Cheap universe.
Los personajes son de Meyer… Y lo que no conozcan es mío.
..
Embace de recuerdos.
Bpov.
- ¿Estoy gorda? - Le pregunte a Alec después de varias minutos de silencio en su auto. Desde que había aceptado su invitación a este parque de diversiones, ninguno de los dos había dicho palabra alguna.
La verdad es que mi cabeza era un caos. Solo podía pensar en cosas que en realidad no tenían ningún sentido y que me estaban volviendo loca.
Y todos mis pensamientos, por alguna razón, me llevaban a Edward Cullen.
Sentí, a lo lejos, la carcajada de Alec. - ¿Bella, estás hablando enserio? Por supuesto que no estás gorda... Esta normal.
- ¿Normal? Quieres decir... ¿Gorda?
Dejo de reír y clavo su mirada a mí, seria. - No, claro que no estás gorda. - Afirmo demasiado seguro pero había algo que aunque quisiera no podía creer. - ¿Por qué haces esa pregunta tan tonta?
Suspire y mire a la ventana. - No es una pregunta tonta...
- Claro que es tonta. Tú no estás gorda. ¿Quien pudo decirte eso?
Pude notar el enojo en su voz...
- Fue mi madre, ella lo dijo. - Confesé en un susurro. Un susurro que el pudo oír. - No le veo la necesidad por la cual mi madre mentiría. No la hay... Estoy gorda. - Dije esta vez a un volumen moderable.
- Bueno, déjame decirte que tu madre no sabe lo que dice. - Pude sentir sus ojos mirándome y volví a suspirar. - Y... Puedo asegurar que esta celosa de que su hija sea más hermosa de lo que debería.
Gire mi rostro y lo mire. - ¿Tu crees que en realidad soy hermosa?
- No sabes cuánto Isabella.
Fruncí el ceño y me lo quede viendo por un rato pero una vez más gire mi rostro y me concentre en el paisaje que me regalaba la ventana del copiloto del auto de Alec, el chico que, obviamente estaba coqueteando conmigo.
Pero... ¿Por qué no podía verlo como algo más? Quiero decir, era obvio que le gustaba. Le guste el día que nos vimos por primera vez y le gusto ahora. Y pues nada, no me quejo, el chico es guapo pero ¡Maldición! No puedo imaginarme con nadie más que no sea con Edward.
Suspire.
Edward siempre ha sido, es y será el chico que amo... A pesar de todo siempre será el chico que amo.
- Vamos Bella, por tu culpa llegaremos tarde. - Me apuro mi madre en un grito desde la sala.
- ¡No puedo atar mis moñas, mama! Sola no puedo... - Refunfuñe. Mis padres me habían obligado a ir a un baile de beneficencia con este estúpido vestido azul y dos colitas a mi lado. Tenía 7 años pero sabía que me vería patética y eso me enojaba... Mucho.
Pude sentir como mi madre entraba a mi habitación y se echaba a reír por mi intento de hacerme mis dos colitas.
Me enoje más.
- ¿Por qué no me pediste ayuda antes, Isabella? - Dijo entre risas mientras soltaba delicadamente los dos moñitos que había intentado hacerme.
- No es gracioso. - Dije muy molesta.
Ella se puso seria. - Claro que no lo es. - Soltó por completo mi cabello y me miro, alzo mi rostro con un dedo y sonrió. - ¿por qué estas molesta, mi cielo? Perdóname por reírme es solo que fui muy estúpida al pensar que mi nenita de 7 años podría hacerse un peinado ella solita.
Hice un puchero y me sonroje. - ¿estuvo tan mal?
Ella sonrió de nuevo. - La verdad es que no... - Se quedo callada un momento y me miro melancolía. - ¿Te he dicho que cada vez estas más hermosa?
Me sonroje mucho mas, oculte mi rostro entre mi cabello y negué con la cabeza.
- Mmm... ¿Sabes qué? Tengo una idea. - Levanto mi rostro de nuevo y con un sujetador de cabello me hizo un peinado sencillo, a medio lado. - Perfecto. - Susurro. Se quedo retocando un poquito mi maquillaje y puso en mis labios un poco de brillo labial. - ¡Oye, sonríe!
- ¿Por qué tengo que ir mama? ¿Por qué no simplemente van ustedes y yo me quedo viendo Discovery Kids o Disney channel?
Ella suspiro. - Porque, mi querida Isabella... Alguna vez te tocara ir con nosotros a todos los eventos sociales y este es muy importante porque tu padre y yo queremos que conozcas a alguien muy especial...
La interrumpí. - ¿Muy especial?
