Diclaimer: Los personajes son de Meyer & la historia es toditita mía.
Summary: Edward Cullen es uno de los hombres más adinerados de América y el Reino unido. Es orgulloso, egocéntrico y arrogante. Una noche conocerá a Bella Swan, una simple chica neoyorkina que volverá su perfecto mundo de cabezas.
Dulce inocencia.
Epov
Un millón de cosas no me dejaban dormir tranquilamente, además si lo hacia lo más seguro es que en la mañana tenga problemas con mi cuello por lo incomodo que resultaba ser este maldito sillón. Recuérdenme regalarle uno nuevo y mas cómodo a esta chica. Me senté y pase mis manos varias veces por mi cabello tratando de calmarme y verle el lado positivo y optimista a toda esta mierda.
Nada, no había nada bueno con lo que me estaba pasando pero creo que este es el precio que se debe pagar para ser una persona exitosa, aunque no me arrepiento de que este lindo ángel se halla cruzado en mi camino, porque o si no en este preciso momento quizá este durmiendo en un motel barato.
Pero al menos en una cama decente y no en un incomodo sofá.
Ok, buen punto pero al menos no estaría en una cama llena de semen y no sé de qué otras mierdas asquerosas. ¿Pero en que porquerías estaba pensando? Hoy sería un día muy ajetreado, igual que todos los días, eso era muy común en mí. Pero… Lo que de verdad no me dejaba dormir es que solo a pocos metros estaba la chica más hermosa que quizá mis ojos hayan visto alguna vez y no sé porque lo digo, ella no era para nada especial, tal vez diferente pero no especial, he visto a lo largo de mis días mujeres hermosas pero nada como aquel ángel que me había abierto las puertas de su casa sin condición alguna y eso que apenas y me conocía. ¿Por qué lo hacía? Quiero decir, nadie más lo haría gratis, sin que hubiera dinero u otro interés personal de por medio y era demasiado extraño. Sonreí, y acerque una almohada a mi rostro inhalándola levemente, el olor a fresas que se impregnaba allí y era delicioso, embriagador, adictivo. Quizá sea el mejor olor que alguna vez mi nariz haya percibido.
No pude evitar que mi mente regresara a unas horas antes, no sé qué sería de mi o de ella en este momento si no la hubiese acompañado al horrible lugar al que fue y que aun no entendía que carajos fue ella hacer allá. Era una chica fuerte, de eso estaba seguro, demasiado seguro pero no sé porque con ella quería sentirme fuerte también. Cuando vi que esos tipos la tocaban algo en mi cobro vida y era extraño. Con ella me sentía como un héroe y quería hacerlo, quería ser un héroe.
¿Pero porque carajos pensaba en esto? Tal vez ella solo lo hizo por caridad, para demostrar que a los de mi clase también necesitan muchas veces ayuda. ¿Yo necesitaba ayuda?
Pase mis manos por mi rostro para alejar un poco la tensión y el dolor apareció, no me había acordado que aun tenia las heridas leves y que mi rostro estaba algo ensangrentado por el pleito con aquellos hombres…y puta madre, enserio necesitaba un puto cigarro. Me levante frustrado del lugar hasta la cocina, quizá ella guardaba una caja o por alguna circunstancia de la vida ella tuviese un cigarrillo por algún lugar.
Rebusque en los estantes, encima del refrigerador, por el lavavajillas y prácticamente casi destrozo toda la pequeña concina buscando un maldito cigarrillo ¿Es que acaso ella no fumaba? Maldita sea, necesitaba llenar mi boca con algo, cualquier cosa.
Rebusque en su refrigerador y note que no había nada, quizá la suficiente comida como para dos o tres días, al parecer la chica no era de las que se daba gustos pero por un demonio, yo le compraría elWal-Mart entero si solo comía algo ahora mismo. Lleve a mi boca un poco de lasagne y suspire porque aunque estuviese un poco fría, estaba deliciosa.
No me di cuenta en qué momento termine de comerla, lo único que se es que estaba demasiado deliciosa como para que se hubiese acabado tan pronto. Mire mi reloj y solo eran las seis y media de la mañana, se que ella había dicho que me marchara a las ocho pero en esa porquería de sofá no había podido pegar el ojo así que era mejor irme lo más pronto posible.
