Lolita.
Bpov
Al diablo con que mañana fuese un día de escuela, al diablo las reglas..
Hoy definitivamente seria otra persona.
Esta noche seria toda una Lolita.
Mi vestido era de tirantes, llegaba más arriba de mis muslos, tapando un poco más arriba de mi entre pierna, prácticamente no podía agacharme porque si lo hacia se me vería todo, estoy segura. En la parte de arriba tenía un diseño de color rosa fuerte que lo hacía ver bastante sexy.
Alice me ayudo a ponerme las medias de mallas y las botas de cuero, también me ayudo a ponerme la peluca negra y arreglo mi maquillaje. Mis ojos los cubrió con sombra negra para que en la oscuridad del lugar Edward no pudiera notar mis ojos chocolate, mis labios los pellizco un poco para que según ella, se viesen mas hinchados. Sobre ellos puso labial rosa y me pareció perfecto.
Alice me ayudo a ponerme las medias de mallas y las botas de cuero, también me ayudo a ponerme la peluca negra y arreglo mi maquillaje. Mis ojos los cubrió con sombra negra para que en la oscuridad del lugar Edward no pudiera notar mis ojos chocolate, mis labios los pellizco un poco para que según ella, se viesen mas hinchados. Sobre ellos puso labial rosa y me pareció perfecto.
Con un poco de rubor coloreo mis mejillas para que el no notara cuando me ponía nerviosa o cuando con sus palabras me hacía más vulnerable. Unto polvo en mi mano izquierda para tapar un pequeño lunar que tenía en ella y es que no podía correr riesgos de ningún tipo porque esta vez sí hablaría con él.
Alice aseguro con pinzas extrafuertes la peluca.
Por último me roció de un perfume que no conocía. Si no estuviese nerviosa le hubiera preguntado pero ahora mismo no tenia cabeza para pensar en esas cosas y ni Alice para responderlas.
–Bella debo admitir que no te pareces para nada a ti.
Reí y di una vuelta completa por sobre mi eje para verme completamente en el espejo, las botas tenían en la parte de abajo un pequeño tacón que me hacían ver mucho más alta. Debo decir una vez más que este maldito vestido era jodidamente corto y me hacía sentir demasiado desnuda, por un segundo paso por mi mente la idea de no hacer nada y esconderme bajo las sabanas de mi cama hasta morirme y que todos se olvidasen de mi pero aun en mi mente estaban esas ganas de vengarme del jodido de mi tan querido Edward Cullen.
Mire a Alice directamente a los ojos y no muy convencida me encogí de hombros. – ¿tu enserio lo crees?
Emocionada por la situación, salto millones de veces. – Bella, yo no lo creo, lo es.
Le sonreí y me vi una vez más al espejo, Alice repasaba el plan mientras yo me lo imaginaba en mi cabeza.
Mi nombre seria Lola, nada de información extra, tan solo un nombre bastaba, evadiría preguntas y no daría respuestas. Llevaría el dinero suficiente como para conseguir un taxi que me llevase a casa a la hora indicada y si hubiese una pequeña posibilidad de que Edward quisiera llevarme a casa pues tendría que negarme de una manera absoluta.
Cuando todo estuvo perfectamente memorizado para que fuese a prueba de fallos fue que decidimos salir afuera. Miramos a todos lados, cerciorándonos de que nadie estuviera cerca.
Acomodamos las almohadas en la cama para que parecieran nuestros cuerpos, bajamos las escaleras sigilosamente mientras lo único que podía escuchar era a mi corazón bombear en mis oídos.
Como mi casa últimamente estaba llena de seguridad, decidimos tomar la puerta trasera y pasar por la reja que secretamente, se podía sacar y volver a poner. No había dicho nada porque ahora esta situación me convenía.
Temblé un poco al sentir el aire frio que estaba afuera cuando llegamos al jardín. La ventana del cuarto de Damon estaba encendida así que tuvimos que hacer el menor ruido posible. Pasamos por debajo de su ventana mientras escuchábamos como le gritaba al televisor.
