Keblinger

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Dulce inocencia - Cosas del destino.

| jueves, 11 de octubre de 2012
Diclaimer: Los personajes son de Meyer y lo que NO conozcan, me pertenece.

Summary: Edward Cullen es uno de los hombres más adinerados de América y el Reino unido. Es orgulloso, egocéntrico y arrogante. Una noche conocerá a Bella Swan, una simple chica neoyorkina que volverá su perfecto mundo de cabezas.

Dulce inocencia.


Epov.

Era una noche bastante fría en Nueva York, decidí salir solo para calmar esta ansiedad que me estaba matando lentamente, así que me escape de la seguridad que ahora más que nunca permanecía a mi lado.

Eran alrededor de las 12 de la noche de un domingo por lo que supuse que la autopista estaría algo vacía y así fue.

Rece para que algún lugar estuviese abierto a estas horas.

No tarde mucho, tal vez unos 10 minutos desde mi departamento hasta una pequeña tienda cercana. Tome mi chaqueta y me adentre al lugar que estaba más frio de lo que pensé, la muchacha que estaba detrás del mostrador no dejaba de mirarme, definitivamente sabia quien era yo.

Decidí solo tomar lo que necesitaba y llegue a la zona donde estaban los cigarrillos y tome una caja, saque uno solo y con un encendedor lo encendí. Había un letrero que decía que estaba prohibido fumar en el lugar pero eso a mí no me importaba un carajo. De verdad necesitaba fumarme tan solo uno de esos cigarros.

Debo admitir que hace años deje mi adicción a estas cosas pero solo fumaba, al menos uno que otro cigarro cuando de veras lo necesitaba y por cómo me trato esta semana era urgente que me fumara al menos uno.

Dos corporaciones importantes fusionadas presentaban una gran amenaza para la mía, habían sido casi doce días de una gran carga llevada en mis hombros, una carga que además de preocupar a millones de empresarios mundiales también preocupaba al más importante para mí. Papeleos, transacciones, amenazas constantes que no solo preocupaban a mis familiares si no a los familiares de mis empresarios, alzas y decaídas en la bolsa de valores internacional por cada paso y decisión que tomaba con estas dos empresas importantes para al final darle de baja a ambas, haciéndome dueño y señor de lo que en realidad ha representado un gran reto para mí. Hasta ahora…

El humo que salía de mi boca me provocaba un alivio infinito, es como si todo el peso de mis hombros que estaba cargando y que poco a poco me consumía, se desprendiera y se elevara para nunca volver. Aspire del cigarro y de nuevo lo lleve a mi boca, cerrando mis ojos al hacer lo mismo un montón de veces más.

Escuche la puerta del lugar abrirse y luego cerrarse con una familiar campanilla sonar. Y abrí mis ojos de golpe y observe desde donde estaba a una chica de cabellos castaños, algo baja de estatura, entrar. 

Camino derecho hasta que la perdí de vista por las secciones de la pequeña tienda, mi curiosidad salió a flote y me pregunte qué haría una chica como ella en un lugar como este un domingo por la noche porque, en realidad, nadie sale tan tarde de su casa un domingo por la noche y mucho menos sabiendo lo peligroso que puede ser Nueva York.

Recorrí los mismos lugares que ella y la observe en como trataba de tomar una bolsa de pan de una estantería alta, me acerque a ella para ayudarla, después de todo no vendría mal ayudar a una simple y bajita chica. Lo tomaría como mi buena acción de la semana.

Tire el cigarro al suelo y lo pise para apagarlo por completo.

Ella maldecía por no poder alcanzar lo que tanto quería, yo reí bajito por sus fracasados intentos, así que me estire un poco y tome la bolsa de pan sin hacer esfuerzo alguno, tratando de ayudarla o algo así.

Los ángeles de verdad existen. Creo que Carlisle tiene razón.