Coloque sobre el lavabo el plato sucio en donde segundos antes se encontraba la lasagne y lo lave tratando de hacer el menor ruido posible. Ordene un poco la cocina y regrese a la pequeña sala por mis cosas, tome mi chaqueta y me coloque los zapatos, acomode las almohadas y las sabanas y por ultimo tome mi celular. Antes de salir del acogedor departamento decidí ser amable y tan siquiera dejarle una nota explicándole mi gratitud y otras mierdas y bueno, al menos dejándole algo de dinero, 200 dólares mínimos. Sé que la chica no me conocía y que no quería de mi dinero pero lo que había hecho y con lo poco de comida que había en su refrigerador, se lo merecía.
Suspire y abrí la puerta cerrándola a mis espaldas con el mayor cuidado posible. En silencio camine hasta el ascensor y espere a que se abrieran las grandes puertas de metal, oprimí el botón del primer piso para llegar a la entrada principal ¿Por qué sentía que no hacia lo correcto? ¿Por qué sentía que debía seguir allí, mirarla y despedirme de ella quizá una última vez? ¿Por qué quería sentir su olor de nuevo? ¿Por qué quería ver sus ojos chocolate una vez más? ¿Porque, porque y porque? Negué con la cabeza para alejar esos extraños pensamientos. ¿Qué carajos me hacia Isabella Swan? Quizá, no la podía superar por el trato diferente al que ella me daba que debo admitir, era un poco irritante pero me gustaba, muy en el fondo me gustaba.
Camine hasta el hombre que estaba en la puerta, frunció el ceño al verme pero me regalo una sonrisa, yo hice lo mismo.
– Necesito mi auto. – Dije directo, necesitaba estar en mi oficina y al menos dormir un poco.
El hombre suspiro. – Lo siente señor, pero aquí no se ofrece aparcamiento.
– Imposible. – Musite, era imposible eso porque entonces… ¿A quién le di mi auto hace un rato? El hombre frunció su ceño y empezó a negar con la cabeza.
Mierda, nos robaron.
Trague en seco ante la posibilidad, el amable señor balbuceaba incomodo y nervioso, tratando de explicarme lo que ya sabia y que él podía llamar a la policía y otras pendejadas. Apreté levemente el puente de mi nariz y tome aire varias veces. ¿Enserio, cuando esta un maldito cigarrillo cuando más lo necesito? Conté hasta diez y solo cuando supuse que estaría tan calmado como para no gritarle al hombre que lo único que hacía era hacer su trabajo fue que alce una mano para que dejara de hablar de una buena vez antes de que en verdad me enojara.
– Gracias. – Murmure y camine hasta la salida. Tarde al menos quince minutos para conseguir un taxi disponible, le di la dirección de mi pent- house y solo dos horas después fue que pude llegar a mi departamento, porque nos encontrábamos al otro lado de nueva york.
La entrada estaba desierta y eso en parte era bueno, con todo lo que había ocurrido esta semana conmigo creí que aun estarían esas personas. Al entrar solo tuve tiempo para bañarme, se me hacia tarde para la junta matutina de los lunes por lo que disidí tomar un rápido baño. Me coloque mi traje y mande a buscar mi otro auto.
Conduje calmado hacia mi oficina y solo cuando me di cuenta que llevaba media hora de retraso fue cuando me quise dar prisa. Como deduje, llegue una hora tarde y me disculpe con todos y no se hicieron falta los comentarios sarcásticos por mi rostro, la verdad es que no me había dado tiempo para verme en un espejo y eso es lo que menos me importaba ahora.
Discutimos algunos proyectos y otras cosas, dos horas después fue que pude tener un poco de tiempo libre, le dije a Jessica que llamara a Jasper y que no dejara entrar a mas nadie porque lo que más necesitaba en este momento era estar solo, a los pocos minutos el ya estaba entrando por la puerta con una gran sonrisa en sus labios.
– Quizá la chica de la foto tenga que ver con tus moretones… ¿No es cierto Cullen? – Puso sobre mi escritorio un par periódicos y era cierto, aunque un poco oscura la imagen, obviamente la chica a mi lado era Isabella Swan. Suspire al imaginarme su sonrisa. – ¿Tan así fue? – Insistió.