Suspire para calmarme, estaba nerviosa y lo que menos quería en este mundo era que me pillaran. Alice tomo mi mano con fuerza dándome su apoyo y trate de regalarle una sonrisa como respuesta pero eso no estaba funcionando. Por alguna razón necesitaba mucho más que eso.
Cerré mis ojos y tome otra vez más aire. Cuanto daría para que no tuviese que hacer esto, cuanto daría para que aun Edward estuviera a mi lado, como siempre ha tenido que ser.
Saque de golpe el aire contenido y los extraños ladridos de un perro me sacaron de mis cavilaciones. Alice Apretó el agarre en mi mano al ver al gran y rabioso perro ladrándonos a nosotras.
Lleve un dedo a mi boca para que se calmara, solté el agarre de Alice y me acerque al animal. Le hable y lo calme ordenándole que se sentara y que luego se acostaran. Cuando estuvo completamente callado y quieto, tome de la mano a Alice y la guie conmigo.
Ella me miraba con una ceja alzada.
–¿Qué?
Ella simplemente negó con la cabeza.– ¿Puedes con una bestia como esa y no con un perrito faldero como Edward Cullen?
Solo la mire pero no dije nada porque no comprendía sus palabras y no quería hacerlo. ¿Edward es un perrito faldero?
Ese pensamiento inundo mi cabeza al instante, ¿Que más podría saber Alice?
–Recuerda que debes llegar antes del amanecer Bella, llévate mi teléfono, yo te llamare si algo pasa. – Indico Alice.
Ella me ayudo a salir por la reja, metió en mi boca una goma de mascar y sin mirar atrás me eche a correr hasta encontrar un taxi dispuesto a llevarme hacia aquel maldito lugar que con cada recuerdo se volvía mi perdición.
Trate de relajarme lo mas que pude en el maldito taxi pero creo que fue peor, simplemente haría el ridículo, esto no lo podría hacer yo.
–¿Le pasa algo señorita? – Me pregunto el amable hombre que me observaba por uno de los espejos. Trate de darle mi mejor sonrisa.
–Descuide, no me pasa nada.
Y no volvió a hablarme en todo el camino aunque si me mantuvo vigilada todo el tiempo y fue, para mi desgracia, muy incomodo.
Al menos 10 minutos después, fue que llegue al lugar. La música estaba a todo volumen que incluso podría oírse desde afuera. Algunas personas estaban en la acera y la mayoría no dejaban de mirarme.
Me apoye a la puerta de entrada y tome aire, lento, muy lento. Quizá eso sería suficiente para controlar mi corazón que latía a mil por segundo, para controlar esta bendita inseguridad que tenia allí, en mi pecho constantemente.
Respire un vez mas, cerré mis ojos y me repetí un millón de veces que todo estaría bien, que lo que hacía estaba bien.
Insegura por lo que iba a hacer esta noche, entre por completo, baje las escaleras y poco a poco fue llegando hacia mí el desagradable olor a alcohol y a cigarrillos.
Asqueroso.
Miradas puestas en mi, sentía como si me desnudaran con tan solo mirarme, solo quería correr y esconderme pero no. Esto lo haría por mí, lo haría para que Edward Cullen supiera que no podría vivir sin mí.
El lugar estaba lleno de personas, incluso más que la última vez. Trate de concentrarme en mi objetivo pero no lo veía por ningún lado.
¿Y si quizá hoy no vino? Digo, mañana hay escuela.
Espabile y trate de relajarme una vez más, camine directo al bar y me senté en un banco que estaba desocupado. No tenía ni la menor idea de que tenía que tomar pero tenía que ser algo fuerte.
El barman se me acerco y trate de pensar, yo no sabía mucho de alcohol y bebida. Mire a ambos lados y vi como el chico que estaba a mi lado pedía algo de beber, sin pensar pedí lo que el ahora tenía en sus manos.
–Dame… Dame lo mismo que el chico. – El hombre asintió con la cabeza y le dio una ojeada al vaso del chico a mi lado.
Mientras esperaba mi bebida, apoye mi cabeza a la baranda, cerrando los ojos fuertemente y convenciéndome que hacia lo correcto.
