Cheap universe.
Diclaimer: Solo lo que no conozcan es mío xD
Summary: Bella es una chica millonaria, pudorosa y sujeta a las reglas. En su aniversario número 3 ella descubrirá que su actual novio: Edward Cullen le era infiel, después de esto Bella descubrirá un alter ego transgresor que vive dentro de ella y todo para vengarse.
Lencería para un corazón roto.
Bpov
Normalmente cuando las personas están tristes, no hacen nada. Se limitan a llorar. Pero cuando su tristeza se convierte en indignación, son capaces de hacer cambiar las cosas.
..
Apague el celular y me dedique a escuchar la predica del padre, hoy era sobre la infidelidad y los pecados capitales. ¡Genial! ¿Dios, me están enviando una señal? ¿Esta charla es por mí, no es así?- Pensé... Pero, ¿Dios acaso tenía la culpa de que yo fuese tan ciega y de que nunca me hubiese dado cuenta de nada? El siempre me envió señales y nunca las vi, pero yo nunca fui mala hija, ni mala estudiante, ni mala cristiana, siempre fui educada, pudorosa y obediente con todos. ¡Yo no merecía esto!
A cada rato miraba mi reloj solo para que esta plática acabara rápido, sentía que me clavaban una gran estaca por la espalda, un golpe bajo, recordando lo perra y descarada que fui aquella noche.
-Dios es el único que sabe todo, TODO en esta vida. – Dijo el padre mirando a todos los allí presente, su mirada se encontró con la mía y yo baje mi rostro rojo de la vergüenza.
Trate de distraerme con cualquier cosa, tome la biblia y la abrí, me dedique a leer lo primero que vi.
"El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?" Jeremías 17:9
¡Maldición, Dios! ¿Ya es suficiente, no?- Maldijo mi cabeza.Debe ser una señal ¿Pero de qué? ¿Qué clase de señal puede ser esa? ¡Yo lo amo! Eso está más que claro pero... ¿Porque? ¿Por qué me lo hizo? ¿Por qué jugo así con mi corazón? Con lo único que yo completamente le di y el solo jugó con él, como un niño de 5 años el cual acaba de dañar su juguete de colección y solo bastaba con que llorara para que su papi le diera uno nuevo.
¿Acaso era yo un simple y vulgar juguete para él? Todo este tiempo que compartimos y solo fui su juguete.
Maldito, maldito, maldito.
-¡Bella! – Llamaba mi madre. ¿Tanto tiempo estuve sumergida en mis pensamientos? Cuando me levante de mi lugar ya no había nadie en la iglesia, solo yo sentada y mi madre a mi derecha. - ¿Estas llorando? – Me vio con cara de preocupación.
Lleve una mano a mis ojos para comprobar su pregunta, y si lo hacía, limpie la lágrima que caía por mi mejilla de inmediato. – No Renne, es solo alergia.
-Vas a ir a confesarte, ¿No es así? – Dijo con un tono autoritario en su voz. Mi madre era una mujer muy pulcra y entregada a Dios, así que desde pequeña me había enseñado que estar en paz con Dios era el mejor camino para mí, y que el mejor tesoro que se podía tener en esta vida era el poder llegar al cielo.
Bien, si el cielo existe, definitivamente este no lo era. – Si lo hare Renne.
-Entonces ve. – Me ordeno.
Me acomode el vestido y fui hasta donde estaba el padre organizando las cosas. – Padre. – Hice una pequeña reverencia. – Perdone la molestia pero vine a confesarme. – El asintió con la cabeza y se fue caminando, dándome a entender que lo siguiera y eso hice.
El padre y yo entramos en el confesionario, yo tome asiento en la banquita de afuera mientras él se preparaba adentro de la cabina.- Dios te escucha pequeña.
Tome un gran respiro y cerré mis ojos, de nuevo las imágenes de yo en el bar con Edward y de el besando a otras chicas inundaron mi mente. – Padre, he pecado. – Confesé. No dijimos nada y yo me tome mi tiempo, con el dolor de mi alma y mi corazón partido en miles de pedazos, confesé mis pecados. – He pecado contra la carne. He mentido y he deshonrado a mis padres.
-¿Qué has hecho, joven Bella? Es un milagro en ti porque desde que soy padre de este pueblo, siempre has sido una chica muy ejemplar, me extraña ese comportamiento. – Dijo el padre.