Rodee los ojos y deje el periódico a un lado, la verdad no me interesaba que era lo que decía. ¿Acaso no se aburrían de escabullirse y meterse en mi vida? ¿Cómo es que tan pronto había impreso esa noticia? ¿Ella ya la habría visto?
Negué con la cabeza levemente y me puse serio tratando de olvidarme de ella un poco y concentrándome en lo importante. –Robaron mi auto. – Le notifique, lleve una mano a mi sien y lo masajee levemente.
Su cara de inmediato se tenso y frunció el ceño. – ¿Eso como paso?
– Eso no importa, solo repórtalo como perdido.
– ¿Por eso te golpearon? – Insistió. Me sonroje un poco al recordar cómo había sido tan estúpido de darle mi auto a un tipo cualquiera. Por Dios, que mi edificio tenga Valet parking no significa que el de los demás también.
Era un estúpido.
– Así es. – Mentí.
Por el teléfono le informe a Jessica que me trajera un poco de café, no había dormido y necesitaba un poco para sobrevivir a este día. Jasper seguía mirándome y aunque escabullía mi mirada mientras lo observaba me era incomodo seguir así. – ¿Qué?
– ¿Qué de qué? – Trato de hacerse el desentendido pero lo conocía perfectamente, lo mire enojado, tal vez para el esto era chistoso pero para mí no lo era para nada. – Ok ya. Dime ahora, ¿Qué tiene que ver esta chica en todo esto?
Jessica entro con mi café y lo dejo en la mesa. – Nada. – Me encogí de hombros. No le diría que esta chica me había metido en problemas y que pase la noche en su departamento durmiendo en un incomodo sofá.
– ¿Nada? Por Dios Cullen, te ves cansado y anoche no llegaste a tu departamento.
No es lo que parece.
– No paso nada y si estoy cansado es porque no pude dormir bien. – Bueno, al menos había dicho la verdad. El seguía mirándome. – Jasper enserio no paso nada.
Levanto una ceja y negó con la cabeza pero no volvió a tocar ese tema ni ningún otro de los que me alteraran, muchas veces le gritaba pero es que no había comido nada, tenia sueño y siempre me altero un poco cuando me pasan estas cosas de no dormir y no comer.
A todos les pasa.
Después de muchas indirectas de parte de él, después de indicarme lo que tenía que hacer hoy, de cómo iban las finanzas y todas esas cosas, después de contarme cosas que no me interesaban pero que siempre como buen amigo escuchaba sobre su vida fue que se marcho de mi oficina, suspire y me quede en silencio un buen rato, me recosté sobre mi silla y cerré mis ojos para pensar en esta chica.
Isabella Swan.
Su sonrisa, su sarcasmo y su manera de ser tan diferente, simplemente no podía describirla, ella no era como de las que yo acostumbraba. No, ella era diferente. Totalmente diferente.
Isabella Swan.
¿Qué estaría haciendo ella ahora mismo? Cuanto daría por volverla a ver y tocarla o sentirla porque maldita sea, su tacto contra mi piel era algo que me encantaba. Me quemaba o yo no sé qué otra mierda, era algo totalmente nuevo para mí.
Me hundí mas sobre mi silla de cuero y seguí pensando en ella, en su olor y en todo lo que ella me ocasionaba ¿Quién rayos era esta chica? Nunca me había pasado esto, por nadie, por nada.
–Oh cariño, me encontré a Jasper hace un momento y me dijo que estabas aquí. – Su chillona voz me saco de mi lugar feliz, abrí mis ojos y me encontré con la persona que quizá no quería ver ni aunque fuese el fin del mundo.
Había veces que llegaba a hacer tan insoportable.
Aparto de mi escritorio unos papeles y puso encima una bolsa de comida, olía a pollo, mi estomago se encogió y quise vomitar. Odiaba el pollo.
¿Desde cuándo?
Desde hoy.
Ella se acerco a mí y empezó a parlotear como lo hacía siempre, suspire y me reincorpore en la silla mientras ella sacaba la comida.
Creí haberle dicho a Jessica que no quería a nadie en mi oficina.
– ¿Y Jessica?