La venganza es un plato que se come frio.
Maldita cabeza.
–Te fuiste la otra noche. – Dijo esa voz, alce la cabeza y me encontré con sus ojos verdes, tenía la misma camisa azul de esta mañana solo que esta vez sus dos primeros botones estaban abiertos.
Malditamente sexy.
Mordí mi labio y me sonroje.
¿Qué mierda le diría? Piensa Bella, piensa….
–¿Ah, sí? – Trate que mi voz sonara sexy, desinteresada y me volteé cuando el hombre trajo mi bebida.
–Aquí tiene señorita.
Le sonreí pero el hombre esperaba algo más, Edward se acomodo más cerca de mí y con sus labios levemente entreabiertos pronuncio lo que jamás quise oír: – Yo invito.
El hombre asintió con la cabeza y se fue, rodee los ojos y mi corazón latió más deprisa.
Tome de mi trago de golpe.
Tenía que calmarme y tenía que hacerlo ahora.
Casi me ahogo al sentir mi garganta quemarse. ¡Maldita sea! Era tequila. Seco.
Cerré mis ojos, la bebida era fuerte, demasiado fuerte para mí. Edward no dejaba de carcajearse y molesta arquee una ceja. – ¿Qué te es tan gracioso?
El negó con la cabeza. – Nada… Es solo que eres la primera chica que toma, tequila así.
Una vez más rodee los ojos. Me hubiese enorgullecido por su comentario pero de alguna manera, aun seguía enojada.
Llame una vez más al barman, no sabía qué hacer ni como establecer una conversación. Mis manos sudaban y me sentía mareada.
–Dame otro. – Dije cuando el hombre se puso al frente mío.
–Y que sea doble. – Concluyo Edward, sintiendo su mirada sobre mí. Cuando el hombre se fue, volvió a hablarme. – Y… ¿Porque te fuiste aquella noche?
–Esa noche estabas con alguien más. – Me voltee y lo mire a los ojos. – Y a mí no me gusta compartir, Edward.
El frunció el ceño. – ¿Cómo sabes mi nombre?
Por un segundo mi corazón dejo de latir, o latía tan rápido que ya ni lo sentía. Okey, tenía que encontrar una respuesta inteligente y rápida.
Me acerque más a él. – Bueno… Digamos que, te conozco más de lo que tú crees.
Ahora él se acerco más a mí. Madre mía, podía olerlo desde aquí. – ¿Ah sí? – Asentí con la cabeza torpemente y él me regalo una de sus malditas sonrisas torcidas. –Creo que no es justo, yo no sé aun tu nombre.
Sonreí y mordí mi labio. – Mi nombre no importa ahora, pero... – Acercándome a su oído y poniendo mis manos sobre su pecho le susurre: – Todos me dicen Lola.
Sentí como la saliva se atoraba en su garganta, puso sus manos en mi cintura y las mías recorrieron su pecho hasta llegar a sus manos y separarlas de mi cuerpo.
Maldita sea, su tacto quemaba.
Me reincorpore en mi lugar cuando el hombre llego, una vez más, con nuestras bebidas. Cerré los ojos preparándome para tragarme el vaso lleno de alcohol.
Tequila seco. El liquido de nuevo, quemo mi garganta, mandando una oleada de electricidad a todo mi cuerpo.
–¿Cómo es que jamás nos habíamos conocido? – Pregunto en mi oído. Estaba cerca, muy cerca.
Me encogí de hombros. – No lo sé.
Me tomo de la mano, fuertemente y me llevo a algún lugar sin antes a detenerse a hablar con un hombre que le señalo hacia algún lugar. Estaba nerviosa pero me deje llevar, tenía que seducirlo y volverlo loco y si tenía que hacer esto… Pues bien.
Subimos unas escaleras y entramos a un salón bastante iluminado. Lleve mis manos a mi peluca para sentirme más segura de que seguían allí. El cerro la puerta a mis espaldas y me gire para verlo recostada contra ella.
Sus ojos me devoraron y no me atreví a mirarlo a los ojos, me sentía tan apenada.
