pastel porque o si no… Te hubieras dado un banquete.

De nuevo todas rieron mientras que yo trataba de ignorarlas a ellas y sus comentarios ridículos. A ver ¿Quién rayos se creían ellas?

No mas termine de comer, recogí mi plato y lo lleve a la cocina. Damon y una de las empleadas más jóvenes discutían muy cerca, tan cerca que pareciese otra cosa. Carraspeo mi garganta para separarlos un poco y me cole entre los dos para separarlos.

–Es jornada de trabajo. – Le advertí a la empleada mirándola a los ojos. Me gire y mire a Damon que tenía su cabeza gacha evadiendo mi mirada. – Y tú prepárate que vamos a salir.

Iba a abrir su boca para hablar pero me apresure y Salí de la habitación, hoy pensaba salir de nuevo al club. Camine hacia el baño para lavarme los dientes y las manos pero sin querer pase por el despacho de la casa donde estaban mi madre y Edward. Me acerque un poco para tratar de escuchar algo pero no lograba hacer nada.

–Así no se hace, Bella. – Dijo Jessica a mis espaldas pasando por mi lado y acercándose también a la puerta. – Escuchar un buen chisme es casi un arte.

–Aprende Bella. – Dijo esta vez Jane que también se puso junto a mí para escuchar.

Rodee mis ojos y me pegue a la puerta. No escuchaba nada de nada. Malditas puertas de madera de roble. La puerta abrirse nos asusto a todas.

Mi madre con una cara divertida nos miro a todas. Puso una mano sobre su cintura un tanto más seria. – ¿Qué hace ustedes aquí? ¿No se supone que deben estar en la mesa desayunando?

–Ya terminamos. – Respondió Jessica. – Solo pasaba por aquí para ir al baño.

Jane asintió con la cabeza y las dos se fueron juntas, mi madre me miro y arqueo una ceja. Trague en seco. – Yo… Em, hacia lo mismo. – Balbucee nerviosa. Ella negó con la cabeza y salió de la habitación. Edward la siguió y se puso al frente de mí, solo me miro y se marcho.

¿Por qué carajos me hacia esto?

Me bañe y me puse unos jeans y una blusa verde con estampados de flores y unas botas negras. 
Todas las chicas se vistieron a su modo. Yo ya estaba lista para ir al club, no sé si ellas ya se iban pero yo tenía mis propios planes. Mi madre nos esperaba en la sala a todas y eso era algo extraño pero sin refutar me senté en uno de los grandes sillones a esperar que hablara ya de una vez.

–Hoy saldremos de compras. – Explico mi madre. La verdad no sabía que había de nuevo en eso, por lo general compraba ropa siempre. Alice aplaudió emocionada. –Todas…

–y… ¿Qué tenemos que ver nosotras con eso?

Mi madre le sonrió a Jane. – Muy pronto tendremos una reunión muy importante y ustedes como amigas de Bella, están invitadas.

Todas se pusieron contentas. – ¿Es enserio eso señora Swan? Quiero decir… Muchas gracias por la invitación pero nosotras no queremos hacer sentir incomoda a Bella. – Todas me miraron incluso mi madre.

–Ella no estará incomoda ¿O si, cariño?

Negué con la cabeza. ¿Acaso importaba mi opinión? – No.

Todas celebraron y por sus caras estaban contentas, rodee los ojos y suspire. – Por eso quiero que todas acompañen a mi hija y de paso escojan un vestido para ustedes. – Explico René. – La casa invita.

–Bueno ya. – Dijo Alice levantándose de su asiento. – ¿Nos dejaras así René?– Años de confianza de Alice y mi madre no eran para nada buenos, la fulmine con la mirada pero ella me ignoro por completo. – Apiádese de su hija.

– ¿A que te refieres? – Pregunto mi madre confundida.

–Ya díganos de una vez señora Swan… ¿Para que vino Edward? – Soltó Victoria de una.

–Vino por mí, ¿No es cierta madre?

Ella negó con la cabeza y por la cara de Victoria pude notar que ella estaba más que celebrando por dentro. – El vino fue por tu padre. – Fruncí mi ceño y me decepcione la verdad me estaba haciendo grandes ilusiones con alguna reconciliación.

Me levante de mi puesto y me fui directo al baño. Lave mi cara y me fue inevitable recordar la escena con Damon, sus caricias sobre mi piel y de cómo por poco me entrego a ese hombre. Tampoco me fue inevitable recordar como Edward me ignoro esta mañana. Su forma de tratarme me hacían sentir tan vulnerable y con ganas de explotar de una buena vez. Me observe por un buen rato en el espejo del baño y observe mi cara, un tanto mojada por el agua y deje brotar lagrimas por mis ojos ¿Acaso el no se daba cuenta que me hacía daño? Era terriblemente horrible y lo odiaba por hacerme sentir así, lo odiaba por hacerme llorar y lo odiaba por hacerme seguir queriéndolo. En verdad lo odiaba.

Tal vez valla siendo hora de que en verdad valla poniendo mis cartas sobre la mesa y empiece a jugar sucio, como él lo estaba haciendo aunque no sabía si conmigo misma o con mi alter ego. Lo único de lo que si estaba completamente segura es que jugaba con fuego y de que tarde o temprano me iba a quemar.

Creo que estoy lista para correr el riesgo…

SIGUIENTE CAPITULO...

1 comentarios:

Anónimo at: 27 de junio de 2011 a las 12:25 dijo...

Amo los gif!

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