Keblinger

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Dulce inocencia. - ¿Donde dormiste anoche?

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| martes, 12 de julio de 2011
Diclaimer: Los personajes son de Meyer & la historia es toditita mía.

Summary: Edward Cullen es uno de los hombres más adinerados de América y el Reino unido. Es orgulloso, egocéntrico y arrogante. Una noche conocerá a Bella Swan, una simple chica neoyorkina que volverá su perfecto mundo de cabezas.


Dulce inocencia.
Epov

Un millón de cosas no me dejaban dormir tranquilamente, además si lo hacia lo más seguro es que en la mañana tenga problemas con mi cuello por lo incomodo que resultaba ser este maldito sillón. Recuérdenme regalarle uno nuevo y mas cómodo a esta chica. Me senté y pase mis manos varias veces por mi cabello tratando de calmarme y verle el lado positivo y optimista a toda esta mierda.

Nada, no había nada bueno con lo que me estaba pasando pero creo que este es el precio que se debe pagar para ser una persona exitosa, aunque no me arrepiento de que este lindo ángel se halla cruzado en mi camino, porque o si no en este preciso momento quizá este durmiendo en un motel barato.

Pero al menos en una cama decente y no en un incomodo sofá.

Ok, buen punto pero al menos no estaría en una cama llena de semen y no sé de qué otras mierdas asquerosas. ¿Pero en que porquerías estaba pensando? Hoy sería un día muy ajetreado, igual que todos los días, eso era muy común en mí. Pero… Lo que de verdad no me dejaba dormir es que solo a pocos metros estaba la chica más hermosa que quizá mis ojos hayan visto alguna vez y no sé porque lo digo, ella no era para nada especial, tal vez diferente pero no especial, he visto a lo largo de mis días mujeres hermosas pero nada como aquel ángel que me había abierto las puertas de su casa sin condición alguna y eso que apenas y me conocía. ¿Por qué lo hacía? Quiero decir, nadie más lo haría gratis, sin que hubiera dinero u otro interés personal de por medio y era demasiado extraño. Sonreí, y acerque una almohada a mi rostro inhalándola levemente, el olor a fresas que se impregnaba allí y era delicioso, embriagador, adictivo. Quizá sea el mejor olor que alguna vez mi nariz haya percibido.

No pude evitar que mi mente regresara a unas horas antes, no sé qué sería de mi o de ella en este momento si no la hubiese acompañado al horrible lugar al que fue y que aun no entendía que carajos fue ella hacer allá. Era una chica fuerte, de eso estaba seguro, demasiado seguro pero no sé porque con ella quería sentirme fuerte también. Cuando vi que esos tipos la tocaban algo en mi cobro vida y era extraño. Con ella me sentía como un héroe y quería hacerlo, quería ser un héroe.

¿Pero porque carajos pensaba en esto? Tal vez ella solo lo hizo por caridad, para demostrar que a los de mi clase también necesitan muchas veces ayuda. ¿Yo necesitaba ayuda?

Pase mis manos por mi rostro para alejar un poco la tensión y el dolor apareció, no me había acordado que aun tenia las heridas leves y que mi rostro estaba algo ensangrentado por el pleito con aquellos hombres…y puta madre, enserio necesitaba un puto cigarro. Me levante frustrado del lugar hasta la cocina, quizá ella guardaba una caja o por alguna circunstancia de la vida ella tuviese un cigarrillo por algún lugar.

Rebusque en los estantes, encima del refrigerador, por el lavavajillas y prácticamente casi destrozo toda la pequeña concina buscando un maldito cigarrillo ¿Es que acaso ella no fumaba? Maldita sea, necesitaba llenar mi boca con algo, cualquier cosa.

Rebusque en su refrigerador y note que no había nada, quizá la suficiente comida como para dos o tres días, al parecer la chica no era de las que se daba gustos pero por un demonio, yo le compraría elWal-Mart entero si solo comía algo ahora mismo. Lleve a mi boca un poco de lasagne y suspire porque aunque estuviese un poco fría, estaba deliciosa.

No me di cuenta en qué momento termine de comerla, lo único que se es que estaba demasiado deliciosa como para que se hubiese acabado tan pronto. Mire mi reloj y solo eran las seis y media de la mañana, se que ella había dicho que me marchara a las ocho pero en esa porquería de sofá no había podido pegar el ojo así que era mejor irme lo más pronto posible.

Coloque sobre el lavabo el plato sucio en donde segundos antes se encontraba la lasagne y lo lave tratando de hacer el menor ruido posible. Ordene un poco la cocina y regrese a la pequeña sala por mis cosas, tome mi chaqueta y me coloque los zapatos, acomode las almohadas y las sabanas y por ultimo tome mi celular. Antes de salir del acogedor departamento decidí ser amable y tan siquiera dejarle una nota explicándole mi gratitud y otras mierdas y bueno, al menos dejándole algo de dinero, 200 dólares mínimos. Sé que la chica no me conocía y que no quería de mi dinero pero lo que había hecho y con lo poco de comida que había en su refrigerador, se lo merecía.

Suspire y abrí la puerta cerrándola a mis espaldas con el mayor cuidado posible. En silencio camine hasta el ascensor y espere a que se abrieran las grandes puertas de metal, oprimí el botón del primer piso para llegar a la entrada principal ¿Por qué sentía que no hacia lo correcto? ¿Por qué sentía que debía seguir allí, mirarla y despedirme de ella quizá una última vez? ¿Por qué quería sentir su olor de nuevo? ¿Por qué quería ver sus ojos chocolate una vez más? ¿Porque, porque y porque? Negué con la cabeza para alejar esos extraños pensamientos. ¿Qué carajos me hacia Isabella Swan? Quizá, no la podía superar por el trato diferente al que ella me daba que debo admitir, era un poco irritante pero me gustaba, muy en el fondo me gustaba.

Camine hasta el hombre que estaba en la puerta, frunció el ceño al verme pero me regalo una sonrisa, yo hice lo mismo.

– Necesito mi auto. – Dije directo, necesitaba estar en mi oficina y al menos dormir un poco.

El hombre suspiro. – Lo siente señor, pero aquí no se ofrece aparcamiento.

– Imposible. – Musite, era imposible eso porque entonces… ¿A quién le di mi auto hace un rato? El hombre frunció su ceño y empezó a negar con la cabeza.

Mierda, nos robaron.

Trague en seco ante la posibilidad, el amable señor balbuceaba incomodo y nervioso, tratando de explicarme lo que ya sabia y que él podía llamar a la policía y otras pendejadas. Apreté levemente el puente de mi nariz y tome aire varias veces. ¿Enserio, cuando esta un maldito cigarrillo cuando más lo necesito? Conté hasta diez y solo cuando supuse que estaría tan calmado como para no gritarle al hombre que lo único que hacía era hacer su trabajo fue que alce una mano para que dejara de hablar de una buena vez antes de que en verdad me enojara.

– Gracias. – Murmure y camine hasta la salida. Tarde al menos quince minutos para conseguir un taxi disponible, le di la dirección de mi pent- house y solo dos horas después fue que pude llegar a mi departamento, porque nos encontrábamos al otro lado de nueva york.
 

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