Suspire de nuevo pero esta vez con más dificultad. – Lo sé, pero el fin justifica los medios.
-Para Dios padre no es así. – Corrigió. – Cuéntale a Dios padre lo que has hecho.
Mordí mis labios y lagrimas empezaron a salir de mis ojos. Últimamente lloraba mucho, antes me consideraba la chica más feliz del mundo, soy millonaria, tengo una gran familia y tenía el amor de Edward. Pero ya nada de lo anterior me importaba. – Si no tengo a Edward, simplemente me muero. – Dije aquel pensamiento en voz alta, es obvio que el padre escucho aquella confesión y se removió en su lugar. – Quiero decir, me he enterado que él me es infiel y yo, he hecho cosas que nunca debí hacer.
El hombre murmuro cosas que no logre captar. - ¿Y te arrepientes de eso? – Dijo al fin con voz clara.
-No. – Dije con voz firme, y no me sentí mal por haberlo confesado, sentí que un gran peso fue desprendido de mis hombros. No mentí, la verdad no me arrepentía de todo aquello y me sentía bastante orgullosa.
El carraspeo su garganta. – Viendo la gravedad del asunto. – Hubo silencio. – Debes hacer 2 ave marías y 5 padres nuestro para que tu pecado sea absuelto por completo y prometer no volver hacerlo.
No estaba muy segura de lo último, me había prometido a mi misma no dejarme manipular nunca más, no seguir siendo aquella chica tonta e ingenua que ahora quedo atrás, pero valía la pena intentarlo. Yo no quería perder a Edward y le daría lo que él buscaba pero primero tenía que averiguarlo y si por ahora lo tenía compartido que así fuese porque al menos lo tenía para mí. – Lo prometo. – Dije al fin, la realidad es que no sé como hice eso, pero algo en mi voz y en lo poco que quedaba de corazón y de conciencia que me quedaba, no estaba muy segura de esa promesa que acababa de hacer con Dios.
Ya mi vida no era el cuento de hadas que siempre imagine que algún día podría ser y era mejor que las cosas solo fluyeran.
Me levante de mi lugar y Salí del confesionario, encontré a mi madre en la puerta platicando con algunas personas, me puse a su lado y le dije que ya estaba lista para retirarme.
Conduje en silencio, ella nunca hablo, yo nunca hable y no me intereso hacerlo, y fue el mejor viaje de regreso a casa que pudimos haber hecho.
Al llegar a mi casa me encerré en mi habitación, me acurruque en la cama y me quede pensando en todo lo de esta mañana. ¿Siempre pienso, no? ¿Por qué tengo que hacerlo? No debo hacerlo, ¿Por qué? ¿Por qué aun seguía con él? ¿Por qué aun pienso en él? ¿Por qué maldita sea me sigue importando? Saque de debajo de mi almohada una foto de él, guapo como siempre, no recuerdo cuando se la había tomado, porque a él no le gustaban de a mucho las fotos y me quede observando sus ojos, tan verdes e intensos, su boca que besaba tan bien, valla que la sabia usar y debo admitir que era una adicta a sus besos, a sus caricias, a sus palabras, a todo del. Pensar que alguna vez tal vez, solo tal vez, si le interese algo, que si me amo y que apenas solo había sido débil una vez y no había llegado a la reunión, solo por debilidad.
Maldita debilidad, yo quería que de nuevo el me mirara solo a mí, me besara solo a mi o alguna mierda que él me hacía.
Pensar en sus besos y en sus caricias me había dado hambre, de una rara manera. Mire el reloj de mi pequeño nochero y sin darme cuenta ya eran más de las cuatro de la tarde. ¿Tanto me había quedado pensando?
Baje las escaleras y mi casa estaba sola, no había nadie en la planta baja y por lo general siempre estaba llena de empleadas y mucamas que hacen la casa, abrí un poco las ventanas ya que la casa se encontraba algo oscura, al abrir las ventanas me di cuenta que era más tarde de lo que pensé. ¿Qué demonios?
Deje de lado todo ese sentimiento de que algo no estaba bien y me deje llevar por mi hambre, Entre toda la oscuridad de la cocina, logre llegar viva y sin tropezar al refrigerador y lo abrí para buscar algo dulce y delicioso para saciar mi hambre pero no había nada dulce allí. No lo suficiente para mí.