Asintió. - Muy especial... - Miro su reloj y su ceño se frunció con una sonrisa en sus labios. - Ahora vamos o tu padre nos matara por llegar tarde.
Le sonreí de vuelta y tome su mano... De verdad que esa noche conocería a alguien muy especial... La verdad es que yo no...
- Haz estado muy callada. - Dijo Alec interrumpiendo con mis pensamientos. -¿Te sucede algo? ¿Es por lo de si estas gorda?
Negué.
- Bueno, eso es genial... Bella, no debes preocuparte por lo que tu madre o cualquier otra persona piensan de ti. Tú eres perfecta como estas... Como eres.
Me voltee y lo mire con una sonrisa. Era obvio que el quería hacerme sentir mejor, Alec era muy buena persona.
- ¿Estas coqueteando conmigo? - Dije en broma.
- Este, yo... Lo que pasa es que...
- ¡Hey! Es broma. - Dije con una sonrisa.
El se relajo. - ¡Genial! He sacado tu lado bromista. - Dijo golpeando levemente mi hombro con el suyo. - Oye, escucha... Sea lo que sea que pasa por esa cabecita tuya que se quede en Forks o al menos en este auto. - Me sonrió, yo trate de hacer lo mismo. - Por ahora... Vamos a que te diviertas un rato, ¿Vale?
Asentí y mordí mi labio. - Vale.
Salió del auto y como todo un caballero me abrió la puerta de copiloto. Los gritos de las personas podían escucharse claramente y no pude evitar ponerme nerviosa... Por lo general la adrenalina, los deportes extremos y esas cosas no van conmigo, claro que no.
Tome una gran bocanada de aire y me quede con él hasta que necesite expulsarlo. Si... Estaba nerviosa.
- ¿A cuál quieres entrar primero? - Me pregunto Alec a mi lado. - ¿Quieres intentar primero con la Montaña rusa o quieres empezar con algo más calmado?
- Algo más calmado para mi estaría bien.
El se carcajeo. - Este bien. Espérame aquí, iré por las entradas... No te muevas.
Asentí mientras él se iba a hacer la cola para las entradas. Me abrece a mi misma cuando una de esas brisas frías pego contra mi cuerpo... De verdad que hacía mucho frio en Seattle.
Un niño de cabellos rubios regalándole un algodón de azúcar a una niñita con un vestido amarillo que lloraba, llamo mi atención.
- No deberías esconderte. - Dijo una voz a mis espaldas.
Me tense y limpie mis lágrimas de inmediato. - Yo no me estoy escondiendo. - Mi voz sonaba rota y temí por que él lo notara.
- Creo que... Si lo estás haciendo.
El, se sentó a mi lado. Me aleje un poco. El se acerco más.
- No, no. No lo estoy haciendo.
El se rio un poco. - Eres algo terca. - No dijimos nada y pude sentir como él se acercaba mucho más a mí. Mi corazón se acelero un poco.
- Vi lo que hiciste... - Confeso en un susurro. Lo mire asustada. El era guapo y nunca pensé que a mis 7 años podría interesarme un niño.
- Por favor, te lo suplico... No se lo digas a nadie, yo... Mis padres me... Por favor. - Le suplique. El se acerco mucho, mucho más a mí y con su pulgar limpio el rastro de una lagrima que acababa de descender por mi mejilla.
- No se lo diré a nadie. - Prometió y me sonrió. - Deberías relajarte... Si te escondes sospecharan y te culparan luego.
- Tú no lo entiendes. - Lo acuse. - Mis padres me matarían. Mi madre dice que el florero de la señora Hanson es histórico e iban a donarlo a caridad y yo lo rompí... Ellos pueden matarme.
- Es solo un florero. - Dijo el tratando de tranquilizarme. - Es solo un florero, además si quieres yo puedo culparme por eso.
- Oh, claro que no... De ninguna manera yo...
- Lo haría. - Dijo seguro. - Por ti, lo haría.
Le sonreí. - Gracias pero no debes hacer eso. Ni siquiera por mí.
- ¿Por qué no? Eres linda.
Me sonroje. - Gracias.
- ¿Sabes que, Chica rompe floreros? No es mi casa... No es tu casa. Solo diremos que nunca pasamos por ahí. Yo te cubriré y así nadie sabrá que tú accidentalmente rompiste ese florero. ¿Es un trato?
Mordí mi labio. - ¿Por qué? Lo siento pero no entiendo cómo puedes hacer algo así por mí.
El sonrió. - Ya te lo dije, eres linda. ¿Aceptas entonces?
Asentí. - Acepto.
