Diclaimer: Los personajes son de Meyer & lo que no conozcan es todo mío.
Dulce inocencia.
Estaba jodido.
Sí, eso era. Estaba jodido.
No sé porque mi corazón ahora se aceleraba con facilidad cuando la recordaba y no sé porque tenía esta sensación de querer volver a verla y debo decir que, era algo que definitivamente nunca en la vida me había pasado antes.
Ni en mis días de preparatoria, ni en la universidad y mucho menos ahora en mi vida adulta me había pasado algo parecido a esto.
Nunca.
¿Quién coños era Isabella Swan?
Sonreí una vez más al pensar en ella. Sus ojos chocolate que me hacían perder en ellos. Sus labios. Oh Dios, sus labios. Cuanto daría por probar de ellos. Sus sonrojos, su aroma, todo en ella me resultaba llamativo y no podía explicarlo, no quería explicarlo... Simplemente me gustaba.
Su belleza era exquisita, no era vulgar y mucho menos simple... Ella era tan inocente.
Tan diferente a lo que yo acostumbro.
Me recosté sobre una de esas paredes y respire hondo tratando de memorizar su olor, su delicioso olor.
Mire mi reloj. Solo 6 horas mas y la vería de nuevo.
Acomode mi chaqueta, pase mis dedos por mi cabello y me recompuse para subir a mi oficina a trabajar.
Salude al portero que amablemente me abrió la puerta de cristal a la entrada del edificio. Camine hasta el ascensor y presione el botón de mi piso, una vez cerca de mi oficina le reclame a Jessica su falta y ella se excuso asegurándome que jamás pasaría algo así, de nuevo. Y estoy seguro de que si no estuviera de tan buen humor ya la hubiese echado.
Entre a mi oficina.
Irina estaba sentada en mi silla de cuero frente a mi ordenador comiendo de su grasiento pollo.
Mi estomago se revolvió y quise vomitar.
Ella me miro y frunció el ceño. – ¿Dónde estabas? ¿Quién era esa?
– Nadie que te interese. – entrecerré los ojos y cerré la puerta a mis espaldas.
Irina dejo el pedazo de pollo en el plato y limpio su boca y manos con una servilleta. Volvió a mirarme y arqueo una ceja. – ¿Nadié?
¡Rayos!, ¿Porque ahora todos me reclaman?
– ¿Qué edad tiene la chica, 16? – escupió enojada.
¿Okey, a esta que mosca le pico?
Estuve de acuerdo con mi cabeza.
– Tiene 18 y no sé porque discuto esto contigo. – Me senté en el sillón de cuero y masajee mi cien, cerrando los ojos al instante. – Ahora, recoge tu asquerosa comida y vete de mi oficina.
– ¿Edward, es enserio? – dijo incrédula. Sin mirarla asentí con la cabeza y suspire.
– ¿Okey, y desde cuando eres pedófilo?
Eso me enojo, amigo. ¡Haz algo!
Presione el puente de mi nariz intentando calmarme, en mi mente conté hasta diez para no explotar, hoy iba a hacer un buen día y no iba a arruinarlo ni yo, ni Irina, ni nadie.
Y mucho menos su patético berrinche de perra celosa.
¿Enserio, que coños le pasaba?
Suspire pesadamente.
– Irina, vete ahora. – la mire a los ojos y le señale la puerta de mi oficina. Ella se cruzo de brazos y mantuvo su postura firme alzando su mentón y susurrando un 'No' como respuesta.
Enserio que no quería enojarme pero si ella me buscaba...
– ¡AHORA!
Y ahí se fue nuestro intento de no enojarnos, amigo.
Ella tembló ligeramente al gritarle, jadeo y empezó a decir cosas que no pude escuchar o no pude entender, ni yo mismo se.
Comenzó a lloriquear, a decirme cosas mientras que yo simplemente contaba hasta cincuenta para de verdad no enojarme. Estoy seguro de que ella no quería salir lastimada de aquí. Ya le había gritado una vez, no quería hacerlo de nuevo.
Además hoy estaba contento, enserio no quería arruinarlo... No solía ponerme feliz a menudo.
Y aprovecharía cada minuto.
Oh, seria por Isabella Swan?
No le preste atención a mi patética cabeza que solía hablar cuando de verdad no debería.