–Supongo que aquí es a donde traes a todas tus chicas. – Dije sin pensar.
El soltó una carcajada y paso por mi lado, rosando su hombro con el mío y sentándose en uno de los sillones, torpemente hice lo mismo, sentándome justo enfrente de el.
Esto no lo tenía en mente pero estaba bien.
La claridad de la habitación podía hasta cegar, en el medio de los dos había una mesa con unas cuantas bebidas, el se sirvió una y se acomodo.
En una esquina había un gran espejo junto a una varilla de metal, de esas de poll dance.
Cruce mis piernas y me atreví a mirarlo a los ojos, era jodidamente guapo y en su cara tenía una mueca divertida. Y… ¿Si quizá ya me había descubierto?
–¿Qué hacemos aquí?
–Solo quiero conocerte… Lola.
¡Mierda!
–¿Qué quieres saber de mi? – Pregunte desinteresadamente pero la verdad es que solo quería huir, esto no era parte del plan. Para nada.
–Lo que puedas decirme. – Dijo Edward mirándome directamente a los ojos, su mirada me ponía más nerviosa.
–Si te dijera algo sobre mí, tendría que matarte. – Bromee.
–Me gustaría tomar el riesgo. – Cuestiono.
Me acerque a la mesa. – No creo que a tu novia le agrade la idea.
Por un lado quería que me negara pero por otro no quería que lo hiciera.
Frunció el ceño y millones de cosas pasaron por su mente, estoy segura. Pero solo remojo los labios y me miro. – No tengo novia.
No sé que quería hacer. Si llorar, gritarle, tirarle algo a su perfecto rostro o abofetearlo pero en vez de todas esas cosas solo sonreí tratando de seguir el juego que yo misma invente.
Relájate Isabella, todo saldrá bien.
Fruncí mis labios. – No lo sé…. Todos dicen que tienes novia y ya te dije. –De nuevo me encogí de hombros. – No me gusta compartir y mucho menos ser plato de segunda mesa.
Se carcajeo y mi pulso aumento. – Oh créeme, no lo serás.
Sus palabras retumbaron millones de veces en mi cabeza, las lágrimas se formaban en mis ojos y trate de concentrarme para no llorar. No podía llorar.
Maldito, Edward puto Cullen. Algún día te matare, lo juro.
Me levante de mi lugar y me gire para darle la espalda, lleve mis manos a mis ojos y quitar un poco las lagrimas, no podía dejar que el maquillaje se corriera y el no podía verme llorar.
Su cuerpo se presiono al mío y empezó a acariciar mi cuello con su nariz, podía olerlo, podía sentirlo mientras sus manos recorrían mis brazos.
Puta madre.
–¿Qué dices… Lola? – Su voz ahora era ronca. Ladee mi cabeza para brindarle mi cuello, inhalo de mi aroma y presiono sus manos contra mis hombros volteándome para mirarme a los ojos.
Nuestras miradas se sostuvieron por mucho tiempo, la verdad no lo sé y lo peor es que me sentí bien en sus brazos, su tacto era malditamente perfecto y mi piel se erizo al sentir como sus manos vagaban desde mis hombros hasta mi cintura. Mi respiración se hizo errática por sus atrevidas caricias y cerré los ojos por un momento al notar como rompía con nuestra mirada para observar mi boca sin pudor.
¡Al diablo con todo, maldita sea!
Sin pensarlo nuestras bocas se tocaron y comenzó un beso que jamás planee, que jamás sentí, que el amas me dio ni me daría. Y era jodidamente perfecto. Su lengua encontró la mía al abrir mi boca y lucho con ella mucho tiempo. Gemí al sentir mi espalda chocar fuertemente con la pared. Sus manos dejaron mi cintura para recorrer mis muslos. Saboreo mi labio inferior al separarse de mí un poco para que ambos tomáramos aire.
Me miro a los ojos y lamio sus labios. – Yo lo tomare como un sí.