–Cariño, ¿Qué has estado haciendo? Ya es la hora del almuerzo. – Paso a tras de mí y abrió un poco las persianas, los rayos del sol que se escabullían por el ventanal que daba con toda la ciudad me quemaban. Cerré mis ojos y conté hasta diez.
– ¿Qué hora es? Estoy ocupado y no tengo hambre. – Me gire en mi silla y encendí la computadora tratando de ignorar a la rubia que no dejaba de hablar.
Ahora no tenía cabeza para ella.
–Si Jasper tenía razón. – Se coloco detrás de mí y comenzó a masajear mis hombros. – Lo que necesitas es un buen masaje. – Ronroneo cerca de mi oído, trate de relajarme en sus manos que para decir verdad se sentían tan bien.
Cerré mis ojos y ella comenzó a intensificar sus masajes, se acerco a mi cuello y empezó a besarlo, no me importaba, hace mucho tiempo que no tenía una buena entretención y como que ya empezaba a necesitarla.
Ladee mi cabeza para dejarla seguir y poco a poco se fui intensificando todo, ella se sentó en mi regazo y se apodero por completo de mi cuello y rostro, apartaba mi cara cuando intentaba llegar a mi boca pero nunca dijo nada. Lleve mis manos a sus muslos y comencé a subirlos para acariciar sus glúteos, ella jadeo y abrió mi camisa acariciando mi pecho medio desnudo.
La hice a un lado y esta vez me apodere yo de su cuello, tome con fuerza su cabeza y subí mi mano para tocarle un seno, sus pezones estaban erectos y era perfecto. Si, ya estaba más que excitada, abrí a paso lento sus botones mientras ella devoraba mi pecho y mi cuello.
– ¡oh, por Dios!
Ambos nos separamos y aleje a Irina lo más que pude al ver a la persona de la cual provenía esa voz, ella estaba aquí y no me había encontrado en un buen momento. Cubría sus ojos con una mano y estaba levemente roja por la situación y mordía su labio inferior fuertemente.
Llevaba puesto unos Jeans, una blusa blanca, una chaqueta y en su cuello una bufanda de color azul, su perfecto cabello ondulado caía a cascadas sobre sus hombros y aun estaba allí, parada cerca a la puerta de mi oficina, observando todo esto.
Me levante de la silla como resorte y negué con la cabeza.
Esto no era lo que ella estaba pensando.
– ¿Cómo entraste? – Pregunte atónito, creo que el color de mi cuerpo había desaparecido por completo.
Isabella retiro de su rostro la mano que cubría sus ojos y del bolsillo de su chaqueta saco un sobre. – No te preocupes, solo vine a entregarte esto. –Camino hacia mí y lanzo sobre mi escritorio lo que hace unos momentos ella sostenía y la mire confundido. – Te dije que no quiero tu dinero. – Miro hacia todas partes hasta que sus ojos se encontraron con los de Irina y le sonrió. – Un placer. – Me miro a mí, con rabia eso era más que obvio. – Señor Cullen.
Ladeo su cabeza y se giro sobre sus talones para desaparecer por la puerta de mi oficina, la cual cerro de un portazo.
Aun mi cerebro no procesaba nada y mire a Irina, podía ver su delicado sostén negro y su vientre plano ¿En qué momento me deshice de su blusa? y fue cuando todo se reprodujo en mi cabeza de manera rápida e instantánea.
¡Santa mierda!
– ¿Quién era? – Pregunto Irina un poco irritada. La ignore, tome mi chaqueta y el sobre que ahora estaba en mi escritorio. – ¿Qué haces y quien era esa? – Casi grito, no me importo lo que decía y Salí corriendo lo más que pude de mi oficina.
Pude ver como su cuerpo desaparecía al cerrarse la puerta del ascensor, su mirada estaba clavada en el techo y movía su pierna desesperadamente.
Corrí para detenerlo, si lograba entrar con ella al ascensor, podría explicarle.
¿Qué le explicaras?
Hundí el botón para que se detuviera pero tardo demasiado, lo hundí un millón de veces más pero no paso nada, desesperado tome las escaleras bajando escalón por escalón, piso por piso hasta llegar al último. Durante todo ese tiempo me acomode la camisa y me puse la chaqueta.