Creo que mi cuenta ya se había pasado de los 50 e Irina seguía aquí. Hablando, lloriqueando y no sé que otras mierdas.
De verdad me estaba cansado. Me levante de mi lugar y le abrí la puerta, entre divertido y un poco frustrado por la situación de aquella loca mujer.
Siempre supe que estaba loca.
Cruce por su lado para acercarme a la gran ventana de mi oficina, deleitándome con la hermosa vista de Nueva York. Podía sentir su mirada diabólica de mujer loca penetrándome a mis espaldas.
– Y cierra la puerta cuando te retires. – dije con una sonrisa en mi rostro.
Después de todo esto resultaba, por un lado claro, algo divertido.
Después de hacerme un berrinche, de insultarme mientras recogía su comida y largarse de mi oficina cerrando la puerta de un portazo, fue que de una vez me sentí en calma.
Suspire.
Era extraño, por lo general siempre acostumbraba a utilizar muy bien la compañía de Irina.
Me gire alejando mi vista del gran ventanal.
Tire el sobre que hace unos minutos Bella me había regresado sobre la mesa de mi escritorio y me quede observándolo, allí, callado.
Tratando de descifrar el misterio que escondía Isabella Swan, tratando de descifrar el sentido de sus palabras.
"No quiero tu dinero, Cullen"
¿Porque, porque y porque? Quiero entenderlo, quiero saberlo... Es decir, en un lugar como nueva York, es muy difícil de encontrar personas como ella, gente tan desinteresada e inocente y pensar que cualquiera puede aprovecharse de eso.
Que pudieran, tan siquiera lastimarla.
Y de un momento a otro un ápice de rabia inundo mi cuerpo.
Que hubiese la posibilidad de que alguna persona egoísta pudiese aprovecharse de su bondad, de su manera tan buena de ser, de que alguien pudiera sobrepasarse con ella, que alguien... Alguien como yo pudiese hacerle daño. No lo podía permitir, sencillamente no podría soportarlo y por una extraña razón con ella me sentía tan protector, algo que jamás me había pasado con nadie.
Pero que con Isabella Swan sí.
Y con ella sentía estas nuevas sensaciones que me hacían sentir tan impotente que me molestaban, que odiaba sentir.
¿Maldita sea, porque?
Tome el sobre y saque el dinero que estaba ligeramente desordenado por dentro. Era obvio que había contado la cantidad. Yo hice lo mismo y todo estaba en su lugar.
200 dólares exactos.
Ni un billete más, ni un billete menos.
¡Santa mierda! Era enserio cuando me afirmaba que no quería mi dinero.
Mire el reloj, 5 horas y 20 minutos mas y la vería de nuevo. ¿Cómo podría ser eso posible?
El celular empezó a vibrar en mi bolsillo y eso me saco de mis pensamientos instantáneamente. Me aclare la garganta y me senté en mi silla de cuero.
– ¿Bueno?– Conteste con tono casual.
– Señor Cullen? Habla con Oscar.
Asentí reconociendo de quien pertenecía la voz detrás del teléfono.
– ¿Si, sucede algo Oscar? – . Pregunte desinteresado.
Hubo un silencio. El joven aclaro su garganta. Al parecer estaba nervioso.
– ¿Señor, recuerda el auto que pidió hace un par de semanas? Bueno, solo queríamos saber si lo usara para apuestas o...
Dejo la frase en el aire y gire mi silla, la conversación se había tornado interesante. Creo que no me vendría mal un poco de adrenalina. Tenía mis meses de no conducir autos de carrera y de verdad extrañaba esa sensación de velocidad.
¿De verdad quieres volver a matarnos?
Negué con la cabeza para volver mi concentración a la llamada telefónica.
Ni tuve que pensarlo dos veces... De verdad necesitaba esos días de adrenalina.
– Creo que me pasare por allá en estos días. – conteste con tono neutral.
– Oh si claro señor Cullen, será un gusto recibirlo de nuevo por estos lugares. – continuo. – Solo avísenos para tenerle todo preparado.
– Por supuesto.
Cuando era más joven descubrí esta afición por los autos de carreras. Era algo que me distraía mucho, que hacía que me olvidara de todo lo que me mantenía estresado pero que por cosas de la vida, había tenido que abandonar este peligroso deporte hace poco tiempo dejando mis otros autos de carreras para apuestas personales que me hacían perder y ganar mucho dinero.