- ¡Perfecto! Y hola, me llamo Edward Cullen.
- ¡Hey! Nos subiremos a la silla voladora. ¿Está bien?
Alec, una vez más, interrumpió mis pensamientos.
- ¿Que cosa? - Pregunte.
El frunció el ceño. - ¿Estas bien? Dije que nos subiremos a la silla voladora...
Trague seco. - ¿Silla voladora? La verdad es que yo preferiría quedarme aquí en una... En una banca y verte...
- No, de ninguna manera... Compre dos entradas e iras conmigo. - Me tomo de las manos y prácticamente me jalo hacia la entrada de la atracción. Refunfuñe varias veces pero Alec no me hizo caso, después me di por vencida y me deje poner el cinturón de seguridad y tome la mano de Alec cuando todo empezó a moverse. ¿La sensación? Horrorosa, tan horrorosa que no podía gritar, me quitaba cualquier gana de gritar pero de alguna manera me hacía sentir mejor... Me quitaba de los hombros cualquier peso que cargara sobre ellos y era genial porque últimamente cargaba con muchas mierdas como lo era la culpa, soledad, recuerdos.
- Bella, llevo horas buscándote. - Dijo Edward sentándose en el columpio de al lado. Lo ignore y comencé a dibujar en la arena cualquier cosa, con el dedo gordo de mi pie. - ¿Que te sucede?
Suspire... No quería que él se enterara de la razón por la que había escapado. Me avergonzaría mucho y el se reiría de mi. - No quiero decírtelo.
- Oh vamos... Sabes que me enterare de todas formas. - Negué con la cabeza. No se lo iba a decir. - Vamos Bella, sabes que yo haría lo que sea para que no estés triste. No puede ser tan malo.
Negué de nuevo. - Te reirás. - Lo acuse.
- No lo hare... - Dijo. - Lo prometo.
- ¿Lo prometes, enserio?
- ¿Cuando no he cumplido con mis promesas, ehhh Bella? - Me quede en silencio, el tenia razón, el siempre cumplía con sus promesas. Lo mire y un poco temerosa y avergonzada mordí mi labio. - ¿Me lo dirás?
Trague en seco. - Bueno, la verdad es que...
- Es que... - Me apresuro.
- Es que... - Cerré mis ojos y pude sentir la sangre subir a mi cabeza. - Nunca he besado a nadie. - Dije en un susurro apenas audible.
- Oh vamos Bella, eso ni súper man pudo escucharlo. Anda, dime.
- ¡Nunca he besado jamás a nadie, está bien! Nunca. Nunca. - Confesé en voz alta, la cara de Edward era un poema y después de varios minutos sonrió. - Te vas a reír... No puedo creerlo, ¡Lo prometiste!
- No me voy a reír. - Se defendió.
- Entonces... ¿Por qué tienes esa sonrisa?
- ¿Que sonrisa? - Dijo tratando de disimular esa sonrisa.
- Esa... Esa sonrisa que estás haciendo. Esa de 'No voy a reírme, no voy a reírme'. Pero que por dentro te estás muriendo por reírte. ¡Acéptalo Edward Cullen!
El sonrió aun más. - No voy a reírme y esta sonrisa no es de eso... Es de otra cosa.
- ¿De otra cosa? Oh sí, señor yo-tengo-una-linda-sonrisa-para-todo-momento. ¿De qué es esa sonrisa? Quítala que me molesta. ¡Me molesta mucho!
- Cierra los ojos. - Dijo en una orden. Fruncí el ceño, iba a hablar pero él me interrumpió. - Cierra los ojos.
Y algo confusa y enojada, lo hice, lo hice porque confiaba en el... Mucho. No escuchaba nada, ni siquiera un movimiento de que se haya ido. Nada.
Quise abrir los ojos pero el leyó mis pensamientos y me ordeno no hacerlo. Cerré mis ojos con más fuerza y pude sentir a Edward más cerca... Más cerca... Más cerca. Hasta que sus dulces labios tocaron los míos, delicadamente. Mis ojos se presionaron mucho más y ya no podía escuchar a mi corazón. Si, el chico que amaba me había robado mi primer beso... A los 11 años.
Pude escuchar mi nombre a lo lejos y tome mucho aire. Alec se reía de mi y pude ver como mis uñas se encajaban dolorosamente en su mano. La solté. - Lo siento.
El sonrió. - No hay problema. - Hizo unos ejercicios con su mano mientras nos ayudaban a bajar de la atracción. - De verdad que le temes a la adrenalina. Por un momento pensé que estabas desconectada del mundo.
- No, yo... De verdad perdóname.