La chica voltio y me miro, vaya que era hermosa, frunció el ceño y hablo molesta. – ¡Oiga! Yo llegue primero. – Me quito la bolsa de las manos con brusquedad. – Si me disculpas.

Se retiro dándome la espalda.

No sé porqué pero yo tenía una sonrisa de pendejo en el rostro. Me acerque a ella igualando su paso. – ¡Hey! Lo siento, solo trataba de ayudarte, yo solo venia por esto. – Le señale mi caja de cigarros y ella se sonrojo de inmediato. Me gusto ese gesto.

–Entonces gracias. – Murmuro y continúo caminando.

¿Acaso no sabía quién soy?

Se acerco a la caja y pago la bolsa de panes que llevaba en la mano.

Luego, yo hice lo mismo como un tonto, la chica del mostrador no dejaba de mirarme y para mi gusto era demasiado lenta. – Quédate con el cambio. – Dije exasperado dejándole sobre la mesa un billete de cincuenta dólares. ¿Qué? No tenía menos.

Apurado salí del lugar y cuando la alcance, ella estaba en la acera pidiendo un taxi con la mano y como esto es Nueva York, creo que iba a tardar un poco. Además ya era muy tarde.

Sonreí.

– ¿Eres muy poco cortés, sabes? – Le dije cuando ya estaba a su lado.

Se rasco la cabeza con frustración y se volvió para verme. – Si, gracias. – Dijo con ironía mientras intentaba aun, sin éxito alguno conseguir un taxi.

Reí por su tono de voz. – No quiero tu agradecimiento. –Insistí. Me miro enarcando una ceja y sentí que mi pecho se contraía mientras me regalaba una de esas miradas asesinas. – Quiero una disculpa.

Ella empezó a carcajearse y coloco una mano en su cintura, aún molesta. – Y según tú… ¿Por qué debería disculparme?



–Por ser tan descortés.

–Lamento no ser lo que esperabas. – Dijo con un poco de burla en su voz.

¿Qué putas se creía esta chica? La ayudo y es una desagradecida.

‹‹Perra››

–Yo también lo lamento. – Comente siguiendo con su juego. Ella volteo sus ojos y quise retractarme pero ¿Qué diablos iba a decirle? La chica me había dejado callado, no sabía cómo hablarle ¡una extraña parte de mi quería seguir hablándole! ¡Y me hacía sentir como un puto culpable cuando yo la había ayudado!

– Como no te vas a disculpar ni me vas a agradecer, entonces… Quiero algo a cambio.

No me prestó atención alguna. Ella brincaba y caminaba de un lado a otro para poder conseguir un taxi.

Se volteo – ¿Sigues aquí? ¿Qué putas? – Dijo molesta. Yo fruncí el ceño y negué levemente con la cabeza. – ¿Qué? – Dijo ahora más molesta que antes.

–Vaya, vaya. Que vocabulario más vulgar el tuyo y sobre todo cuando viene de una chica tan bonita como tú. – Rodo los ojos y se rindió a conseguir un taxi.

– ¿Tratas de coquetear conmigo? Porque te digo de una vez…. No te está funcionando. – Murmuro, alejándose de mí.

Espero a que la calle estuviera sola y miro a ambos lados antes de cruzar, yo la seguí como un idiota.

– ¿Tan siquiera puedes decirme tu nombre? – Le pregunte enojado por ignorarme, la primera chica que me ignora. No, la primera persona que me ignora.

Siguió caminando mientras yo le pisaba los talones. – ¿Para qué quieres saber mi nombre?

–Para no decirte "La chica descortés". – Explique.

–No nos volveremos a ver. – Siseo.

Ella tenía razón pero algo en mi quería saber más de ella. Corrí para adelantarla y quedar justo en frente, le impedía el paso, por lo que se detuvo. – ¿No me lo vas a decir? – Pregunte, aun esperanzado a que me lo dijera.