Y cuando perdía, rodaban cabezas...
El hombre al teléfono me explico el estado de mis otros autos, como iban las apuestas y otras cosas de menos importancia.
Le comunique que quería que al nuevo auto lo revisaran para el día en que fuera, y que fuera una carrera solo para mí.
La llamada finalizo.
Eres un puto loco. Me regaño mi cabeza.
¡Cállate!
Un rato después me concentre en mi trabajo. Ajuste balances, acomode precios y números y otras cosas importantes de las cuales me hacía cargo cada día.
Le pedí a Jessica que me trajera algo de comida. No había almorzado y me estaba muriendo del hambre.
Mire el reloj, solo 4 horas mas y la vería de nuevo.
Maldito reloj... ¿Puedes ir más rápido, por favor?
¿Quieres no desesperarte?
Eso intento, ¿Algún otro consejo sabelotodo?
Soy tu conciencia, lo sé todo.
Rodé los ojos, tratando de ignorar a la estúpida y patética voz de mi cabeza. Hace unas semanas de verdad estaba reconsiderando la idea de ir a un sicólogo, porque de verdad esta insistente voz me estaba poniendo los nervios de punta.
Me volví a concentrar un rato mas en mi trabajo, me bebí otro café y tome el periódico, que por cierto, hoy no había leído.
Leí la bolsa. El dólar había aumentado, eso era bueno. Leí los comics e hice al menos, en 10 minutos el soduko que, cada día era más fácil que el anterior.
Pero una noticia en particular llamo mi atención. ¡Santa jodida mierda! Jasper tenía razón, Isabella Swan ya era noticia.
Una foto. De ambos, pero de perfil. Nuestros rostros no se veían pero claro, si éramos nosotros, Bella y yo. Estaba más que claro, la foto era autentica. A pesar de la poca luz y de la calidad de la imagen no había duda de que éramos ella y yo.
¡Cielos!
Mis ojos vagaron rápidamente al escrito que, aunque era una noticia pequeña, señalaba mucho.
La leí.
"¡Le decimos, 'Hola a la chica misteriosa'! Al parecer la pasada noche, el joven magnate, heredero de todo el imperio Cullen; fue visto con una nueva y extraña chica. En la imagen no se logra captar quien es la joven, pero según las fuentes más cercanas al guapo millonario y testigos oculares, no es nada serio… ¿Seria solo un pasatiempo? No lo sabemos. Aquí solo nos toca esperar que buenas nuevas nos traerá esta vez, Edward Cullen."
Respire hondo, y tire el periódico hacia un lugar sin importarme.
No iba a enojarme, no iba hacerlo. Por lo general estas cosas solo eran ridiculeces que inventaban los tabloides para ganar dinero. Pero… ¿Qué tal y si Isabella ya vio esta locura?
Volví a observar el reloj. ¿Cómo coños es que solo había transcurrido 40 minutos desde la última vez?
Amigo necesitas relajarte, enserio.
– ¿Cómo quieres que me relaje si aún faltan horas para verla?, quizá y este molesta por esta mierda y además me siento extraño… – Hable en voz alta para mí mismo.
Vale, ya me había vuelto loco completamente.
Suspire una vez mas y me repetí otra vez que no me enojaría, porque no lo haría.
Alice, la enana cansona y vudú que tenía como amiga, entro a mi oficina. – ¿Con quién hablabas? – Pregunto con el ceño fruncido.
Negué con la cabeza. ¿Qué estaba pasando con mi privacidad? ¿Qué coños estaba haciendo Jessica?
– ¿No deberías tocar o avisar antes? Donde esta Jessica?
Nota mental: Despedir a Jessica.
Ella se encogió de hombros y se detuvo a mitad de camino. – ¿Quieres que salga, toque y entre de nuevo?
Rodee los ojos y señale el asiento enfrente de mi escritorio. – Ya siéntate y habla rápido, no tengo mucho tiempo.
Alice hizo lo que le dije pero se quedo callada una vez se sentó en la silla, tras un pequeño silencio departe de los dos, sintiendo su extraña mirada de loca sicótica que ve el futuro sobre mí, ella por fin hablo: – ¿Qué te sucede?