Busque más a fondo hasta que encontré crema batida entre la puerta lateral del refrigerador, me lleve un poco a la boca y sabia bastante bien. Mmmm… ¡Estoy pecando, lo sé! Pero al diablo mi dieta, ¿Nadie se enteraría o sí? Yo no le diría a nadie, sería otro de mis muchos secretos.
Cerré la puerta del refrigerador y me apoye contra esta, en completa oscuridad me lleve de nuevo de esa crema a mi boca. De verdad, este dulce quitaba de mi todo pensamiento estúpido, absurdo y sobre todo fuera de él.
-¿Bella? – Dijo una voz ronca y masculina en frente de mí, desvié mi mirada de donde sea que estuviese mirando hacia donde provenía aquella voz. No veía nada, la oscuridad de la cocina, no dejaba ver nada. De un momento a otro esa persona encendió una pequeña luz dejándonos a él y a mí en descubierto.
El vestía un traje negro, bastante informal con su camisa entreabierta. Se veía endemoniadamente sexy, mientras que yo… ¿Un encaje rojo, prácticamente trasparente? ¿Qué mierda? ¡Esto es un sueño, es un sueño, un maldito sueño! Me gritaba mí su cociente. Ahí no, ¿hasta mi subconsciente aparecía en mis sueños?
El se acerco mas a mi dejando pocos metros entre nosotros, en un acto reflejo me apegue mas a la puerta del refrigerador, sus ojos técnicamente me comían y en ellos había algo de deseo y lujuria y creo que en los míos también. Se recargo contra una pared o yo que sé y yo sin saber qué hacer, mire el pequeño envase de crema de batida que aun seguía intacto, solo había comido de el pocas veces pero… ¿Comer? ¡Idea, idea, idea! Alardeaba mi estúpida mente, y si era una idea, una maldita idea, ¡pero buena ehh!
Tome la crema batida y poco a poco me la fue echando en el cuerpo, ya saben, de una manera sensual, creo yo. El no dejaba de mirarme y me sentía sexy y deseada por él y era una sensación, bastante buena, muy buena.
Me coloque un poco de crema entre mis pechos, mi abdomen, sobre la tela y mis manos me las iba saboreando. Esto era algo tan erótico. Le salpique un poco en la camisa
El posesivamente me tomo de la cintura y me jalo hacia él, pego su frente con la mía y me miro con esos ojos que una vez fueron verdes porque ahora se veían más oscuros, prácticamente negros. Mordí mi labio y el ferozmente me beso, no era un beso como los que él y yo acostumbrábamos a dar, era más bien algo de vida o muerte, algo de necesidad y lo sentía tan bien. Edward atrapo mi labio inferior, lo mordió y lo jalo, mirándome directamente a los ojos. Nunca dejo de mirarme y eso me gustaba mucho.
Bajo hasta mi vientre y empezó a lamer toda la crema batida que estaba en mi cuerpo, en mis piernas, en mis brazos, en mi cuello y Mmmm… Me fascinaba esto. ¿Por qué nunca antes lo habíamos hecho? Me sentía cohibida y de que lo que estábamos haciendo fuese en mi casa me hacía sentir mas excitada. Nunca antes me había sentido así, bueno si pero no taaaan así.
-Edward. - Gemí pasito por sus caricias y el volvió y busco mi boca y de un momento a otro empezó a reír, como loco debo decir, al comienzo me asusto mucho ¿Había hecho algo malo? El continuaba riendo y yo solo podía fruncir el ceño.
¿Qué mierdas le pasaba ahora?
El sonido de sus carcajadas comenzaba a hacerse más audible, mas estrepita y me asustaba. Cerré mis ojos para no ver su rostro.
Me hacía sentir tan avergonzada. ¿Qué había hecho? ¿Por qué se burlaba de mí?
Comencé a echarme hacia atrás, aun con los ojos cerrados para poder escaparme de aquella incomoda situación.
Sentí como mi cuerpo caía y abrí mis ojos de inmediato. La cara de Alice fue lo primero que pude divisar. Estaba roja de la risa y juro que la iba a matar.
¿Quién la había dejado entrar a mi habitación? Me levante del suelo y me senté en mi cama de nuevo.