–Nunca te vas a rendir, ¿No es así? – Suspiro, dándose por vencida. Yo sonreí. – Me llamo Bella, Isabella Swan.

Vaya, su nombre no le hacía justicia alguna, era mucho más que bella.

Algo en mi dio vueltas al escuchar su nombre y mi corazón latió más rápido. ¿Qué mierda?

–Un gusto Bella. – Le extendí mi mano para que la tomara pero no lo hizo. – yo soy Edward…

–Yo sé quién eres.-Confeso. - Edward Cullen, un muchacho rico, un gran pendejo y blah, blah, blah – Interrumpió haciendo movimientos con sus manos y con su cabeza como si me conociera de hace años.

‹‹ ¿Nos dijo pendejo?››

Un momento... ¿sabe quién soy? La mire desconcertado... Si sabía quién soy, entonces ¿Por qué carajos me hablaba así? Quiero decir, no pido que me trate como un amigo pero tampoco como cualquiera. ¡Yo no soy cualquiera!

– ¿Qué pretendías? – Interrumpió ella mis pensamientos. – ¿Qué me arrodillara y besara tus pies? – Dijo con ironía y bufo. – Estas mal mi hermano.

Se aparto de mí, dándome unos golpecitos en el pecho. Sentir su mano tocarme hizo que me estremeciera y siguió caminando, dejándome allí solo.

No me había dado cuenta que mi mano aun estaba flexionada en el aire, la baje humillado. El enojo llego a mí.

›› Oh no, nadie deja con la palabra en la boca a Edward Cullen.‹‹

– ¡Hey! – Grite para que se detuviera, pero no lo hizo, prácticamente corrí para alcanzarla.

– ¿Por qué carajos aun me sigues? Deja de hacerlo, tengo prisa. – Murmuro.

–Puedo llevarte a donde quieras. – Ofrecí. Ver sus ojos color chocolate no se qué mierdas me hacían pero lograban que mi enojo desapareciera, por alguna extraña razón.

Ella lo pensó y se mordió el labio. – No gracias, estoy cerca.

Bien, de nuevo me niega algo. – Entonces te acompaño.

Suspiro frustrada. – Que más da ya. – Se encogió de hombros y yo reí por conseguir lo que quería.

›› ¿Qué querías? ¿Estar más tiempo con ella?‹‹

No, imposible.

›› ¿Entonces?‹‹

No lo sé.

Caminamos en silencio, note como muchas veces ella me observaba por el rabillo del ojo y como se molestaba cuando otras chicas, prostitutas porque… ¿Qué hacían a esa hora despiertas a mitad de la calle y con ropas vulgares? se me quedaban viéndome y tomándome fotos con sus celulares baratos.

Para ser sincero esas chicas me tenían sin cuidado, solo podía concentrarme en ella y su agradable y obsesivo olor a fresas.

Se tropezó con sus pies y si no la agarro se va de boca contra el asfalto. – ¿Quieres tener más cuidado por donde caminas? – Dije un poco frustrado.

Me miro molesta y bruscamente se soltó de mi agarre. – Lamento ser tan torpe.

Ohh, de nuevo su ironía salía a flote.

Me encantaba que fuese tan dura conmigo, pero a la vez me molestaba que usara ese tono.

Continuamos caminando, aunque ella ya no me miraba como antes, sentía como echaba fuego por las orejas, era obvio que estaba molesta y que yo había sido demasiado grosero con ella. Pero para decir verdad, se lo merecía.

Mordió su labio y me dijo. – ¿Qué haces en... Mmm... Nueva York? Quiero decir, ¿No deberías estar en Inglaterra o una mierda así? 

Reí para mí, estaba nerviosa. ¿Yo la ponía nerviosa?

›› Claro que no está nerviosa.‹‹

Si, si lo está. 

›› No, claro que no. Deja de hacerte ideas donde no las hay.‹‹

Cállate la puta boca.