- Esta bien pero no hay mas adrenalina para ti. ¿Que te parece la rueda de la fortuna?
Asentí con la cabeza y el desapareció para ir a comprar las entradas de la atracción. Me abrace a mi misma de nuevo al recordar cuando Edward me beso por primera vez y no me quejo, mi primer beso fue mágico... Inolvidable y con Edward.
Edward.
El chico que a pesar de todo ha robado mi corazón... Y lo ha roto, lo ha confundido y sé que lo volverá a como estaba antes. Yo, desde lo más profundo lo sabía. Yo o Lola lo intentaríamos o al menos nos vengaríamos si es que no me quemaba en el intento.
Un cabello bronce llamo mi atención y me concentre en el.
No había manera.
Mi corazón latió fuertemente... Edward estaba aquí. ¿Acaso me estaba acosando? Pero cuando lo vi, no estaba solo y empezó a besar a una chica. A una chica que nunca en la vida había visto.
Era un sin vergüenza, se besaba con chicas que no mas conocía.
Tome un refresco que encontré medio lleno de una mesa vacía y camine hacia el sin vergüenza que le metía la lengua a una morena bajita. Era eso, un maldito sin vergüenza.
Cuando estuve frente a ellos les vertí el refresco a ambos. - ¡Para que se les baje la calentura! - Dije molesta.
¡Ja! Toma Edward-siempre estoy caliente -Cullen.
Ambos voltearon cuando toda el refresco les cayó encima y quise que la tierra me tragara cuando me di cuenta que no era Edward y que había hecho el maldito ridículo.
- ¿Y a ti qué demonios te pasa Zorra? - Dijo la tipa bastante enojada mientras quitaba refresco frio de su blusa.
¡Ups!
- Lo siento yo... De verdad lo siento, lo siento tanto.
Y me eche a correr a donde estaba Alec, me metí entre la gente y subí en una de las cabinas de la rueda de la fortuna.
Carajo... ¿Pero qué diablos hice? ¡Mil veces mierda!
- ¿Que sucede? - Pregunto Alec preocupado. - Estas como cuando alguien ve a un fantasma. ¿Que sucede?
Negué con la cabeza, negué muchas veces. No iba a decírselo. - No me pasa nada... Nada de nada.
- Si tú lo dices...
Y no dijimos nada más, me quede mirando el horizonte. ¡Dios mío! Había echo el maldito ridículo. ¡Pero que vergüenza! Todo por mis malditos celos.
Mierda.
- Te pondré esto para que no hagas trampa y veas. - Me susurro Edward en el oído.
- ¿que tramas? - Le pregunto una vez me volteo para poner en mis ojos un pedazo de tela.
- Se sincera... ¿Estas viendo? - Pregunto evadiendo mi pregunta. Negué, la verdad es que no estaba viendo nada. - Si ves algo lo arruinaras todo.
- No veo nada... ¿Que estas tramando Edward Cullen?
Sentí como sonreía. - ¿que? ¿Acaso no puedo darle una sorpresa a mi hermosa novia hoy? - Dijo a mis espaldas dándome un beso en mi hombro desnudo. - Vamos, harás lo que te diga.
... Y eso hice. Caminamos por horas y horas.
- ¡Rama! - Me advirtió y alce mi pierna para no tropezarme.
- ¿A dónde me estas llevando? Huele a bosque...
Edward se carcajeo. - Cállate que ya llegamos. - Soltó mi mano y se puso a mis espaldas. - ¿Lista?
Asentí y soltó el nudo de la tela de mis ojos y lo que vi no tenia nombre... Lo mire asombrada.
- Esto... ¿Esto lo hiciste tu solo Edward Cullen?
El sonrió pícaramente, a medio lado. Como más me gustaba. - ¿Te gusta? Mi madre me ayudo con la cena... El lugar y todo lo demás fue mi idea.
Mordí mi labio y observe el lugar donde nos encontrábamos. Era perfecto, en medio del bosque, el sol se filtraba entre el espacio que dejaban los arboles y lo hacía ver perfecto.
- Espero que tus padres no se molesten por robarte un par de horas. - Dijo acercándose y regalándome un beso en los labios.
- Oh, no creo que se molesten para nada.
El sonrió de nuevo y me robo otro beso, en medio de todo había una mesa, sobre ella un par de velas encendidas, su ipod se reproducía con suaves melodías de piano y él se apresuro para que tomara asiento. El se sentó en frente de mí.
- No sé cómo hacer las cosas especiales Bella. - Comenzó. - Pero quiero empezar algo enserio contigo. Somos novios desde hace años pero... Yo quiero algo más.