Observe como ella se despedía del portero y como el chico se la quedaba mirando.
Cabrón.
El aire frio quemaba mis pulmones y ya me estaba quedando sin aliento, me apure lo más que pude y la tome con fuerza del brazo. – ¡Isabella! – Dije su nombre casi sin aliento.
– ¡Hey, suéltame! – Suplico y yo lo hice, me incline un poco apoyando mis manos por encima de mis rodillas y tomando aire, mucho aire.
–Casi que no te alcanzo. – No dijo nada y yo aun estaba agitado. ¡Vamos puto cerebro, piensa! Respire antes de decir algo. – Quiero hablar contigo.
Me reincorpore después de unos minutos de jadear, ella llevo sus manos a su cintura y se veía condenadamente sexy toda rabiosa.
–Mira Cullen, no necesito de tu dinero, por eso te lo devuelvo. – Se giro para marcharse pero la detuve y la adentre a uno de esos callejones que estaban cerca y la acorrale contra una pared, su olor a fresa me lleno las fosas nasales y me era casi imposible concentrarme. – ¿Qué haces? ¡Déjame!
–Déjame explicarte.
– ¿Explicarme qué? A mí no me importa lo que hagas con tus empleadas y mucho menos si te las tiras.
Negué con la cabeza. – No es lo que tú piensas, ella simplemente me daba un masaje.
Soltó una carcajada. – ¿Por Dios Cullen, un masaje? Hace mucho tiempo que se cuando dos personas...
– ¡Escúchame! – Exigí, ella me miro a los ojos y otra vez me costó concentrarme. ¿Qué carajos me estaba pasando? – Déjame compensarte.
Estábamos demasiado cerca, podía sentirla, podía olerla, podía hacer todo con ella aquí y juro que mi parte malvada me gritaba que me aprovechara de la situación.
Además aun sigo necesitado.
–Hare lo que me pidas, si no quieres que te de dinero está bien no te lo doy pero déjame compensarte de otra manera.
– ¿Estas jugando conmigo?
–Claro que no. – Dije un poco más tranquilo, no quería asustarla o algo.
Mordió su labio y su mirada trataba de escabullirse por la mía para comprobar si mentía. ¿Acaso no se daba cuenta que no lo hacía?
– ¿Qué ganarías tu con esto? – Pregunto después de muchos minutos. – ¿Por qué?
Oh, muy buena pregunta. ¿Por qué hago esto?
Vamos cabeza procesa algo rápido.
–No lo sé. – Susurre desviando mi mirada, ahora mis manos sudaban y mi corazón latía un poco más rápido ¿Qué rayos me estaba pasando? – Simplemente quiero recompensarte todo lo que hiciste por mi y conocerte…
Ella espabilo varias veces y jalo aire soltándolo de inmediato, estaba nerviosa.
– ¿Qué te parece? – Insistí, ella aun no decía nada y mordía fuertemente su labio. Mire mi reloj, solo eran las dos de la tarde y hoy no había hecho mucho en la oficina así que saldría temprano. – ¿Podría invitarte a cenar?
– ¿Pero yo pondría el lugar?
Sonreí. – ¿Significa un sí?
Frunció el ceño. – En caso de que yo aceptara, ¿Yo podría elegir el lugar?
–Solo si me dices que sí.
– ¡Edward! – Me regaño.
– ¡Bella! – Le seguí el juego, la mire y tenía su rostro teñido con un encantador rubor, sonreí y lamí mis labios ¿Cómo era posible que fuese tan hermosa? – ¿Entonces es un sí?
Ladeo la cabeza, asintiendo con ella, se aparto un poco de mi lado y de nuevo me sonrió.
–Paso por ti a las siete.
De nuevo asintió. – A las siete entonces y no llegues tarde. – Se encogió de hombros y levanto una ceja. –Por cierto Cullen, tienes lápiz labial en la camisa.
Mire hacia donde ella señalaba para ver si lo que ella decía era cierto, el aire se me escapo de los pulmones y solo pude volver a respirar cuando note que todo era broma. Cuando quise verla de nuevo ya no estaba.
Suspire y sonreí para mí.
¿Quién era Isabella Swan y que rayos había hecho conmigo?
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