›› Yo soy tu puta boca, pendejo.‹‹

No lo eres, solo eres mi conciencia, no es lo mismo.

›› Si lo es.‹‹

Claro que no.

Bella me miraba raro, tal vez tener una discusión con mi conciencia no era lo más normal, sobre todo cuando se discutía por pendejadas. – ¿Qué decías?

–Nada, olvídalo. – Rodo los ojos. – Pendejo. – Susurro para ella, pero pude oírla perfectamente.

Trate de hacerme el que no escucho nada y olvidarlo. Su pregunta invadió mi cabeza de nuevo y procese una respuesta rápidamente. – Vine a Nueva York por negocios. – Le explique.

Asintió con la cabeza y de nuevo cruzamos otra calle. ¿Cuánto llevábamos en esto? Creo que ya iban 10 cuadras caminadas desde la pequeña tienda hasta donde sea que estuviésemos ahora mismo.

– Dijiste que era cerca. – Refunfuñe, cambiando de tema.

–No, no lo dije.

–Sí, si lo hiciste. – Proteste.

Hizo un puchero adorable y me miro a los ojos. – ¿El ricachón se canso ya de caminar? ¿Quiere que llame a una limosina o algo así? No espera, ¿Por qué mejor no un helicóptero?

Ironía de nuevo, rodee mis ojos.

›› Perra.‹‹

–No tranquila, no hace falta, es solo que no sé donde estamos. – Admití.

Ella se detuvo frente a un edificio alto y abandonado, me asuste al pensar que tal vez ella viviese aquí. ¿Qué clase de lugar era este? La verdad estaba que me cagaba del miedo en mis pantalones.

›› Ella tiene razón. Eres un pendejo y un miedoso.‹‹

¡Cállate! Regañe a mi cabeza.

– ¿Vives aquí? – Pregunte aun perplejo por el lugar, ya debían ser la una de la mañana y para mi suerte ya empezaban a llamar a mi teléfono, no pretendía contestar, gracias a Dios lo tenía en vibrador.

Ella me dio un leve golpe en el hombro. – Claro que no, tarado.

Aun no entendía que venía hacer a estas horas de la noche aquí. ¿Si no vivía aquí entonces qué? Ella entro a un callejón oscuro y empezó a hablar con un hombre, yo me quede un poco afuera para vigilar el lugar o algo así fue lo que me ordeno ella. Observe como de su bolso sacaba el pan que había comprado en la cafetería y se lo dio a aquel hombre.

Después de despedirse, se acerco a mí. – Listo.

Fruncí el ceño. – ¿Quién es? ¿Tu novio? ¿Tienes un novio vagabundo? – Pregunte.

– Que te importa. – Se encogió de hombros.

–Te acompañe, exijo una explicación.

Me miro estupefacta. – Yo no te obligue a que lo hicieras y no es mi novio, ni siquiera tengo un novio.

Un gran suspiro de alivio salió de mis labios.

Ok ¿Porque suspiro por eso?

La vibración en mi bolsillo era insoportable, así que saque el teléfono y observe las 24 llamadas perdidas que tenia de diferentes personas pero sobre todo de mi servicio de seguridad.

Decidí teclear un mensaje a Jasper que era mi mano derecha y le avisaría que estaba bien y que solo estaba comprando algunas cosas. De un momento a otro Bella tomo mi celular y se lo guardo en la chaqueta.

– ¿Qué haces? – Le pregunte al notar que ella solo miraba para atrás, voltee mi rostro y observe como cuatro hombres, drogadictos y melandros nos seguían.

Bella empezó a agilizar su paso y yo hice lo mismo, de seguro y nos robarían. Si, adiós a mi reloj swatch de oro, a mi iPhone y a mi chaqueta de cuero de casi 300. ¡Dios! ¿Cómo diablos me había metido en esto? No debí seguir a esta chica y por Jesús, maría y José, ahora sentía a esos tipos más cerca y necesitaba fumarme un cigarro ahora mismo.