Era un puto arrogante pero no me importaba. Por primera vez me sentía deseada por Edward Cullen y lo quería más que nada en el mundo, mucho más que estar esa noche con Damon porque él estaba aquí, Edward era el que me tocaba y era perfecto aun así y el imaginase a otra chica.
Sus labios chocaron una vez más los míos volviéndose un beso mucho mas frenético, urgente y apasionado. Su mano toco mis nalgas y mi piel se erizo en su contacto. Lleve las mías a su pecho y comencé a desabotonar su perfecta camisa azul mientras el ladeaba mi cabeza para besar mi cuello. Ahogue un gemido cuando intento morderme allí.
Abrí su camisa por completo y lleve mis manos a su cabello de ensueño. Tomo una de mis piernas y la subió a su cadera, podía sentir su masculinidad contra mi abdomen y por Dios, se sentía jodidamente bien.
Abrí mis ojos y busque su boca de nuevo, la quería de nuevo conmigo, aun así fuese con este antifaz, con este disfraz. Porque si así podía tenerlo… Jugaría a este juego cuantas veces yo quisiera, cuantas veces el quisiera.
Tomo mis manos y las subió sobre mi cabeza, presionándolas fuertemente contra la pared. Gemí y el también lo hizo. Llevo sus grandes manos al cierre de mi vestido y deje que lo hiciera. Cuando lo abrió por completo comenzó a jugar con los tirantes lentamente.
Se separo de mí. –Me hubiera gustado que me hubieras bailado con ese vestido, pero eso puede esperar.
Y… De nuevo se adueño de mi boca, se adueño de mi cuerpo pero es que, yo siempre he sido suya de alguna manera.
Mi teléfono empezó a sonar pero se sentía como un sonido lejos, muy lejos. Edward soltó una maldición pero no dejo de besarme. El sonido comenzó a aumentar e hizo que volviera a la realidad, sacándome de mi burbuja personal. Me aleje de Edward y tome mi bolso, sacando de allí el celular de Alice.
¡Perfecto, tenía que irme!
Mire a Edward que ahora estaba recostado contra la pared con su camisa completamente abierta, su cabello malditamente desordenado y la mandíbula levemente tensa.
Si no lo conociera no podría decir que estaba enojado.
–Tengo que irme. – Explique.
Frunció el ceño. – ¿Por qué? – Su voz solo era un susurro. Trataba de calmarse, lo sé.
Trague saliva con dificultad. Yo tampoco quería irme. – Ya es tarde.
Cerré la cremallera de mi vestido y acomode mi peluca un poco, coloque los tirantes donde se suponían que tenían que estar y abrí la puerta.
–¡Espera! – La voz de Edward me paró en seco pero no me atreví a voltearme. – ¿Cuándo te volveré a ver? – Una sonrisa apareció en mi rostro.
Quería verme de nuevo.
Suspire y mordí mi labio. – Pronto.
Y antes de que el dijera algo mas, baje rápidamente las escaleras pasando sobre la gente para salir lo más rápido de ese lugar.
De nuevo el aire frio de afuera choco contra mi rostro.
¿Qué demonios fue eso?
Estaba más que contenta y no podía negarlo. ¿Qué había pasado allá dentro con Edward Cullen? ¿De dónde había sacado las agallas para comportarme así? ¿De dónde había sacado ese comportamiento? Porque yo no era así, yo no soy así.
Tome un taxi y con cuidado me quite la peluca, mi cabello castaño cayó sobre mis hombros y suspire una, dos, tres veces. No lo sé.
Le pague al hombre y decidí que lo mejor era que me dejara en el parque para no levantar sospecha. Cuando llegue a mi casa entre por el mismo lugar por el que había salido. Pase por el jardín y abrí la puerta trasera. Camine con cuidado por el pasillo y justo cuando iba a subir el primer escalón de las escaleras para ir a mi habitación, se encendió la luz del comedor.
Cerré los ojos y por un momento pensé que lo mejor sería correr pero ya era demasiado tarde.
–¿Isabella?
Mi nombre en su voz fue el peor sonido que alguna vez quise escuchar, y supe en ese momento que, finalmente, me habían pillado…



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