Maldita tentación.
Summary: Enamorarse no era una opción y menos cuando te enamoras de tu enemigo. Dos jóvenes rebeldes que deciden enamorarse a pesar de la oposición de sus padres. ExB, lemmons.
Diclaimer: Los personajes son de Meyer, la historia es mía, completamente.
Ella!
Epov.
No era la primera vez que esa extraña criatura se bañaba por estos lugares. Eso yo ya lo sabía y, como ya era costumbre, venía a observarla como un sádico y obsesivo hombre, todas las tardes.
No sé si ella sabía que era vigilada pero una parte de mi quería que nunca lo supiese, estoy seguro que si llegase a descubrirlo nunca más regresaría y, debo confesar que, estaba obsesionado con esa joven mujer.
No sabía nada de ella, excepto, claro está, su esbelta figura. Era joven, menuda y muy atractiva para su salud. Sus pechos y su trasero estaban endemoniadamente bien formados, sus piernas eran largas y hermosas, su vientre era plano y su rostro tenia facciones pequeñas y delicadas, propias de una joven de entre 16 y 17 años, no lo sé.
Una vez me había tentado a preguntarme si en realidad era una clase de ángel pero no podía ser eso porque, Dios debía ser muy bondadoso conmigo si en realidad se trataba de uno.
Sus baños eran largos y había veces en donde se dedicaba a cantar. Al comienzo solo se sumergía en el lago con sus ropas puestas pero con el tiempo dejo de hacerlo hasta solo tomar largos chapuzones completamente desnuda.
Estaba loco, completamente loco por esa joven criatura.
Su cabello oscuro y su blanca piel mojada eran el infierno mismo y me sentí tentado a acercarme y tocarla e incluso a hacerle el amor allí mismo.
Si, desde que había descubierto que ella se bañaba en esas aguas, ella se había convertido en mi fantasía jamás cumplida.
Pensé, en silencio si podría condenarme al inframundo por tal acto y pensamientos pecaminosos. Si, el de un hombre de mi rango y posición observando a una joven mujer bañándose, desnuda.
Ella, se sumergió por completo en el lago y pensé, que sería el mejor momento para acercarme y saludarla y conocer todo de ella.
Debo confesar que, al principio me molestaba que ella se adueñase de lo que una vez fue para mí, un lugar para escapar de mis responsabilidades como príncipe, de mi familia e incluso, del mundo mismo. Pero con el paso de las semanas e incluso de los meses, verla bañarse se había convertida en mi dulce obsesión y no es que ella viniera todos los días pero observarla era como la mejor de las delicias.
Tome la correa de mi caballo y la amarre a una rama tratando de no hacer ruido alguno, aparte algunas ramas para poder así, entrar al claro que daba con la cascada y el lago pero cuando llegue no había nada. Pensé, que quizá ya se habría marchado porque sus ropas ya no estaban en el suelo pero sentí como una pequeña piedra me daba fuertemente en la cabeza. Voltee en dirección a donde habría provenido el lanzamiento y me encontré con aquella hermosa criatura solo en una pequeña manta, su ropa en sus brazos y muchas más piedras en la mano.
¡Ouch!
Me lanzo otra, que me dio justo en la frente, lleve mi mano a donde me había golpeado y la mire.
- Quédese justo donde esta o le lanzare otra. - Amenazo.
Subí las dos manos en forma de rendición y ella levanto su mentón para observarme. Si, era hermosa, preciosa, perfecta. Sonreí.
- Ahora... - Dijo un poco más calmada. - Voltéese para que pueda vestirme.
Negué, quería hablarle y estaba seguro que si daba la vuelta, ella se iría corriendo y jamás volvería.
- Te irás corriendo cuando de la vuelta. - Afirme. Ella arqueo una ceja pero no dijo nada, yo continúe. - ¿Que me garantiza que no te irás cuando me gire para no mirarte?
Pude notar como trago con dificultad pero nunca dejo de mirarme. - Mi palabra como buena dama. - Dijo no muy segura.
- Quiero algo de más valor.
Frunció el ceño enojada. - Usted es un insolente, ¿Esta insinuando que mi palabra no tiene valor?
- Oh, claro que no. - Quise acercarme pero ella levanto su mano llena de pequeñas piedras en forma de amenaza. Me quede donde estaba. - pero yo solo quiero asegurarme de que no te marcharas cuando de la vuelta.
- ¿Y qué me garantiza a mí que usted no va a robarme esa otra cosa que usted quiere de más valor? ¿Que me dice a mí que usted no es un vil y desvergonzado ladrón?
Sonreí. - Mis ropas, claro está.
Ella me miro de arriba abajo y mordió su labio. - Pero si le doy algo, usted tendría que darme algo también.
- Por supuesto.
Lo pensó por un momento hasta que por fin hablo. - Podría darme... El pañuelo que tiene en su saco.
Lo saque y por un momento dude en entregárselo porque esa prenda era muy importante para mí pero luego estuvo la posibilidad de que si ella no cumplía con su parte del trato, podría acusarla por robarme algo que para mí era de mucho valor y así poder tener una excusa para poder buscarla y hablarle.
- Tu turno. - Dijo seria.
Lamí mis labios muy seguro de lo que le pediría. - Quiero... El collar que tienes en tu cuello.
Sus ojos me miraron confundidos y su respiración se hizo un poco errática, llevo una mano a la prenda que colgaba en su cuello y lo apretó un poco para luego soltárselo y acercarse a mí. Yo hice lo mismo.
Dejo caer las piedras en el suelo y me entrego el collar mientras que yo le entregaba el pañuelo.
Se alejo de mí rápidamente. - Ahora sí, ya tiene lo que quiere. Voltéese para que pueda vestirme.
Con una sonrisa en mis labios hizo lo que me pidió y me voltee. Observe el collar que en realidad era un guardapelo y con la mayor delicadeza lo abrí y en su interior estaba una hermosa fotografía de ella por un lado pero por el otro estaba...
Mi corazón latió de prisa y maldije en mi interior.



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