›› ¿Pensando en cigarros Edward Cullen? Eres completamente patético.‹‹

-¡Corre! – Le ordene a Bella, al notar que los hombres estaban mucho más cerca que antes. Ella me obedeció y corrió con torpeza pero corrió. Yo la seguía y la empujaba levemente cuando se quedaba atrás, me asegure que ella fuese primero para que estuviese mas a salvo.

Doblamos una esquina y los perdimos de vista.

Ella se escondió en uno de esos callejones y me tomo de la mano para que entrara con ella, nos escondimos detrás de un bote de basura que olía a mierda. Nuestras respiraciones erráticas hacían un eco en la gran oscuridad, y con el corazón en mi mano, estaba que me hacia pis.

Ella se asomaba de vez en cuando para ver si aun había alguien afuera.

No podía respirar. Malditos cigarros, debería dejar de fumar. Mi pecho comenzaba a quemar, de verdad no podía respirar.

¡Shhh! – Me decía ella, trate de calmarme y me senté en yo no sé donde, era algo pegajoso y olía a orín, mañana averiguaría que era, me sentía muy cansado y puta madre, debo dejar de fumar.

Ella se levanto y salió. – ¿Qué haces?

– ¿Qué no ves? Me largo.

Salió del lugar y yo me quede mirándola mientras ella desaparecía, entonces vi como la rodeaban esos hombres, me quede estático viendo la situación. No sabía que mierdas hacer. Si era un puto miedoso.

Ella discutía con los hombres y les suplicaba que no la tocaran. Uno se acerco a ella y empezó a manosearla de más. El enojo llego a mí y me levante del lugar. Tal vez todas esas clases de defensa personal que una vez tome servirían de algo.

– ¿No ves que pide que la sueltes? – Dije no muy seguro, el miedo me embargaba pero ¿Qué carajos? Yo no era un puto héroe o algo así.

–Mira que tenemos aquí, hermano. – Le dijo uno de los hombres a otro. – Su alteza real. – Se inclinaron ante mí, el ego y la furia que vivían dentro se elevo.

Otro tipo, ya de pie tomo a Bella de la cintura. – Vaya que el ricachón es suertudo, se consiguió un entretenimiento del bueno. – Empezó a apartarle el pelo de la cara, ella giraba su cabeza para que no la tocaran pero el hombre con brusquedad le apretó la quijada para que ella lo mirase a los ojos.

–De verdad eres bastante guapa. – Apreté mis puños al ver como el hombre la recorría sin pudor con la mirada deteniéndose en el valle se sus senos que a decir verdad estaban bien formados.

Negué con la cabeza. ›› A ver Cullen, concéntrate porque estamos frente a unos tipos que quizá vallan a violar a Bella y a robarte todas las cosas que traes contigo.‹‹

– ¿Qué te parece si pasamos una buena noche? – Insistió aquel hombre tocando su cabello. Ella le escupió en la cara y el tipo la golpeo. – ¡Perra, las pagaras!

El hombre la acorralo contra una pared y comenzó a tocarla mientras que ella le gritaba unas cuantas groserías pero nunca, nunca lloro ni suplico por mi ayuda o la de algunos de los que estaban allí. Se veía angustiada y con sus uñas trataba de arañarlo pero él era inmune a cualquier cosa que ella le hiciera.

›› La está tocando.‹‹

Lo sé.

›› ¡Haz algo!‹‹

¿Qué hago? Eres mi consiente, ¡aconséjame!

››Has cualquier cosa estúpida.‹‹

Me acerque al tipo y le pegue con mi puño lo más fuerte que pude.

–Buen golpe amigo. – Dijo el hombre con ironía y rabia, limpiándose la sangre que ahora salía de su labio inferior. Bella de un mediato se acerco a mí y se refugió a mis espaldas.