-Sueños eróticos... ¿Eh Bella? – Dijo con una mirada picara, vio mi fotografía encima de mi cama y yo también lo hice, trate de adelantarme para que no la tomara antes que yo pero demasiado tarde. – Y con Edward. – Dijo observando la foto que ya estaba en sus manos. Desvié mi rostro hacia la ventana para no verla a los ojos. – ¿Que soñabas? –Pregunto curiosa.
-Nada
Rodeo la cama y se paro frente de mí para que la viera. – Dime. – Insistió.
-Nada. – Murmure bajito pero molesta.
Ronroneo. – Edward. – Imito un gemido, la fulmine con la mirada y ella ahora se tocaba de manera graciosa, yo reí. -¿Qué soñabas para que te lamieras a ti misma? – De nuevo aquel rubor rojo apareció en mis mejillas. ¡Bendita vergüenza! Alice me dio un pequeño golpe en el hombro. -¡Golosa!
Ambas reímos y aunque hubiese querido no podía contarme mi sueño erótico, porque aunque lo hubiese sentido tan real, solo era eso, un sueño.
Alice se quedo a dormir en mi casa, como muchas veces acostumbrábamos y como ahora era costumbre yo no pude dormir, solo pensar o eso pensé.
El maldito despertador empezó a sonar, con mi mano trate de buscarlo pero no lo encontraba, tuve que levantarme de la cama y poder así apagarlo.
Me bañe y Alice me llevo a la escuela, ella llevaba su auto así que... ¿Para qué yo llevar el mío? Además Edward siempre me traía a casa.
Guardaba algunos libros en mi casillero cuando vi por detrás como Edward coqueteaba con otras chicas, era tan doloroso pero como siempre no debía demostrar celos o notar que el coqueteaba, al fin y al cabo no era una tentación como creí en mi sueño, era algo mas, era como una asquerosa manía y se veía tan repugnante.
Ver las caras de aquellas chicas, esas que ponían cuando el pendejo de mi novio las miraba o cuando les hablaba muy de cerca o inclusive cuando, solo sabe Dios, El les susurraba algo al oído. Las muy estúpidas reían como tontas y luego iban donde mi para hacerse más mis amigas. ¡Hipócritas!
Edward se percato de que lo observaba y de manera rápida, me volví desviando mi vista de aquella escena, trate de hacerme la que no había visto nada ordenando mis libros y cuadernos por orden de materias. Saque solo los que necesitaba y los guarde en mi bolso, respire hondo y cerré mi casillero. Al darme la vuelta, pude ver a lo lejos como Edward venia hacia mí, aligere mi paso para poder escaparme de él. ¿Cómo lo vería ahora? Me daba tanto pánico que me reconociera como la chica del bar, se burlara de mí y me dijera mentirosa, también me daba temor que otra vez me dijera alguna otra de sus mentiras, le creyera y que con un solo beso, volviese a caer, débil y vulnerable en sus brazos.
Porque sé que pasaría pero no podía hacerlo, ya no.
El me alcanzo y me obligo a girarme. Con algo de cabella me tape un poco el rostro, el me miraba extraño. Trate de sonreír. - ¿Tengo algo en la cara? – Pregunte con temor. Que tal y si se había dado cuenta. El quito los mechones de mi rostro y los oculto detrás de mi oreja.
-Sabes que no me gusta que te tapes la cara. – Dijo serio. – Además, te ves hermosa. – Bien, otro golpe bajo a mi corazón. ¿Sera otra mentira? O es real. Cada vez me daba más miedo pensarlo. Forcé una sonrisa y él me regalo una también. – Nos vemos al finalizar la clase ¿Está bien? – Asentí con la cabeza y él se marcho.
Me dejo allí, sola, parada frente a mi salón de clases, pensando si lo que dijo era verdad o no, me dolía saber que yo aun lo quería aunque él me haya hecho tales cosas, y seguía pensando y queriéndolo en contra de mi voluntad.
¿Pero qué mierda tenía ese hombre que me resultaba tan encantador e irresistible? ¿Por qué simplemente no podía dejarlo ir? ¿Por qué lo seguía amando?
Negué con la cabeza para alejar esos pensamientos, para alejar Edward Cullen de una buena vez de mi puta cabeza que lo único que hacía era pensar en el. Era una maldita adicta a él.