Okey, ella me ponía nervioso. Lo mejor sería ignorar y mentir. Negué otra vez con la cabeza y centre mi atención en la computadora. – No es nada importante.
– Sí, algo te pasa.
Bien, había olvidado que Alice era una puta adivina entrometida que se metía en lo que definitivamente no le importaba.
Masajee mi cien y cerré los ojos. – Alice, en serio ahora no.
Todo se torno silencioso y me pareció tan extraño, por un momento pensé que se había ido pero cuando abrí mis ojos y la vi a un costado, cerca del gran sillón de cuero leyendo del periódico, supe que eso no pasaría. Alice nunca hacia lo que yo esperaba y menos lo que le pedía.
Empezó a reír como una maniática y me miro.
– Si Jasper tenía razón...
Y me pregunto, ¿Con cuantas personas Jasper había hablado hoy?
No dije nada, creo que la ignorancia en estos momentos seria mi mejor amiga.
La enana se cruzo de brazos y su mirada en mi se intensifico.
Que Dios nos libre.
¡Amén!
– ¿Me lo dices tú o lo adivino yo?
Trague en seco. – Te lo juro por tu dios Alice. No pasa nada.
Entrecerró los ojos y me apunto con su dedo. – Lo que más odio de ti Edward Cullen, es que me creas pendeja. – tiro sobre mi escritorio el periódico con brusquedad. – ¿Ya lo leíste?
– ¿Que cosa, eso? – dije señalando la noticia que yo protagonizaba. – Oh Dios Alice, tu más que nadie debes saber que son ridiculeces.
Se sentó en la silla y puso los codos sobre el escritorio, junto sus manos y apoyo su barbilla sobre ellas, me miro. – Y... ¿Cuál es su nombre?
– ¿El de quien?
– El de la chica.
– ¿Que chica?
– La chica de la noticia.
– ¿Que noticia?
Apunto a la foto impresa en el periódico. – ¡Esta chica, esta noticia!
¡Dios! Respondía tan rápido a mis evasivas. Alice era demasiado lista y no se iba a rendir hasta conseguir lo que quería saber.
Me encogí de hombros. – No lo sé, no conozco a esa chisca. – Mentí.
– ¿Y es bonita?
Suspire. – Lo es.
– ¡LO SABIA! – Grito a todo pulmón y hasta yo me asuste. – Cuéntamelo todo, ¿Quién es? ¿Es modelo, actriz, cantante? ¿Es de nuestro círculo social? Oh Dios, ¿Cuando se conocieron? ¡Cuéntamelo todo, todo, TODO! ¿Es rubia? Sabes que no me gusta que salgas con huecas...
Hablaba tan rápido.
No había notada cuan cerca se había aproximado a mi hasta que tuve que echarme para atrás junto con la silla.
Esto era realmente incomodo.
Con mi dedo sobre su frente la empuje hacia atrás. Pase los dedos por mi cabello y jadee frustrado.
– No es nadie importante, la verdad es que no la conozco. – Explique y estaba siendo un poco honesto.
Así es, solo un poco.
– Y... Jasper me dijo que no fuiste a dormir a tu departamento la noche pasada.
Jasper, ya era hombre muerto, lo juro.
Asentí con la cabeza, calmado. Si, nadie podría mentirle a Alice y Jasper menos.
– Pero no es lo que crees. – pase otra vez las manos por mi cabello tratando de calmarme. – lo cierto es que simplemente dormí en su departamento... No podía hacerlo en el mío.
Fue turno para ella de asentir con la cabeza y me regalo una de esas sonrisas. – ¿Y quién es? Quiero decir, ¿La conozco? ¿Es famosa?
– Es un chica... – suspire. – Diferente.
Alice sonrió aun más. – cuéntame, ¿Como es? ¿Cual es su nombre?
La enana si hacía preguntas.
Y tú de pendejo las contestas.
Pero, como estoy seguro de que no lo hablare con nadie mas... Pensándolo bien ella era una muy buena idea.
Sonreí. – Su nombre es Isabella Swan...
Y así fue como se me fue la tarde con Alice Brandon, mi mejor amiga de toda la vida. La única que sabía de Isabella Swan, de los sentimientos que esa mujer me hacía sentir, que al mismo tiempo me gustaban pero que a la vez odiaba y me frustraban.