Uno de los otros hombres se acerco a mí y me golpeo. Le di a los cuatro pero claro, ellos también me golpeaban a mí. Era bastante difícil tratar de proteger a una chica que seguramente no te agradecerá el favor después y qué, sobre todo, seguramente morirás en el intento porque son cuatro hombres contra uno que nunca en su vida ha hecho algo así. Bella que les pegaba con yo no sé qué mierda encontró en el suelo y seguía escupiéndoles y pateándolos una vez caían al suelo rendidos. De nuevo la tome de las manos, otra vez esa maldita electricidad que apareció hace unos minutos atrás se apodero de mi cuerpo, maldita adrenalina que me hacía sentir cosas extrañas. Traté de no prestarle atención a eso y empezamos a correr lo más que pudimos, apresurándonos a llegar a un lugar mucho más lejos que ese.

Cuando estuve seguro que nadie nos seguía pare para tomar aire, ella hizo lo mismo. – Corres como niña. – Dijo en broma.

Me carcajee.

–Y tú eres demasiado torpe. – Después de haber inalado el suficiente oxigeno y sentirnos seguros de que podríamos mantenernos en pie sin caer al suelo por el dolor que se apoderaba en nuestros cuerpos, ella empezó a alejarse hacia una dirección y yo la imite, después de un largo tiempo le dije. – Es tarde, puedo llevarte a casa.

Ella acepto, por primera vez mi proposición y caminamos en silencio hasta mi auto, cojeaba y me pregunte porque seria, la verdad me preocupe. – ¿Estás bien? – Dije cuando ella entro a mi auto.

Ella asintió con la cabeza. – Ese tipo tenía las bolas bien duras.

Ella miro mi auto por un par de minutos, tomo aire y luego de abrir los ojos, subió en èl.

Extraño.

Rodee el auto para sentarme en mi asiento, mucho después de apreciar su silueta en la oscuridad fue que decidí encender el motor pero no arranque el auto simplemente porque quería que ella dijera algo. La sentí extraña y me moría por saber que se le pasaba por su cabeza.

– Es tu puta culpa. – Me acuso.

– ¿Disculpa?

–Lo es, si no hubieras sacado tu teléfono de última tecnología de seguro esos tipos no nos hubieran seguido. – Dijo mirando sus manos, apenada.

Tenía razón pero no todo era culpa mía.

– ¿Lo crees así? Si tú no hubieras tenido la loca idea de ir a un edificio abandonado para darle de comer a tu novio pobre a la una de la mañana esto... – Señale mi cara ensangrentada, de seguro mañana seria noticia mundial. – No hubiera pasado.

– ¡Pero yo no te obligue! – Me grito frustrada, pude notar la culpa en sus ojos. –Además no tengo novio. –Tomo una gran bocanada de aire y continúo. – Eso es lo que odio de toda la gente como tú, creen que nunca tienen la culpa de nada. – Su voz se quebró y parecía que fuese a llorar. – Lo siento. – Susurro.

¿Qué era esa extraña sensación que ahora estaba sintiendo de querer abrazarla y disculparme un millón de veces y decirle que todo estaría bien? ¿Lastima tal vez? Quizá sea la misma culpa lo que siento. Era extraño porque nunca me ha preocupado nadie más que no sea yo mismo, además ¿Quién era esta chica? ¿Por qué me hacía sentir esto?

Levante su rostro con mi dedo para que me mirara, sus ojos estaban aguados por querer retener las lagrimas. Pero para decir verdad nunca me ha importado que una mujer llore en mi presencia. En mi vida he visto y he hecho que muchas mujeres lloren pero este ángel no merecía eso. No, ella no. ¿Qué coños me estaba haciendo ella? Por una extraña razón cuando sus ojos chocolate se clavaron en los míos me hicieron perder la razón y otra vez estaban esas ganas de abrazarla y decirle de una y mil maneras que todo estaría bien. Me estaba volviendo adicto a esos ojos color chocolate y eso que no mas la conocía de tan solo tres horas.