Entre a la clase y me senté en mi lugar a tratar de poner atención a lo que hoy dábamos y el maestra decía o yo que sé, no tenia ánimos para poner atención así que me dispuse a dibujar en mi cuaderno, algo que hacía de vez en cuando.
El tiempo paso tan lento que creí que moriría, ya había rayado todo el papel con mis garabatos, la hoja se veía negra por la tinta del plumón con el que había rayado. Casi todo lo que se podía ver allí eran corazones rotos, justo y como me sentía.
Rota.
Maldita vida agridulce. ¿Por qué la gente buena tiene que sufrir? El sonido del timbre sonó sacándome de mis pinches pensamientos, yo tome mis cosas y Salí de clases, y así me la pase toda la mañana, garabateando mis cosas y pensando en el cabrón e imbécil de Edward que solo Dios sabe que estaría haciendo ahora mismo. Tal vez cogiéndose a una estudiante en el baño o en el cuarto de conserje o yo que sé, era tan asqueroso tan solo pensarlo.
Cuando la jornada escolar termino Edward me llevo a casa como era costumbre desde que éramos novios y él aprendió a conducir. No dijimos nada en el camino hasta que él se digno a hablar.
-¿Cómo te fue hoy? – Pregunto restándole importancia a la tensión que se sentía entre los dos.
-Bien. – Simplemente murmure sin mirarlo.
El dijo algo que no pude escuchar. – Necesitamos hablar - dijo serio. – Voltee los ojos. Claro hablar. – Las cosas ya no va bien entre los dos. – Empezó calmado. – y así las cosas para mí no funcionan. – Me gire para verlo, fruncí el ceño y ahora era él, el que no me miraba, tenía su mirada fija en la carretera. – y… Es mejor terminarlo todo. – Estaciono el carro, frente a mi casa, creo, no lo sé. Aun mi cerebro trataba de procesar sus palabras y él seguía hablando pero ya yo no podía escuchar nada. Solo el sonido de mi corazón que latía a mil por segundo. Negué con la cabeza para que de una puta vez pudiera captar sus palabras pero no podía ¡NO PODIA, CARAJO!
Es mejor terminarlo todo, Las cosas ya no va bien entre los dos, Es mejor terminarlo todo, Las cosas ya no va bien entre los dos, Es mejor terminarlo todo, Las cosas ya no va bien entre los dos.Repetía mi mente una y otra y otra vez. Así las cosas para mí no funcionan, Es mejor terminarlo todo.
-Terminarlo todo. – Repetí sus palabras bajito, mis ojos se empezaron a nublar pero ninguna lagrima caí. ¿Por qué mierda no caían? - Terminarlo todo. – Volví a repetirlo pero esta vez el si me escucho, me miro y frunció el ceño. Acerco su mano a mi mejilla pero yo logre esquivársela. - ¿Porque?
- Porque. – Trago saliva en seco y bajo su cabeza, yo solo podía tratar de procesar y guardar cada palabra en mi cerebro. – Así es mejor. – Dijo simplemente. Las malditas lágrimas aun no salían, no se derramaban.
Molesta, tome mi bolso y abrí la puerta del copiloto, si decir nada me baje del auto. ¡Genial! Estaba lloviendo, como siempre. Me levante la capucha y no aligere mi paso para mojarme o no. El piso el acelerador y se marcho. Me quede parada bajo la lluvia observando como el auto de Edward desaparecía en la esquina para ya más nunca ser nada mío.
Hacia frio y la lluvia iba bien con mis sentimientos. Si, era una puta emo pero y que… Ya todo esto me da igual. Si, Edward me era infiel pero al menos era mío frente a todos y si, si soy masoquista y una hipócrita y una perra, zorra y puta. Pero me sentía mierda, una asquerosa y completa mierda.
Me quite el chaleco y lo deje colgado en el perchero que estaba en la entrada de la casa, subí a mi habitación y me acosté en mi cama. Cerré mis ojos con fuerza una y otra vez, pensando que esto solo sería una pesadilla, pero no, no lo era.
Saque de debajo de mi almohada la foto del, la mire por unos minutos y con todas mis fuerzas trate de partir la foto, pero no podía, cada vez que lo intentaba no podía, ¡Maldito auto- control!