Fruncí el ceño. - ¿Algo más?
El asintió. - Algo más.
No entendía pero me emocionaba la idea del que el quisiera... Algo más. Lo amaba y le diría que si a ese algo más.
- Te quiero como mi esposa y la madre de mis hijos, lo sabes ¿cierto? - Asentí. - Bueno, yo quería... Prometerte que siempre lo serás, Bella. Siempre serás el amor de mi vida.
- ¿Es esto acaso una pedida de matrimonio?
El se encogió de hombros. - Si quieres verlo como algo así. Sí, quiero que en un futuro tú seas mi esposa.
- Solo tengo 15 años Edward. No podemos casarnos.
- No me importa. - Aseguro. - Pero si te prometo estar contigo para siempre y para eso...
De su bolsillo saco una cajita. Mi corazón se acelero. ¡Carajo! Esta era su manera de prometerme la vida y yo iba aceptar esa promesa. Porque lo amo... Demasiado. Dentro de la cajita había un dije en oro y en ellos estaban grabadas las Iníciales de 'E&B' y una pequeña frase grabada delicadamente con un ' por siempre'. ¡No había manera! El, todo él era hermoso... Perfecto.
- Te amo. - Susurre a un punto de llorar. -Es hermoso. - El se levanto de su lugar y coloco el collar en mi cuello. Cuando lo hubo puesto en mi cuello beso mi hombro.
- Por siempre Bella, te lo prometo...
Pude sentir como una lágrima caía por mi mejilla. - Quiero irme Alec. ¡Ahora! - Le dije con mi voz quebrada, no podía con tanto, de verdad que no.
- ¡Bella! ¿Que pasa? No podemos bajar ahora, estamos arriba.
Mire a ambos lados y era cierto, estábamos arriba en la maldita rueda de la fortuna.
- ¡Oh, Genial! - Sarcasmo, eso tenía mi voz.
- ¿Que te sucede? - Dijo Alec acercándose a mí, tomo mi mano y con su dedo limpio una lagrima delicadamente. - ¿Que pasa Bella? ¿Es por Cullen cierto?
Negué... No quería que pensara que yo solo pensaba en eso pero mi mentón empezó a temblar y no podía. Me derrumbe y empecé a llorar porque él lo habría prometido. Edward había prometido amarme siempre y se fue, el muy maldito se fue.
"Las cosas ya no van bien entre los dos y así las cosas para mí no funcionan, y… Es mejor terminarlo todo"
Malditas palabras que tenía grabadas en mí jodida mente y que cada vez que las recordaban rompían mi corazón en miles de millones de malditos pedazos.
- Escucha Bella, Edward solo es un idiota. Definitivamente no sabe lo que perdió y si lo sabe se dará cuenta demasiado tarde. El es un imbécil que cambio a la más hermosa de las señoritas por las más vulgares mujerzuelas... ¿A cambio de qué? Solo sexo. Créeme que ninguna otra 'mujerzuela' se compara a lo que tú puedes dar...
- ¿Como que puedo dar? - Refute enojada. Era obvio que yo no daba nada... Por eso Edward se fue.
- Amor. - Dijo casi en un susurro. - Puedes dar una amistad... Una compañía y créeme, eso vale más que sexo.
Baje mi cabeza, Alec era muy bueno conmigo y la verdad que no podía con esto. Yo solo quería... Irme.
- De verdad quiero irme.
- Esta bien Bella, solo tienes que esperar a que este juego termine.
Y cuando lo hizo, nos fuimos juntos a casa, el me acompaño hasta la puerta y sostuvo mis dos manos.
- Mira Bella, seria genial que tuviéramos otra salida... Juntos. - Asentí, el continuo. - Me gustaría que la próxima vez solo seamos tu y yo y no esa cabecita tuya recordando a Cullen.
Fruncí mis labios. El tenía razón.
Una idea paso por mi mente al recordar a Edward con Victoria aquel día en el centro comercial.
- Alec... Te gustaría... Tu sabes que mis padres harán una cena o algo así este sábado y yo me preguntaba si tu. - Carraspee mi garganta y lo tome más fuerte de las manos. - Me preguntaba si tú querías ser mi pareja, ya sabes acompañarme. No te preocupes yo, solo será como amigos.
El sonrió a medio lado. - Yo iría como tú quisieras Bella.
Me sonroje. - Perfecto... ¿Entonces, nos vemos?
- Nos vemos.
El se agacho para estar a mi altura y con su dedo alzo mi rostro. Cerré mis ojos por la espera de un beso... Un beso que solo recibí en la mejilla.




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