– No te disculpes, la culpa es mía, tienes razón. – Con la yema de mis dedos acaricie su mejilla y pude notar como su labio inferior temblaba un poco y tuve la tentación de besarla, de verdad ella era bastante hermosa pero en vez de eso simplemente con mi dedo roce su labio levemente tratando de darle a entender de que no había de que preocuparse. –Perdóname.

Una vez más mis ojos se posaron en los suyos y de nuevo me perdí en ellos por un buen tiempo. Su piel sobre la mía era la mejor caricia que una vez pude recibir y de verdad, de verdad Carlisle tenía razón. ¡Los ángeles si existen y ella es la prueba absoluta de su existencia!

– ¡Maldición, estas sangrando Edward! –Grito angustiada, baje mis manos de su rostro y ella llevo las suyas a su boca y mojo su dedo gordo para luego llevarlo a la comisura de mis labios y limpiar un poco de la sangre que tenía ahí.

No puedo negar que no me dolió.

El momento era tan incomodo, se quedo mirándome y enserio, me estaba obsesionando con esos ojos. Me sonrió y yo le devolví la sonrisa.

›› Vamos, ¿Qué esperas? Bésala.‹‹ Me ordeno mi cabeza.

No, claro que no.

›› Rayos, es tan guapa.‹‹

Cállate.

–Edward, ¿Enserio me llevaras a casa? – Pregunto con el ceño fruncido.

Me saco de mi trance y me reincorpore en mi asiento encendiendo el motor una vez mas y pisando el acelerador, ella me indicaba qué camino tomar para llegar a su casa. – Bella, ¿Qué edad tienes? – Quise saber tratando de romper con aquel incomodo silencio.

–Cumpliré diecinueve en septiembre.

– ¿Qué día? – Insistí, algo en mi quería saberlo todo en ella.

Ella sonrió. – El trece.

–Y… ¿Estas en la universidad? – Ella asintió con la cabeza pero no dijo nada más, la observe por el rabillo del ojo esperando que ella dijera algo, me impaciente ¿Por qué no lo hacía? – Es tu turno. – Dije después de un breve silencio.

– ¿Qué cosa?

–Preguntar acerca de mí.

Se encogió de hombros. – Ya se mucho de ti, ¿Sabes? Tu vida privada es muy pública.

Ella tenía razón pero de igual forma quería que ella me preguntara. – Solo pregúntame.

Rodo los ojos y me miro. – ¿Qué edad tienes, Cullen? – Dijo con tono monótono.

–Veintiséis. – Murmure y luego reí, sin despegar mi vista de la carretera y ella hizo lo mismo. Después de hablar de cosas triviales y conocerla solo un poco más, ella me devolvió mi teléfono.

Se encogió de hombros y me miro mordiendo su labio inferior. ¿Por qué carajos la envidio ahora mismo a ella por poder hacerle eso a su boca?

– No ha dejado de vibrar. – Confeso.

Tome el móvil y revise las llamadas perdidas y algunos mensajes. Uno me llamo la atención y negué con la cabeza llevando mis manos a mi cabello, revise en mis bolsillos tratando de encontrar la caja de cigarros ¿Dónde carajos estaban? ¿Los abre perdido?

– ¿Qué ocurre? – Pregunto Bella preocupada a mi lado.

La mire y suspire un poco porque tal vez ella podría ayudarme. – Bella, sé que no nos conocemos pero… ¿Te importaría si me quedo a dormir en tu departamento esta noche? – Ella giro su cabeza y miro hacia la ventana. Bien, lo estaba pensando y eso era bueno. –Podría pagarte, lo que quieras.

-¿Por qué no vas a un hotel? Hay uno cerca de aquí…- Ofrecio.