Trate de ahogar mi pena en un libro pero me era imposible concentrarme. ¿Qué decía Alice que ayudaba en estos momentos? ¿Qué decía Alice que ayudaba en estos momentos? ¿Qué decía Alice que ayudaba en estos momentos?- Me repetía constantemente. De repente una muy buena idea invadió mi mente.
¡Comprar!
Bien, iría a una tienda de ropa a ver si eso ayudaba con este sentimiento de pena que ahora me inundaba. Averiguaría si Alice tenía razón. Hoy iría de compras.
Tome otro chaleco, me recogí el cabello en una coleta y baje al sótano para tomar mi auto. Cuando lo hice me dirigí de inmediato al centro comercial de Seattle, forks solo tenía uno, si es que así se lo podía llamar a una tienda deportiva en donde vendían de todo.
Camine por todo el centro comercial en busca de algo que no sabía muy bien que era, ya tenía suficientes vestidos, suficientes jeans, suficientes chalecos y blusas para mí.
No había nada en especial para mí.
Esto definitivamente no estaba funcionando. Camine y camine para que al menos así se me fuese el tiempo en nada, porque haciendo esto podía no pensar en el.
Me detuve un momento para comprar un helado, nada mejor que un helado de chocolate para bajar las penas.
Continúe caminando. Vitriniando y vitriniando, hasta que algo rojo llamo mi atención. Era el mismo encaje rojo que había visto en mi sueño erótico, o al menos eso parecía.
Entre a aquel elegante almacén para ver más de cerca a aquella diminuta prenda. Y si lo era y la quería, no se para que, porque de seguro nunca la usaría pero de que la quería la quería.
Lo tome y me adentre al probador para probarlo, nunca había usado este tipo de encajes pero de alguna manera me hacía sentir sexy. Cuando me coloque, note el precio y para lo que esperaba estaba bastante económico.
Salí del probador porque adentro no había espejos. ¿Ilógico, no? El gran espejo hizo que pudiera notar cómo me quedaba aquel encaje y aunque, debo admitir que, si se lo hubiese visto en otra joven hubiese dicho que eras vulgar pero no lo era, era sexy y bastante sensual y me gustaba
.
Note como el chico del mostrador no dejaba de mirarme, le regale una sonrisa picara y decidí tomar muchos más encajes, de diferentes colores, ligueros, tops, y todos extremadamente sexys.
Me sentía una mujer completamente diferente, única, especial y sensual. Me sentía a todo lo puesto a lo que alguna vez Edward me había hecho sentir a mí, A MI Isabella Swan.
Tome los encajes que mas me gustaron, me vestí con mis ropas de nuevo y Salí del probador. Coloque las prendas sobre el mostrador y sin mirar al chico dije. – Llevare estas por favor.
El las tomo para empezar a empacarlas, me indico el precio y yo saque mi tarjeta de crédito. -¿Eres Isabella Swan? – Pregunto el chico con un tono de asombro en su voz.
-Así es. – Le conteste.
-¿Qué hace una chica tan recatada como tu comprando de estas prendas? – Pregunto de nuevo el chico a modo de broma, le regale una sonrisa. – Es para el joven Cullen ¿Tal vez?
De inmediato la sonrisa que tenía en mi rostro desapareció. – Una chica puede darse sus gustos.
-Lo sé. – Asintió. – Pero... Chicas como tú no se dan estos lujos. – Señalo las prendas ya empacadas. – A menos que sea para…
-¡Ya basta! – Dije molesta. – No es para eso ni nada y no tengo porque darle explicaciones a un simple vendedor como usted.
-Lo siento.
No hice caso a sus disculpas y tome las bolsas donde iban los encajes bastante molestos pero el chico tenía razón, personas como yo no nos dábamos esta clase de lujos. Chicas como yo que somos pudorosas, recatadas, sujetas a las reglas, con clase. No de esas vulgares que compraban esta clase de ropa. No.
Pero ya yo estaba harta de la monotonía y hay decidí que tal vez estos encajes no los usaría yo directamente pero tal vez si mi otro yo, ese alter ego transgresor que en mi dormía y que esta vez despertó para no dormir por un buen tiempo o quizá nunca más.
Ándate al infierno, yo sería otra chica si pudiera
Pero claramente no puedo ayudarme
Este es un universo barato
Pero claramente no puedo ayudarme
Este es un universo barato




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