Le conté como la conocí, como me trato. Le explique los moretones en mi cara, la rara sensación que sentí cuando aquel hombre la miro y toco de esa manera cuando estábamos en aquel callejón a oscuras. Le explique esa sensación de querer ser un héroe para ella, de querer protegerla. Le explique ese extraño querer de arreglar el mal prejuicio que le cause sobre mí, al haberle dejado dinero y el haberme visto con otra mujer.
De arreglar todo con ella sobre cualquier cosa.
Pero sobretodo le explique, esa horrible sensación de querer verla de nuevo, de tenerla y tocarla y olerla.
Y besarla.
... Tan siquiera una vez más.
Después de todo lo que le dije a Alice, de abrirme a ella por horas y de ella solo escucharme y asentir con la cabeza. Lo único que hizo fue soltar la carcajada más estruendosa y larga de la historia.
Se burla de ti, de nosotros.
Fruncí el ceño, enojado porque se burlaba de mí. De su jefe, de su mejor amigo. De Edward Cullen.
– Si solo te vas a burlar de mi, puedes irte.
Ella siguió carcajeándose, limpio las lagrimas de sus ojos, se calmo un poco y me miro pero una vez más comenzó a reír como loca.
– No sé ni porque te lo conté. – Dije mas para mí que para ella.
Entre risas hablo: – Espérame un momento, solo un momento.
Y eso hice, impaciente.
Se recompuso mientras que yo la miraba enojado.
Remojo sus labios y aclaro su garganta. – ¡Te gusta! – grito sin más. – Quien lo diría, Edward Cullen se ha enamorado.
Negué con la cabeza, porque eso no era verdad, simplemente, imposible.
Esta vez el que reí fui yo.
Lo que decía era tan ridículo.
– Enserio que estás loca. Alice, solo la conozco de un día. Solo la he visto una sola vez. Es imposible que me guste.
Ella sonrió picara. – Cariño, para tu información se han visto DOS veces y por Dios Edward, es obvio que se cuando alguien está enamorado.
Negué. – Ya deberías dejar de leer novelas. Esta es la vida real. NO me gusta, NO estoy enamorado.
Ella bufo. – Quizá no estés enamorado pero tal vez si te gusta. – hizo una pausa y me miro. – yo nunca me equivoco Edward.
Y con eso se largo de mi oficina.
¡Mujeres!
Mire el reloj. 20 minutos para verla.
¡Santa mierda! Tome mi chaqueta, me la puse y me apresure a salir de mi oficina para ver una vez más a Isabella Swan...
Jessica estaba en su lugar, tecleando cosas en la computadora. Tome una de las rosas que tenía en su escritorio.
Le sonreí.
– Nos vemos mañana señorita Stanley. – y con eso me despedí.
Ella me iba a decir algo pero ya las puertas del ascensor se habían cerrado. Observe mi silueta borrosa entre las paredes doradas del ascensor. Pase mis dedos por mi cabello para tratar de peinarlo, me coloque el chaleco y acomode mejor mi ropa.
Conduje al menos 11 minutos hasta su departamento. Debo admitir que conduje lo más rápido que pude. No quería llegar tarde.
Espere a que solo faltara un minuto para poder subir hasta su departamento.
Suspire. Mi corazón bombeaba sangre rápidamente. Me mire al espejo, rocié sobre mí de mi perfume y tome aire.
Okey, haremos esto bien, no es como si fuera nuestra primera vez.
Asentí, tome aire y salí de mi auto. Camine hasta la entrada del edificio y salude al hombre con una sonrisa. Presione el botón del ascensor del piso donde vivía Bella y pase, una vez más, las manos por mi cabello.
Mire mi reloj. Justo a tiempo.
Presione el timbre y me recosté en la pared, ella abrió la puerta y mi corazón dejo de palpitar o eso pareció.
Llevaba un par de Jeans y una blusa azul manga larga, su cabello estaba suelto y podía olerla desde donde me encontraba.
Hermosa.
– Hola. – Me dijo con una sonrisa.
Aclare mi garganta y le devolví la sonrisa. – Hola.
Sí, creo que me gusta Isabella Swan.
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