Negue.- Un hotel levantaría a la prensa y estoy huyendo de ella. ¡Te pagaría lo que sea!

Me miro y sonrió. Ok, otra que se une al club de "Hago lo que sea por dinero" Tal vez ella no era un ángel después de todo.

–Hay tres reglas. – Arque una ceja ante su tono mandón. – La primera es que te irás antes de ocho, la segunda es que dormirás en el sofá porque yo no lo hare. – Sonreí ante su poca formalidad y le hice un movimiento con mi mano para que continuara, abrió la puerta y antes de salir del auto me dijo: – Y la tercera es que no aceptare tu dinero. – Y cerró la puerta fuertemente y la observe adentrarse al edificio.

Como un pendejo apague el motor y le di las llaves al valet parking que me miraba un poco extrañado y después de amenazarlo con que más le valía cuidar ese auto, me uní a Bella que esperaba el ascensor con sus manos en los bolsillos.

–Gracias. – Susurre cuando estuvimos adentro de su apartamento que aunque era pequeño, también era bastante acogedor.

–Quieres agua, chocolate o un café. – Me ofreció ella desapareciendo de mi vista entrando a lo que quizá era su cocina. No conteste nada, simplemente me quede observando el lugar sentándome al mismo tiempo en el gran sillón café que supongo iba a hacer donde yo dormiría esta noche. – Quizás quieras que te haga algo de cenar.

–No, no es necesario, creo que agua estaría bien.

Al rato ella regreso con un vaso de agua y yo tome de allí un poco nervioso al sentir su mirada fija en mí. Trague en seco al pillarla mirándome con el labio entre sus dientes. ¿Por qué le gustaba hacer eso? Mejor dicho, ¿por qué hacia todo esto? La duda me carcomía y me aventure a preguntarle.

– ¿Por qué haces todo esto? Si no es por dinero, no veo porque habrías de hacerlo.

Ella se encogió de hombros. – No lo sé, tal vez en algún futuro me lo puedas pagar con otro favor.

Asentí y mire el sofá que para decir verdad no era muy cómodo que digamos. – ¿Aquí es donde yo dormiré? Porque a mí no me importaría compartir tu cama…

Me regalo una mirada de pocos amigos y se levanto de donde estaba. – Que gracioso Cullen. Si, allí dormirás. – Camino hacia una habitación y cuando encendió la luz deduje que era su habitación, cerro la habitación detrás de ella y solo quede yo y el silencio.

Me quite la chaqueta y la puse a un lado, coloque el vaso sobre la mesa de cristal que estaba enfrente y le teclee un mensaje a Jasper avisándole que había encontrado un lugar para dormir y que estaba bien… Muy bien.

La puerta se abrió y una Bella con una blusa blanca extra larga, bueno no tanto porque podía verle perfectamente sus piernas bien descubiertas, salió de la habitación con unas cuantas cosas en sus manos, las puso a mi lado y se sentó.

– Yo sé que no es lo mejor pero aquí esta una almohada y un par de cobijas. – Explico señalándomelas, se levanto y me miro. – Yo ya me voy a dormir. – Camino a su habitación una vez más y ¡Puta madre! Debajo de su blusón para dormir solo llevaba unas bragas negras que me dejaban ver sus hermosos glúteos. Me acomode el pantalón porque de un momento a otro lo sentí un poco más apretado y justo antes de cerrar la puerta me hablo: – Ya sabes Cullen, a las ocho.

-Buenas noches para ti también, Isabella.

Asentí con la cabeza y le regale una sonrisa, ella hizo lo mismo y cerró la puerta. Suspire y me quite los zapatos dejándome no más las medias sobre los pies. Acomode la almohada en su lugar y abrí el cobertor arropándome al momento de apoyar mi espalda contra el incomodo sofá. Bien, no sería la mejor noche de mi vida pero creo que siempre estaría agradecido con esta extraña chica que se hacía llamar Isabella Swan…

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